Me he aficionado al Cancho Gordo. Desde que me fue revelada la
existencia de este simpático pico de la sierra de la Cabrera me entraron
ganas de conocerlo y no sé si también me entraron ganas de ponerme
cancho, digo gordo. El caso es que es una excursión cortita, con trepadita al final y con unas vistas excelentes de la cara norte de la cuerda larga, Peñalara y además se ve amenizada por los vuelos de los gyps fulvus que tienen la casa al lado. En fin, una maravilla.
En el apartado de simpáticos detalles, este monumento histórico-artístico y de las jons que se encuentra subiendo al cementerio del simpático pueblo de Valdemando, al que se llega tras hora y media de autobús desde la plaza de Castilla.
Es bonito ver que, tras casi cuarenta años de libertinaje que llevamos desde la muerte de FF, aún perdura en los pueblos de España, a pesar del odio y el rencor de los descendientes de los vencidos, el recuerdo de los mártires de la gloriosa cruzada.
Desde el cementerio de Valdemanco sale el camino que lleva por un lado al puerto del medio celemín y por otro al collado del Alfredo, desde donde se sube al Cancho. Ignoro cuál es la legislación vigente al respecto, pero cuando nos sobrepasan los cuatro capullos del apocalipsis me entran ganas de que se acabe el petróleo en el mundo o, en su defecto, de que les estalle el depósito y les arranque las pelotas.
18 de marzo de 2014
503 - 9
Desde que terminé con el pseudo 365 ( sin los ricarditos que sugiere el señor de Minga ) han pasado varias cosas:
Cosa número 1: me he dado cuenta de que he rebasado la barrera de los quinientos posts. Post vale, dirán algunos. Y nueve años. Sic transit gloria mundi.
Cosa número 2: si el año pasado fueron las rapaces este año le ha tocado el turno a las aves acuáticas. En la provincia de Mad ahora mismo el ave acuática más común es el chroicocephalus ridibundus pero el que sale en la foto es un phalacrocorax carbo a contraluz, que queda más artístico. Es muy interesante el tema de las aves acuáticas aunque a finales del invierno muchas se están largando ya a sitios con más agua. De propina pudimos contemplar los vuelos de cortejo de dos aguiluchos laguneros, que, aunque no es un ave acuática propiamente dicha, vive por la zona. La moraleja: no llevéis preadolescentes a actividades en las que salgan pollas de agua o zarapitos.
Cosa número 3: aprovechando la visita de la ínclita señora C a Mad, aprovecho para pasarme por el microteatro por dinero. Estás de pie en una sala muy pequeña al lado de los actores durante quince minutos, sudando como un pollo e intentando que no te suenen las tripas. El primer día me lo paso muy bien con las dos obras que veo pero a la semana repito y salgo bastante decepcionado con una obra en la que una mujer que se parece a la cantante de Presuntos Implicados habla consigo misma (en realidad, con una grabación de sí misma). El público se queda tan frío que al final tiene que invitarnos prácticamente a aplaudir. En fin, mala suerte un día y buena suerte otro.
Cosa número 4: Imagínese que hace usted un máster para estimular su intelecto y el máster en cuestión es organizado por un departamento de una prestigiosa universidad a distancia en el que figuran un padre, una madre y sus dos hijos. Imagínese que un profesor de ese departamento le sugiere que piratee un programa. Imagínese que el máster cuesta un par de miles de euros e imagínese que piensa que nada ha mejorado desde que usted dejó aquella prestigiosa escuela en la que estudió. Pues no se lo imagine.
Cosa número cinco: de paseo por las calles de Mad, paso por delante de esta histórica tienda. Hago la foto y me pregunto por qué. Pregunta que quedará sin respuesta ya que no me atreveré jamás a hacerla.
Cosa número 1: me he dado cuenta de que he rebasado la barrera de los quinientos posts. Post vale, dirán algunos. Y nueve años. Sic transit gloria mundi.
Cosa número 2: si el año pasado fueron las rapaces este año le ha tocado el turno a las aves acuáticas. En la provincia de Mad ahora mismo el ave acuática más común es el chroicocephalus ridibundus pero el que sale en la foto es un phalacrocorax carbo a contraluz, que queda más artístico. Es muy interesante el tema de las aves acuáticas aunque a finales del invierno muchas se están largando ya a sitios con más agua. De propina pudimos contemplar los vuelos de cortejo de dos aguiluchos laguneros, que, aunque no es un ave acuática propiamente dicha, vive por la zona. La moraleja: no llevéis preadolescentes a actividades en las que salgan pollas de agua o zarapitos.
Cosa número 3: aprovechando la visita de la ínclita señora C a Mad, aprovecho para pasarme por el microteatro por dinero. Estás de pie en una sala muy pequeña al lado de los actores durante quince minutos, sudando como un pollo e intentando que no te suenen las tripas. El primer día me lo paso muy bien con las dos obras que veo pero a la semana repito y salgo bastante decepcionado con una obra en la que una mujer que se parece a la cantante de Presuntos Implicados habla consigo misma (en realidad, con una grabación de sí misma). El público se queda tan frío que al final tiene que invitarnos prácticamente a aplaudir. En fin, mala suerte un día y buena suerte otro.
Cosa número 4: Imagínese que hace usted un máster para estimular su intelecto y el máster en cuestión es organizado por un departamento de una prestigiosa universidad a distancia en el que figuran un padre, una madre y sus dos hijos. Imagínese que un profesor de ese departamento le sugiere que piratee un programa. Imagínese que el máster cuesta un par de miles de euros e imagínese que piensa que nada ha mejorado desde que usted dejó aquella prestigiosa escuela en la que estudió. Pues no se lo imagine.
Cosa número cinco: de paseo por las calles de Mad, paso por delante de esta histórica tienda. Hago la foto y me pregunto por qué. Pregunta que quedará sin respuesta ya que no me atreveré jamás a hacerla.
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25 de febrero de 2014
365
Al final no me han cuadrado las cuentas y he acabado el 365 un 25 de febrero cuando subí la primera un día 22 de febrero de hace un año. No ha sido un 365 muy purista porque no he ido subiendo las fotos día a día ni tampoco he hecho foto todos los días, aunque el hecho de empezar a contar desde cero me ha dado una foto de más.
A las cinco de la tarde he salido del curro y aún no tenía foto. En ese momento se me ha ocurrido que tenía que fotografiar un número 365. He ido mirando las matrículas de todos los coches, pero en un momento he pensado que iba a ser complicado, porque sólo 20 de cada 10000 números de matrícula llevan el 365 en el orden correcto. He ido a cruzar un paso de cebra y un coche me ha cedido el paso. He mirado su matrícula y era un 365, me he quedado mirando la matrícula y la tía se ha debido asustar de que un ser siniestro se quedara mirando fijamente su coche en medio del paso de cebra. Me he repuesto y he seguido, pensando que había perdido mi oportunidad. Más tarde, en un lateral de la Castellana he encontrado otro 365. Esta vez no había nadie en el coche y he podido hacer la foto tranquilamente.
Supongo que me seguiré llevando la cámara a todas partes aunque ahora ya no tendré la presión de la foto diaria. No hará falta que asome la cabeza por la ventana por la noche para fotografiar a los transeúntes. En fin, si no fuera por la ventana que da a la calle A y por la Dehesa de la Villa, este 365 no habría sido el que ha sido. Por supuesto, las gracias especiales van a la señora P, que fue la que me propuso la idea y la que mostró el camino del 365 durante un tiempo con fotos que me hacían palidecer de envidia. Quizá algún día lo retome, sus ciberseguidores la echan de menos.
A las cinco de la tarde he salido del curro y aún no tenía foto. En ese momento se me ha ocurrido que tenía que fotografiar un número 365. He ido mirando las matrículas de todos los coches, pero en un momento he pensado que iba a ser complicado, porque sólo 20 de cada 10000 números de matrícula llevan el 365 en el orden correcto. He ido a cruzar un paso de cebra y un coche me ha cedido el paso. He mirado su matrícula y era un 365, me he quedado mirando la matrícula y la tía se ha debido asustar de que un ser siniestro se quedara mirando fijamente su coche en medio del paso de cebra. Me he repuesto y he seguido, pensando que había perdido mi oportunidad. Más tarde, en un lateral de la Castellana he encontrado otro 365. Esta vez no había nadie en el coche y he podido hacer la foto tranquilamente.
Supongo que me seguiré llevando la cámara a todas partes aunque ahora ya no tendré la presión de la foto diaria. No hará falta que asome la cabeza por la ventana por la noche para fotografiar a los transeúntes. En fin, si no fuera por la ventana que da a la calle A y por la Dehesa de la Villa, este 365 no habría sido el que ha sido. Por supuesto, las gracias especiales van a la señora P, que fue la que me propuso la idea y la que mostró el camino del 365 durante un tiempo con fotos que me hacían palidecer de envidia. Quizá algún día lo retome, sus ciberseguidores la echan de menos.
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