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5 de mayo de 2013

Safari fotográfico

 Si se amplia la foto, podrá verse un simpático ejemplar de erithacus rubecola sorprendido en el madrileño parque de Ofelia Nieto, donde hace poco tuve la oportunidad de ver, por vez primera, un aegithalus caudatus jugueteando en las ramas de un árbol. Los erithacus se pueden ver con cierta facilidad en este parque, además de los sospechosos habituales.

Hoy, sin embargo, he visto varios ejemplares sueltos de columba oenas, lo que ya es más raro. El primero se encontraba mezclado con un grupo de columbas palumbus y el segundo iba por libre. Estas columbas se ven mucho menos que sus congéneres y son bastante más desconfiadas, así que, para variar, no está mal.

4 de mayo de 2013

Lerma

Dos años después de la traumática experiencia burgalesa, C y yo volvemos a esta provincia, cuna de Castilla y, por ende, de la gran nación española de la pradera; a acompañar un par de días a mis progenitores y a mis ex-vecinos. Para que no nos falte de ná, nos alojamos en un torreón del antiguo palacio ducal y nos entregamos al boato y al derroche entre visita y visita a los pueblos de la zona, todo esto aderezado con avistamientos variados y el descubrimiento de una nueva especie: el phoenicurus ochruros.


El primer día vamos hasta Silos a reunirnos con el resto de la expedición. Comemos y hacemos tiempo por el pueblo hasta que llega el momento de visitar el monasterio. A los aficionados a Saber y Ganar y a los que se acuerden de algo de lengua y literatura de sus años mozos, les dirá algo lo de las glosas silenses. En mi busqueda de documentación, encuentro que las glosas en cuestión se encuentran ahora en la biblioteca británica. En fin. El claustro es una joya del románico y en el patio se encuentra el famoso ciprés que, de momento, no será transplantado al jardín botánico de ninguna capital extranjera. 

A poca distancia de Silos está el desfiladero de la Yecla. Una pasarela discurre entre las paredes de un cañón que a veces no tiene sitio más que para la pasarela en cuestión. Si esto estuviera en Francia, te cobrarían cinco euros por la entrada. En Burgos es gratis, de momento. A la entrada del cañón, se pueden admirar las evoluciones de los gyps fulvus entrando y saliendo de sus nidos en las paredes del desfiladero. El recorrido por la pasarela se hace en poco tiempo, así que volvemos a Lerma, cenamos y nos subimos los cinco pisos hasta el torreón a pata. Al borde del infarto, nos vamos a dormir.

 Después del homenaje en forma de desayuno, nos damos una vuelta por Lerma. El primer duque del mismo nombre, valido del rey Felipe III, se dedicó a llenarse los bolsillos aprovechándose del puesto y a construir palacios, iglesias y conventos en dicha ciudad. Cuando se le quitaron de en medio tras casi veinte años de ejercicio del poder, se hizo cardenal para disimular. Es decir, que no se ha inventado nada recientemente. Tras el paseo lermense, nos vamos a Covarrubias, simpática localidad a orillas del Arlanza donde se produce el avistamiento del phoenicurus ochruros. También se ven gyps fulvus sobrevolando el pueblo y también pasa un milvus migrans o milvus, inconfundible con su cola ahorquillada e indiscernible por el resto. Las hirundo rustica patrullan las calles del pueblo en vuelo rasante y a orillas del Arlanza veo un fringilla coelebs aunque al principio me despista porque no sabía yo que tenían el obispillo tan amarillo. 

 Desde Covarrubias nos vamos a San Pedro de Arlanza, antiguo monasterio hoy en ruinas gracias a la desamortización de Mendizábal primero y al fuego más tarde. Seguro que al tal Mendizábal no le dejaban desamortizar nada hoy en día. En las ruinas volvemos a ver ejemplares del susodicho phoenicurus. De San Pedro vamos a Quintanilla de las Viñas, donde están los restos de una iglesia visigótica. Después del periplo turístico, C y yo nos volvemos a Mad, sin haber pasado calor esta vez y sin haber comido cordero.


1 de mayo de 2013

Euroboys 2013

El euroboys 2013 empieza con la idea del barco. A pesar de las reticencias de algunos continúa en esa dirección aunque al final el reticente se queda en tierra anclado por el ancla laboral. Los demás acabamos arrejuntándonos en Denia, donde la avanzadilla centroeuropea lleva varias botellas de vino y unos cuantos gin tonics de ventaja. Sí, amigos, la moda del gin tonic no conoce fronteras y ha desplazado a los whiskys colas como bebida de referencia del profesional maduro. Lamentablemente, algunos de estos profesionales maduros han caído también bajo el influjo del esmarfón y a la que te descuidas se le ves puede ver con la vista fija en la pantalla mientras deslizan el dedo. Pero en fin, son amigos y se les quiere aunque sean unos gollums. Ya se les pasará.

Llega el día D y la hora H y embarcamos en el velero. El cielo está nublado, sopla el viento, el mar se agita. La primera parte de la travesía, hasta el puerto de Jávea, transcurre sin novedad. El capitán Jtrón da órdenes precisas a su pandilla de marineros novatos. Las biodraminas hacen su efecto y, aunque aquello se mueve y se inclina al vaivén de las olas, llegamos más o menos bien. En Jávea nos zampamos un arroz a banda mientras refrescamos la comida con las selecciones de nuestros enólogos de cabecera, P y JC. La vuelta es otra cosa. La combinación de mar revuelto, vino y arroz me produce a mí, en particular, un mareo terrorífico que acaba de la forma más desagradable. Otros miembros de la tripulación permanecen quietos, callados e impasibles. Otros están como P por su casa. En fin, con el estómago ya vacío, mantengo la vista fija en el horizonte y la última parte de la travesía se me hace eterna.

Es una pena estar tan desajustado, sobre todo a la hora de la cena. Mientras herr N  y el C dan cuenta de su chuletón de un kilo, yo me tomo unas setillas porque no me entra más.

El domingo amanece frío y lluvioso. Abandonamos la casa de los C y subimos al campús de los O, donde el primo V nos prepara una paellita. Bajamos a Denia a por la horchata con fartons de despedida y unos se van pa Mad, otros a Alicante a empaquetar a los teutones. Los dos últimos euroboys aprovechan la noche del domingo para tragarse un truño en el cine y la mañana del lunes para empaparse por las calles de Denia y tomarse el último arroz a banda antes de regresar a sus hogares.