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28 de abril de 2010

Euroboys en Denia

Lo podía contar yo, pero ya lo ha contado estupendamente el señor de la minga:

Queridos euroboys,

La vida sigue y el euroboys 2010 ya es historia. Denia a tope.

Ese mediterráneo, ese piso con vista al Montgó, ese basket, esas niñas entrenando al basket, ese "qué mal huelen", esos kilos en la zona, esas horchatas, esos fartons, ese P y ese Pelucas (20 veces), esas jacaaaaaaaaas, esas minifaldas con pelillos, esas cervezas, ese colchón que se mantiene de pie, ese Lote N° 12, esa subidita al Montgó, esa Creueta, ese camino (y ese otro camino "por aquí seguro que también se puede"), esa Cueva del Agua, ese paellón made by Jtrón, ese vino podía ser mejor, ese botijo al sol, ese Doctor Mejoda, esa pelea de Sumo con final "pincho moruno", esa siesssta, ese helicóptero pesao, ese Trolololooooo, ese puerto deportivo "marcha a tope", ese restaurante que no nos quiere, esos músicos de salsa malos, esa marcha en el centro, esas jaaaaacas, esa terracita moruna, ese calendario Molinelli, esas gemelas que se lo montan, ese francés torrao, esa vuelta a casa, ese Trolololó, esa playita con agua fresquita y chavales valientes, esas cervecitas al borde del mar, ese menú Drassanes, esas gambitas de Denia, ese bote lleno de garbanzos, esa mistelita, esos abrazos... seguimos juntos después de casi 20 años, y los que nos queden.

19 de abril de 2010

La cursa bombers y el caos aeronaútico

Acudimos a Chez M para, entre otras cosas, correr la cursa bombers y, para que no todo sea ejercici, ponernos ciegos a comer y olvidar la traumática experiencia del Pedro Mari del año pasado.

Casi lo conseguimos salvo por el pequeño borrón del restaurante del sábado noche y sus pulpitos en salsa. Además, voy con la DM a visitar a P y L a Casteldefells. L no ha perdido mano en la cocina y me como todo lo que me ponen sin rechistar, hasta las almejas. Sus nenes están muy bien, muy majos y simpáticos, aunque el mayor es del Barça, qué se le va a hacer.

El domingo por la mañana salimos de chez M y vamos trotando por las callejuelas del centro de BCN hasta la cafetería donde desayunamos. Durante la carrera me siento un poco pesado, quizá porque hemos comido como alimañas hambrientas desde el viernes por la noche. Así que a partir del dos y medio voy pisando huevos hasta que llego a Vía Laietana y, aprovechando que es cuesta abajo, acelero un poco para llegar a la meta como si estuviera bien. Cruzo la meta y me da un bajonazo, así que salgo del follón. Un poco más abajo veo a J, M, B y a MB. Saludo y voy a devolver el chip. Me dan una cutre bolsa con un powerade, una botella de agua, dos chocolatinas extrafinas y una bolsa de frutos secos. Recuperamos a M y a la DM y, después de ducharnos, nos vamos a comer ensaladas en plan sanote al Fres Co.

Durante la comida, nos enteramos de que el aeropuerto de BCN está cerrado por culpa del volcán islandés. Empieza un frenesí de llamadas y al final salimos a buscarnos la vida por ahí. Unos cuantos acaban en la estación de autobuses donde una legión de guiris buscan volver a sus países. En Sants también hay cachondeíto. Además los cheminots font grève , con lo cual los trenes se paran en la frontera. Allí nos encontramos a G, que está decidido a colarse en un tren que va a Zurich para escapar de BCN.

Al final, unos cuantos encuentran coche para ir a GVA, donde llegan a las tantas de la mañana. Otros, más reflexivos, deciden quedarse a teletrabajar en BCN y los madrileños cambian el avión por el AVE y vuelven a Madrid más ligeros de bolsillo.
Y todo esto por un volcán.

12 de abril de 2010

El otro lado

Cuando se va a la Pedriza, se suele empezar en Canto Cochino o en Manzanares. El lado este de la Pedriza está ocupado por fincas privadas valladas y surcado por pistas de tierra con lo que el acceso resulta menos cómodo. El GR10 pasaba por aquí, y aunque algunos hitos siguen marcando el camino, las marcas de pintura ya casi ni se ven y el GR tiene que dar muchas vueltas para evitar las vallas y muros de las fincas.

En todo caso, me acerco con mi tío y con mi primo A a dar una vuelta. En la subida hasta el collado de la Dehesilla, el camino va cubierto de vegetación pero se sigue más o menos bien. Mi tío, que recordaba el camino menos duro, se queda a echarse una siesta en la pradera del Yelmo mientras A y yo subimos a la cumbre. En esta última temporada madrileña he debido de subir cinco o seis veces, porque es una cumbre muy divertida para los turistas y para mí también, claro.

Bajamos retostaos y cansadetes de la caminata. Mi tío dice que a ver cuando ponen una carretera hasta arriba que los caminos erosionan mucho.

7 de abril de 2010

Estás muy pálido...

...me dijo la señora. Acababa de dar una vuelta a la manzana que hacen Vitruvio y Serrano al lado del Magariños. Los nenes me habían sacado unos cuantos metros y cuando llegué a la meta, la señora me soltó lo de la palidez.
- Es que ya no tienes edad para estas cosas, deja que corran los chavales y tú no te esfuerces, que te va a dar algo. Como dice una congoleña que tengo en casa, tanto nadar para morir en la orilla.
- Ya señora, pero hacer ejercicio está bien. Estos nenes están fuertes pero el ejercicio es para todas las edades.
- Ay, no. Mira, yo soy canaria, de un pueblo con vistas al mar y tengo cinco hermanos que hacían lucha canaria. Y una vez, uno sacó a doce del terrero y le dijeron que no hiciera más eso. Porque te esfuerzas y luego te quedas así de pálido y te da algo.
- Como para decirle nada usted. De todas formas, yo soy pálido de por mí.
- Es que la palidez aquí en Madrid va por dentro. Nadie se habla, todos cierran la puerta. Mira yo, os preguntaréis que qué hago aquí hablándoos, metiéndome donde nadie me llama, pero es porque soy de pueblo y allí la gente se habla por la calle.
- Y nosotros también, mire usted.
- Bueno, os dejo que voy a coger el autobús. Y tú no corras tanto, que te va a dar algo.

Mis nenes ahora no dejan de repetirme que estoy muy pálido.

4 de abril de 2010

Cazorla

Le pido a A que me sugiera ideas para ir en semana santa a Cazorla y acabamos con un macuto enorme a la espalda subiendo y bajando por torcales, pedreras, carriles y caminos de herradura entre pinos y más pinos y, de vez en cuando, un tejo o una encina. El primer día subimos al Aguilón del Loco y al Pico Cabañas (con su prometedor refugio cerrado a personas no autorizadas) y al día siguiente nos damos una vuelta larga, pasando por Puerto Pinillo, bajando hasta algo por encima del nacimiento del Guadalquivir y volviendo por el collado Angosto para coger el carril que llega hasta la carretera que sube al puerto de Tíscar. Dicho así, no parece mucho, pero salen dos jornadas de casi doce horas de actividad con el mochilón a cuestas: con el saco, el aislante, el infiernillo, la comida, la ropa y la tienda de acá para allá.

Vaya, que si quería conocer Cazorla, aunque sea una esquinita de ná, ya está hecho. Y gracias a A y a sus colegas del Jabalcuz por la compañía de estos dos días.