Al final no me han cuadrado las cuentas y he acabado el 365 un 25 de febrero cuando subí la primera un día 22 de febrero de hace un año. No ha sido un 365 muy purista porque no he ido subiendo las fotos día a día ni tampoco he hecho foto todos los días, aunque el hecho de empezar a contar desde cero me ha dado una foto de más.
A las cinco de la tarde he salido del curro y aún no tenía foto. En ese momento se me ha ocurrido que tenía que fotografiar un número 365. He ido mirando las matrículas de todos los coches, pero en un momento he pensado que iba a ser complicado, porque sólo 20 de cada 10000 números de matrícula llevan el 365 en el orden correcto. He ido a cruzar un paso de cebra y un coche me ha cedido el paso. He mirado su matrícula y era un 365, me he quedado mirando la matrícula y la tía se ha debido asustar de que un ser siniestro se quedara mirando fijamente su coche en medio del paso de cebra. Me he repuesto y he seguido, pensando que había perdido mi oportunidad. Más tarde, en un lateral de la Castellana he encontrado otro 365. Esta vez no había nadie en el coche y he podido hacer la foto tranquilamente.
Supongo que me seguiré llevando la cámara a todas partes aunque ahora ya no tendré la presión de la foto diaria. No hará falta que asome la cabeza por la ventana por la noche para fotografiar a los transeúntes. En fin, si no fuera por la ventana que da a la calle A y por la Dehesa de la Villa, este 365 no habría sido el que ha sido. Por supuesto, las gracias especiales van a la señora P, que fue la que me propuso la idea y la que mostró el camino del 365 durante un tiempo con fotos que me hacían palidecer de envidia. Quizá algún día lo retome, sus ciberseguidores la echan de menos.
25 de febrero de 2014
24 de febrero de 2014
La raja
Cuando mi hermano D nos propuso que fuéramos a la raja para la mini excursión previa a la celebración de cumpleaños en SdR, yo pensé que se estaba equivocando y que en realidad quería decir la Najarra, que viene a sonar parecido. Pero no, la raja existe y tiene entidad propia. Aún no me he enterado de sí es una falla o una antigua cantera o qué, pero el caso es que ahí está. Encima está dividida en dos tramos, la prerraja y la raja en sí propiamente dicha, separadas ambas por un cortadillo por el que caía el agua. El descenso a la raja, sin embargo, es curiosón y no vendría mal una cuerda o algo similar si no quiere acabar uno levantando niños en brazos o agarrando a sus hermanos por el cinturón no vaya a ser que pase algo. En fin, el saber no ocupa lugar y ahora ya sé dónde está la raja.
13 de febrero de 2014
The finish line
Uno lee cosas por la red, y uno de mis vicios es el baloncesto. Una de mis primeras lecturas por la mañana son los resultados de los partidos de la NBA de la noche anterior. Aparte del seguimiento chauvinista de los jugadores patrios, Ibaka incluido, je je, hay varios comentaristas que resultan bastante graciosos.
Los clásicos eran Charley Rosen y Sam Smith, que escribía en el Chicago Tribune sobre los Bulls en los tiempos post-Jordan. Después descubrí al Sports guy y sus artículos sobre traspasos y sus listas de jugadores con mayor valor de mercado. Una de las cosas que más me llaman la atención de ese mundo es el mercado laboral. Hay de todo, desde la estrella consagrada hasta el temporero que juega con contratos de diez días haciendo méritos para ver si consigue un contrato para acabar la temporada; el jugador que se lesiona y que nunca llega a ser el que pudo ser; el que juega una temporada magnífica en su último año de contrato; el veterano que tiene que aceptar cobrar menos... En fin, salvando las distancias económicas, nada por lo que no pase el común de los mortales y más los mortales sin contratos indefinidos. Pero al atleta profesional la muerte deportiva le llega antes que a los demás la laboral, así que me ha gustado bastante el video siguiente, The finish line, en el que un gran jugador, recién cumplidos los cuarenta, se plantea la retirada al ver que su cuerpo ya no da más de así. Como yo, más o menos (risas)
Los clásicos eran Charley Rosen y Sam Smith, que escribía en el Chicago Tribune sobre los Bulls en los tiempos post-Jordan. Después descubrí al Sports guy y sus artículos sobre traspasos y sus listas de jugadores con mayor valor de mercado. Una de las cosas que más me llaman la atención de ese mundo es el mercado laboral. Hay de todo, desde la estrella consagrada hasta el temporero que juega con contratos de diez días haciendo méritos para ver si consigue un contrato para acabar la temporada; el jugador que se lesiona y que nunca llega a ser el que pudo ser; el que juega una temporada magnífica en su último año de contrato; el veterano que tiene que aceptar cobrar menos... En fin, salvando las distancias económicas, nada por lo que no pase el común de los mortales y más los mortales sin contratos indefinidos. Pero al atleta profesional la muerte deportiva le llega antes que a los demás la laboral, así que me ha gustado bastante el video siguiente, The finish line, en el que un gran jugador, recién cumplidos los cuarenta, se plantea la retirada al ver que su cuerpo ya no da más de así. Como yo, más o menos (risas)
3 de febrero de 2014
42 = kk
Eso es lo que pienso a menos de 24 horas del evento. Un día no da para mucho pero ya veremos si mi opinión cambia o no a lo largo del año. De momento, me voy a regalar la tarta del año pasado, si no está muy rancia.
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