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30 de septiembre de 2008

We're from Barcelona

Qué cosas se le meten a uno en la cabeza... Como se entere el guitarrista protestón de los WD...


29 de septiembre de 2008

Tour d'Aï

Cuando uno no puede subirse a las paredes tal cual están, hay gente que decide colgar unos hierros y unos cables para así subir más seguramente, en principio. Lo mejor en todo caso es que no te caigas porque la toña puede ser fina. Esta práctica, condenada como herética por el gremio de escaladores al que yo pertenecía en su momento, se convierte así en un sustitutivo de las emociones fuertes que proporcionan el vacío y la verticalidad. Como con todo sustitutivo, los efectos son mucho menos intensos. Pero estas dosis de recuerdo te retrotraen a lo bonito y a lo horrible de la escalada y te recuerdan que lo hecho, hecho está y que a lo hecho, pecho.
Así que el grumete M y yo abandonamos la grisaille ginebrina y nos vamos a Leysin. Allí están L y D, los superveteranos que lo mismo escalan que esquían o que suben cuatro miles a un ritmo que ya lo quisiera yo. Llegamos a pie de vía y en una horita, una vez comprobado que la perspectiva engaña, estamos arriba tras superar un muro vertical algo desplomado que pone a prueba nuestros brazos y antebrazos. Bajada, cervezas, y vuelta a la niebla tras dejar el sol de las alturas. Pausa relajante en Lavey y acabamos en Gva a las tantas, de noche y sin sol.

Fotos

23 de septiembre de 2008

Jallouvre encore

Aquí tenemos a don AM haciendo equilibrios en el col du rasoir, que quiere decir navaja de afeitar. Acompañados de KM, un colega alemán del grupo de randonnée, nos colamos al principio y empezamos en Solaison, así que la subida al col de Cenise la hacemos por la grotte de la Glacière, donde había estado hace un par de meses con R y E para subir al Rocher de Leschaux. ¡Ay, la Alta Saboya! Qué bonito lugar, paraíso del alpinismo, del esquí y del excursionismo extremo y menos extremo. Entre quebrantahuesos, serpientes y machos cabríos entrenando para el combate que les espera en breve para ver quién se lleva las cabras al huerto, jugamos a los funámbulos por los senderos vertiginosos de las verdes aristas. Toma epíteto. Y llegamos así a la cumbre cubierta por las nubes, que a duras penas nos dejan ver el bocadillo de chorizo. Un chorizo excelente, por cierto.

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