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3 de abril de 2016

El río aquel

 Dando una vuelta el sábado por la tarde por Madrid Río, a la altura del puente del Rey, veo mucha animación en el agua. Me sorprende un poco encontrarme a una egretta garzetta buscando de comer por el río. Así que me animo y me vengo un rato la mañana del domingo con el pepino, a ver si la encuentro otra vez. Efectivamente, la garzetta sigue por el río, supongamos que es la misma de la tarde anterior, y sigue buscando de comer moviéndose tranquila por las aguas.

El río no lleva mucha agua en estos momentos
así que de vez en cuando asoman los indicios de la presencia humana en estos lugares, sea la litrona de Mahou o sean las bolsas de plástico flotantes: está claro que en esta zona de esparcimiento y recreo los escasos humanos que hacen caso omiso de la urbanidad y las buenas maneras consideran que arrojar basura al río no está tan mal.
En el mejor de los casos, la basura irá al fondo y no se verá. También puede ser que la mierda se la lleve la corriente y tampoco se verá. Puede que la vean otros, pero esto es un problema relativo. Dependerá de la sensibilidad del observador y, en todo caso, a mí qué.
La vida sigue, relativamente ajena a la cerdez humana, y esta anas platyrhynchos se pasea por el río con sus patitos recién salidos del huevo, mientras pone a raya a los machos que se atreven a acercarse. Los patitos vienen y van,  un poco alborotadamente, pero siguiendo a su pata madre la mayor parte de las veces.
La observación del milagro de la vida no consigue apartarme el ojo de la ocasional bolsa flotante o de la esporádica zapatilla abandonada. ¿Qué misteriosa razón lleva a una zapatilla a yacer en el lecho del río? ¿Dónde está la otra zapatilla? ¿Se ha cansado el príncipe de buscar a Cenicienta y ha tirado la zapatilla al río?
El misterio de la zapatilla sigue intrigándome ahora, cuando escribo estas líneas. Ignoro si es una zapatilla de hombre (yo diría que sí) o de mujer. Lo ignoro todo sobre esta zapatilla. Sólo sé que es negra y que ha sido adoptada por las aguas del Manzanares: a la fuerza o de buen grado, eso ya no puedo saberlo.
Dejo las zapatillas y sigo empepinando a los seres vivos que conviven con ellas en las aguas. En este caso, un simpático macho de anas platyrhynchos que se exhibe en el agua. Los anas como padres son algo descuidados y poco considerados, pudiendo llegar a intentar reproducirse por las buenas o por las malas con hembras de su misma especie u otra a las que pillen en un descuido aunque ya tengan patitos

También andan como pollos sin cabeza los machos de columba livia, persiguiendo a toda hembra que se les acerque mientras hinchan el buche, despliegan la cola y dan vueltas sobre sí mismos intentando seducir a la congénere. Si tienen éxito o no, no lo sé, pero ellos no dejan de intentarlo día tras día.
Tras la zapatilla, los plásticos y la litrona, llega el turno de otro de los grandes clásicos del basurismo: el cartón de Cumbres de Gredos. Imprescindible en todo botellón que se precie, ingrediente fundamental del calimocho; cumbre, sí, pero no de Gredos, sino de la enología moderna.
Y terminemos con otro habitante del río al que parece no importarle la basura ocasional. Aunque las guías modernas intentan imponer el nombre de gallineta común (gallinula chloropus), esto es lo que se conoce de toda la vida como una polla de agua. No diga polla, diga gallineta.

18 de agosto de 2014

Muchos se la están ganando

Como ya venimos comentando, uno de los problemas principales en la ciudad de Mad actualmente es el uso compartido del espacio público. Convertidos los automóviles en dueños de la ciudad, algunos ciclistas, temiendo por sus vidas, se lanzan a las aceras a hacer slalom entre los peatones, a los que no les queda sitio donde meterse. Es por eso, ya que estoy de R estos días, que cuando veo a un niñato subido en una bici de payaso que baja a toda hostia por la concurrida acera de los impares de la Gran Vía, se me ocurre abrirme a ver qué hace. Lo que hace es pasar pegadito a mí, así que le suelto un golpe en el brazo. Se da la vuelta, empieza a insultarme. Respondo y, para su sorpresa, empiezo a correr detrás de él. Hay que aclarar que no soy un superhéroe al uso cualquiera, así que he visto que la posible confrontación es, si no ganable, al menos jugable. El tipo sigue bajando a toda hostia por la acera mientras grita "¡Me quiere pegar!", lo cual no es del todo exacto, ya que lo quiero es reeducarle. En fin, llegados al cruce con plaza de España le pierdo, le vuelvo a ver subiendo por Leganitos pero ahí ya me despista y se queda sin su reeducación.

Al volver a la Gran Vía, un señor me felicita por mi campaña anti-velocípedos en la acera y le digo que no hay de qué, a servir, para eso estamos. Pero las palabras de este señor me demuestran que la bici está dejándose de ver con simpatía: los coches las detestan, como lo han hecho siempre, y los peatones se están hartando de tanto gilipollas por la acera. A pesar de que los colectivos ciclistas intentan recuperar la calzada, que es por donde hay que ir, cada día se ve más acerista y se masca la tragedia.   

25 de julio de 2014

Ruta alternativa

Salgo por la mañana de casa y cuando llego al puente de Segovia, dejo la vía del río y me salgo a la calzada, tuerzo a la izquierda y empiezo a subir hacia la cuesta de la Vega. Más que nada por cambiar un poco de recorrido. La subida se resuelve en cuatro curvas y gran dolor de piernas aunque es de agradecer que el plato de 30 me permita subir mis arrobas hasta el cruce con Bailén. Al llegar frente al Palacio Real, surge el dilema. ¿Atravieso montado la plaza (zona peatonal) o descabalgo? Teniendo en cuenta que llevo toda la semana plantándome delante de todos los hijosdeputa ciclistas que van por la acera alegremente como si los peatones no existieran, sólo cabe desmontar y atravesar la plaza con las calas de las zapatillas golpeando las losas de granito. A mitad de plaza me adelanta una hijadeputa chica montada en su bicimad mientras un coche de la policía municipal pasa a su lado. En fin, ser coherente es lo que tiene. Me reincorporo a la calzada y una vez cruzada la cuesta de San Vicente me meto por Ventura Rodríguez y tuerzo a continuación por Martín de los Heros. El recorrido es tranquilo, pero pica algo hacia arriba y el firme son adoquines de los buenos, de los que puedes usar para partir nueces. Continúo hasta que llega el momento de salir a Princesa. El tramo de Princesa es incómodo, entre las rejas en el suelo y las paradas de autobuses se pierde mucho tiempo, pero en nada me planto en el carril bici y desciendo hasta ciudad universitaria, intercambio pareceres con algunos hijosdeputa peatones que no tienen mejor cosa que hacer que plantarse en medio del carril bici y llego al prestigioso etc...
La ventaja de este recorrido es que tienes el cuestón a mitad de camino y llegas algo menos petado al curro. Las desventajas, que tiene dos cruces peatonalizados (si tienes escrúpulos, vaya) y que el tramo de la calle Princesa es algo desagradable. En fin, esta tarde, mientras evito hijosdeputa a los ciclistas que van haciendo el cabra en el río, reflexionaré sobre ello.

8 de julio de 2014

Los rescatadores

Estoy volviendo a casa a lomos de mi bicicleta amarilla, que es lo que conduzco ahora, y circulando por Aniceto Marinas veo un algo sobre la línea blanca que separa los dos carriles. Paro, desmonto, vuelvo sobre mis pasos y le pido al coche que viene detrás que pare. Para, muy amablemente, y me agacho a recoger del suelo un apus apus , un pollo volantón que a pesar de que lo intenta no vuela aún. Me salgo a la acera y me pongo a pensar como llevar al sujeto y conducir la bici a la vez. La idea es llevarlo a Brinzal, en el albergue juvenil de la Casa de Campo, que aunque están especializados en rapaces nocturnas también se ocupan del resto de aves. No tengo caja de cartón, así que pongo al apus en el casco y me pongo a andar. En un momento dado, ato el casco al manillar y me monto en la bici, para llegar antes, pero al sentir el viento el apus siente también la llamada de la selva y empieza a asomarse al borde del casco y a abrir las alas. Desmonto de nuevo, rodeo el lago con el apus colgado en el pecho y en un puesto de helados me hago con una caja de cartón y sigo caminando. El apus intenta trepar por la caja pero al rato desiste y un poco más tarde llegamos a Brinzal, donde lo recogen, me entregan el recibo con el número de seguimiento y me dicen que está un poco deshidratado pero bien. Que los apus son bichos resistentes. En poco más de un mes, este volantón estará yéndose a África con el resto de sus congéneres. En fin, que le deseo lo mejor.

La semana pasada, fue L, la compañera de despacho de C, la que nos dijo que su madre había estado cuidando un pájaro que le había llevado su hermano. Que no sabía lo que era, pero que era negro, así que podía ser un córvido o una rapaz. Con esas conclusiones, le habían alimentado con carne picada, pan y agua, aunque el bicho se negaba a comer con frecuencia. Quedamos el jueves pasado para llevarlo a Grefa, en Majadahonda. Resultó ser otro apus. En Grefa lo recogieron y el animal progresa adecuadamente.

En fin, si alguna vez os encontráis un ave, lo podéis llevar a uno de estos sitios. Criarlos en casa es muy potito pero es preferible llevárselo a los expertos y darles una segunda oportunidad.

2 de julio de 2014

Trayecto recomendado

Pasados ya los tiempos en los que con una bici de dos platos subía (y bajaba) los puertos de la sierra de aquí y de algunos de allá, la vuelta a Usela Town me ha permitido reencontrarme con mi bicicleta, abandonada por falta de espacio en mi nuevo domicilio. Así que dicho y hecho, después de nuestra primera noche me levanté a las siete y media de la mañana, bebí un poco de agua y salí en bicicleta en dirección al trabajo. Desde mi rincón useleño es relativamente fácil llegar a Mad Río. Las calles no tienen mucho tráfico y, aunque son estrechas, también son cuesta abajo, así que los coches que te vienen por detrás no se vuelven muy locos. Una vez en Antonio López, hay que descabalgar para meterse en el puente de Toledo y bajar hasta el carril bici. Me lo habían pintado peor, una jungla de ciclistas y peatones en dura competencia por el espacio disponible. El caso es que a esa hora se circula bien y en dos patadas se llega al puente del Rey, por debajo de Príncipe Pío. Allí cruzo el puente (con sus simpáticos adoquines) hasta la orilla izquierda del río y me meto en Aniceto Marinas, que es una calle tranquila, hasta el puente que está por debajo de las ermitas de San Antonio. Rodeando las ermitas, se entra al parque de la Bombilla del que se sale a la altura del puente de los Franceses. La opción vehicular pura sería ir por la avenida de Valladolid, pero tiene bastante tráfico, autobuses incluidos, y la entrada a la zona de la muerte es un poco truculenta. El caso es que salgo del parque, cruzo dos semáforos a pie, me reincorporo a la calzada y llega el momento de la verdad: la cuesta de la muerte. A este tramo de poco más de 200 metros de la calle Obispo Trejo le dan una pendiente superior al 4%. Otro día la mido, pero el caso es que consigo subir siguiendo una trayectoria sinusoidal y gracias al plato de 32 dientes que lleva mi bici. Una vez arriba, se tuerce a la izquierda hacia la calle Martín Fierro, que lleva hasta el INEF y, ya desde allí, sólo queda rodear la valla del palacio de la Moncloa, pasar por debajo de la autopista y negociar un último repecho (más suave que el del Obispo) hasta salir enfrente de medicina. El resto es trivial. A la llegada al prestigioso centro etc... estoy hecho una sopa. Paso por la ducha y permanezco en shock toda la mañana hasta la hora de la comida. A las cinco me vuelvo. Es todo cuesta abajo pero me duele tanto el contorno del culo (los sillines de las bicis de carretera son duros con los traseros) que no puedo casi ni dar pedales hasta que llego a la calle Baleares, ya cerca de casa, y no queda más remedio. La ventaja con respecto al transporte público es que se tarda un poco menos y, sobre todo, que es mucho más entretenido. Mañana, más.

18 de marzo de 2014

503 - 9

Desde que terminé con el pseudo 365 ( sin los ricarditos que sugiere el señor de Minga ) han pasado varias cosas:

Cosa número 1: me he dado cuenta de que he rebasado la barrera de los quinientos posts. Post vale, dirán algunos.  Y nueve años. Sic transit gloria mundi.

Cosa número 2: si el año pasado fueron las rapaces este año le ha tocado el turno a las aves acuáticas. En la provincia de Mad ahora mismo el ave acuática más común es el chroicocephalus ridibundus pero el que sale en la foto es un phalacrocorax carbo a contraluz, que queda más artístico. Es muy interesante el tema de las aves acuáticas aunque a finales del invierno muchas se están largando ya a sitios con más agua. De propina pudimos contemplar los vuelos de cortejo de dos aguiluchos laguneros, que, aunque no es un ave acuática propiamente dicha, vive por la zona. La moraleja: no llevéis preadolescentes a actividades en las que salgan pollas de agua o zarapitos.

Cosa número 3: aprovechando la visita de la ínclita señora C a Mad, aprovecho para pasarme por el microteatro por dinero. Estás de pie en una sala muy pequeña al lado de los actores durante quince minutos, sudando como un pollo e intentando que no te suenen las tripas. El primer día me lo paso muy bien con las dos obras que veo pero a la semana repito y salgo bastante decepcionado con una obra en la que una mujer que se parece a la cantante de Presuntos Implicados habla consigo misma (en realidad, con una grabación de sí misma). El público se queda tan frío que al final tiene que invitarnos prácticamente a aplaudir. En fin, mala suerte un día y buena suerte otro.

Cosa número 4: Imagínese que hace usted un máster para estimular su intelecto y el máster en cuestión es organizado por un departamento de una prestigiosa universidad a distancia en el que figuran un padre, una madre y sus dos hijos. Imagínese que un profesor de ese departamento le sugiere que piratee un programa. Imagínese que el máster cuesta un par de miles de euros e imagínese que piensa que nada ha mejorado desde que usted dejó aquella prestigiosa escuela en la que estudió. Pues no se lo imagine.

Cosa número cinco: de paseo por las calles de Mad, paso por delante de esta histórica tienda. Hago la foto y me pregunto por qué. Pregunta que quedará sin respuesta ya que no me atreveré jamás a hacerla.

18 de noviembre de 2013

14 de noviembre de 2013

13 de noviembre de 2013

1 de octubre de 2013

Au Renoir

Sic transit gloria mundi o algo similar. Una de las joyas del barrio, el Renoir 4C, cierra sus puertas y si queremos ir al cine a partir de ahora tendremos que alargar la caminata hasta los Verdi o alargarla más aún o coger el autobús hasta Plaza de España. Los cines en V.O., convertidos en refugio de gafapastas y personas de cierta edad, se retiran a sus cuarteles del centro de Mad. Mientras tanto, adiós a aquellas primeras sesiones a precio reducido para estudiantes de las que tanto disfrutamos unos cuantos allá por la decada de los noventa del siglo pasado. No somos nadie.

12 de mayo de 2013

Safari fotográfico II

Una nueva visita al zoo permite desenfundar la cámara y disparar a gusto a los animales. Más gracioso aún que los animales enjaulados y encadenados son las especies oportunistas, como este ejemplar de corvus monedula, que se comen los ganchitos que les sobran a las jirafas.  El día en que el papio hamadryas decida que ya está bien de aguantar a idiotas tirando platanitos y que se ríen de su culo rojo, que se preparen, porque les va a dejar el culo igual de rojo.

Al final del periplo zoológico, mi padre en ley descubre un bicho triscando en la maleza. Me acerco e identifico un picus viridis de sexo femenino, ya que tiene la bigotera negra. La susodicha se queda quieta el tiempo suficiente para que le dispare varias veces. Tanto disparo tenía que tener premio, aunque sea un reintegro.

La siguiente foto, tomada un día después en la casa de Campo, es de las que hay que ver al microscopio. Pero aún así, el bicho que está en el centro es un serinus serinus que se ha acercado a refrescarse, que ya ha llegado la calor a Mad y se está mejor a la sombra.


Ya para terminar, al final del paseo vespertino una columba palumbus está tan ocupada triscando que no tiene problema en que se le acerque un señor armado con una cámara y que le dispare foto tras foto hasta saciar su ansia de trofeos pixelados. Ya satisfecho, vuelvo a casa. Otro día, más.

5 de mayo de 2013

Safari fotográfico

 Si se amplia la foto, podrá verse un simpático ejemplar de erithacus rubecola sorprendido en el madrileño parque de Ofelia Nieto, donde hace poco tuve la oportunidad de ver, por vez primera, un aegithalus caudatus jugueteando en las ramas de un árbol. Los erithacus se pueden ver con cierta facilidad en este parque, además de los sospechosos habituales.

Hoy, sin embargo, he visto varios ejemplares sueltos de columba oenas, lo que ya es más raro. El primero se encontraba mezclado con un grupo de columbas palumbus y el segundo iba por libre. Estas columbas se ven mucho menos que sus congéneres y son bastante más desconfiadas, así que, para variar, no está mal.

28 de febrero de 2013

El día que conocí a ... ( y II )

Recibimos la visita desde BCN de P. Como hace infinitos años, cuando coincidimos en GVA, nos vamos al cine a ver No. Antes de entrar a la sala, que está sorprendentemente llena, ignoro si porque es el día del espectador o porque la película tiene buena prensa, hago mi visita ritual al baño. Hago lo que tengo que hacer y, al volver a la sala, una señora mayor sube lentamente las escaleras del brazo de otra señora más joven. Dada mi buena educación, espero a que acaben de subir sin arrollarlas. Eso me da tiempo a fijarme en el pelo de la señora mayor, gris y alborotado. Y en sus medias, rosas de rejilla. Y tengo un presentimiento. Y termino de subir la escalera mientras la señora y su acompañante se dirigen a la salida. Y la miro. Y es ella. La duquesa por antonomasia.

A diferencia de mi anterior encuentro en la tercera fase, la susodicha no ha estado nunca en mi lista de mitos eróticos. Como C no ha venido, no recibo la oferta de irme con la otra si así lo deseo. Otra, que, por otra parte, se acaba de casar hace poco y que supongo que no anda buscando hombre. Así que doy por terminado el breve encuentro y vuelvo a la butaca. Se abre el telón ...

28 de enero de 2013

El día que conocí a ...

Era domingo e iba yo con C por la calle, a pesar del viento, del frío y de la lluvia, a comprar pastas en una pastelería cerca de la plaza de Chamberí. Entramos en la pastelería y, mientras C seleccionaba las pastitas, yo vi un ABC encima de la barra, en cuya portada se podía ver a la alcadesa de Mad declarando que se disculpaba si alguien se había sentido ofendido porque ella se fuera de fin de semana en plena crisis del Mad Arena pero que no pensaba dimitir. No me puedo resistir a la prensa escrita, así que me puse a hojear el diario. En ese momento, alguien me preguntó si podía coger el País que estaba debajo del ABC. Casi sin mirar respondí que sí, claro y sólo al final giré un poco la cabeza para ver quién era. Cuál sería mi sorpresa al encontrarme con el perfil de Emma Suárez, que, hace unos años, destacaba en mi panteón de actrices favoritas. Sin llegar a la altura de Halle Berry o Uma Thurman ni al de la diosa suprema actual, Marion Cotillard, pero como producto interior bruto, de lo mejor.

Se lo comenté a C, que se había fijado también en ella, sobre todo por el abrigo rojo intenso que llevaba. Me invitó a quedarme con la actriz, si así lo quería yo, pero yo no quería: el lugar de las actrices está en las pantallas o en los panteones y allí están bien, lejos del alcance de los mortales. Salimos de la pastelería y fuimos a comernos las pastas.

22 de agosto de 2012

Alerta naranja

Huyendo de la alerta naranja, que por el día te hace sudar y por la noche no deja dormir, subimos el domingo a la sierra a recorrer el popular camino Schmidt que, como va por la cara norte de Siete Picos y discurre por un pinar, te quita del sol y el calor un rato. En un momento dado, nos desviamos del camino y subimos a la Fuenfría, donde tras ver las nubes amenazantes, decidimos dejar de lado el resto del programa y bajarnos hasta Cercedilla. Al principio del camino nos sobrevuela un aquila chrysaetos y al final vemos lo que puede ser un garrulus glandarius, que a pesar de ese nombre tan peyorativo es un bicho muy bonito.

El lunes se produce la vuelta al trabajo y la primera lectura de correos basta para hacerse una idea de lo que nos esperan: todo el mundo tiene prisa, urgencia y necesidad. Yo solo tengo ganas de que se acabe de una vez este proyecto de @#$%*!! y poder dedicarme a otra cosa. El martes quedo a comer con P y, aparte de contarme su último accidente aeronáutico, me muestra las fotos de un pájaro multicolor que resulta identificado, gracias a la mega-guía, como un merops apiaster. Constato además, en mis paseos hacia el prestigioso etc..., que los apus, los delichones y los hirundos han desaparecido de los cielos madrileños quitando algún ejemplar despistado y que han aparecido, de la nada, los sturnus unicolor.  Aunque nadie lo diría, viendo los termómetros de las paradas de autobús marcando cuarenta y tres grados, el final del verano está cerca.

27 de julio de 2012

Excursionismo urbano

Ya he comentado por aquí que el primer día que bajé andando por la Dehesa de la Villa al trabajo, encontré unas marcas de pintura blanca y roja y, al llegar a la rotonda a la entrada de la avenida Complutense había un panel explicando que aquello era el ramal de la Dehesa de la Villa del GR124 o "Senda Real" y que lo usaban nuestros bien amados monarcas para ir a su palacete del Pardo a pegar unos tiros. Yo nunca había seguido bajando hasta ayer.

A las 18h30 de la tarde, con un calor infernal, un Edunardo en modo Rodríguez decide salir de casa e irse a dar una vuelta. Llega a la susodicha Dehesa y, prueba del trastorno que sufre el individuo, nada más empezar a bajar en dirección al paseo del canalillo, ve una botella de plástico tirada entre los pinos y la recoge. Recoge también, ante las miradas extrañadas de sus congéneres,  una lata, unos vidrios, una bolsa y unas correas de las que se usan para enderezar los árboles.  Llega al Cerro de los Locos mientras continúa con su labor basureril y baja a la fuente de la Tomasa. Ahí, cerca del Pino Rey, se entontece un rato con los vuelos rasantes de las hirundo rustica y los delichon urbica. Llegan unas Myiopsitta monachus y los delichones y las hirundos desaparecen, así que continúa su camino hacia el bosquete de cedros y allí se produce de nuevo el milagro del avistamiento: un bicho poco más grande que un turdus merula, con el pecho y vientre claros moteados de manchitas oscuras. Se acerca a él varias veces y otras tantas veces el bicho cambia de rama, quedándose quieto a ver si le deja el pesao ése. Identificado queda como un turdus viscivorus. En fin, que sin nada mejor que hacer, decide seguir el GR. Cruza al otro lado de Sinesio Delgado. El camino continúa por la acera, deja atrás el instituto de RTVE y se adentra por un pinar ralo  en dirección a la tapia del club Puerta de Hierro y la va bordeando. En un momento, antes de llegar a un nudo gigante de carreteras, se planta en una bifurcación: a la derecha, se va hacia la sierra. A la izquierda, se vuelve a Mad. Con el cielo encapotado y siendo ya las 20h30, decide volver de paseo a la ciudad, total, según el panel, sólo son 5 km hasta Príncipe Pío. El camino va siempre por debajo o al lado de autopistas, bordeando por debajo la ciudad universitaria. No se cruza con casi nadie, un ciclista que le adelanta y dos mendigos que van en sentido contrario. Y así, llega al puente de los Franceses y ya desde ahí tira hasta Norte. Refulgen los relámpagos sobre el Palacio Real pero consigue entrar al metro justo antes de que descargue la tormenta veraniega.