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22 de septiembre de 2016

Equinoccio de otoño

 Los japoneses celebran los dos equinoccios y, teóricamente, es fiesta. Aunque luego está todo abierto y las carreteras están llenas de obreros trabajando. El único que no trabaja debo de ser yo. En fin, así que salgo del hotel sin rumbo fijo. Como ya he comentado, Rokkasho tiene mucha fauna, muchas marismas y al sur tiene el lago Ogawara (小川原湖). Me acerco a dicho lago, hace un viento impresionante, pero eso no quita para que varios milvus migrans se dediquen a hacer acrobacias aéreas mientras un montón de ejemplares de ardea alba y de ardea cinerea se pasean por los campos de los alrededores.


De vuelta en Rokkasho, me paro un momento en el observatorio que hay al lado del puente que cruza el Obuchinuma, otro lago de agua salobre y, probablemente, radiactiva, dadas las instalaciones que abundan por la zona. A veces me acerco un rato por las mañanas antes de ir al trabajo a ver qué se ve. Estos últimos días he visto un cisne solitario acompañando a las ardeidas y a los ánades. Para mi sorpresa, hoy se me acerca. Igual piensa que le voy a tirar pan, pero se ha equivocado de país. Aunque mi pepinaco se ha quedado en casa, el cisne se acerca lo suficiente para ser inmortalizado. Noto, además, que el color del pico no me cuadra con el de los cisnes que conozco yo, el cygnus olor. Para ayudarme con la identificación hay unos simpáticos paneles en japonés en los que han tenido la cortesía de añadir el nombre científico del animal, resultando ser éste un cygnus cygnus, o cisne cantor. Si es cantor de jazz o de ópera, eso ya se escapa a mi entendimiento.

3 de abril de 2016

El río aquel

 Dando una vuelta el sábado por la tarde por Madrid Río, a la altura del puente del Rey, veo mucha animación en el agua. Me sorprende un poco encontrarme a una egretta garzetta buscando de comer por el río. Así que me animo y me vengo un rato la mañana del domingo con el pepino, a ver si la encuentro otra vez. Efectivamente, la garzetta sigue por el río, supongamos que es la misma de la tarde anterior, y sigue buscando de comer moviéndose tranquila por las aguas.

El río no lleva mucha agua en estos momentos
así que de vez en cuando asoman los indicios de la presencia humana en estos lugares, sea la litrona de Mahou o sean las bolsas de plástico flotantes: está claro que en esta zona de esparcimiento y recreo los escasos humanos que hacen caso omiso de la urbanidad y las buenas maneras consideran que arrojar basura al río no está tan mal.
En el mejor de los casos, la basura irá al fondo y no se verá. También puede ser que la mierda se la lleve la corriente y tampoco se verá. Puede que la vean otros, pero esto es un problema relativo. Dependerá de la sensibilidad del observador y, en todo caso, a mí qué.
La vida sigue, relativamente ajena a la cerdez humana, y esta anas platyrhynchos se pasea por el río con sus patitos recién salidos del huevo, mientras pone a raya a los machos que se atreven a acercarse. Los patitos vienen y van,  un poco alborotadamente, pero siguiendo a su pata madre la mayor parte de las veces.
La observación del milagro de la vida no consigue apartarme el ojo de la ocasional bolsa flotante o de la esporádica zapatilla abandonada. ¿Qué misteriosa razón lleva a una zapatilla a yacer en el lecho del río? ¿Dónde está la otra zapatilla? ¿Se ha cansado el príncipe de buscar a Cenicienta y ha tirado la zapatilla al río?
El misterio de la zapatilla sigue intrigándome ahora, cuando escribo estas líneas. Ignoro si es una zapatilla de hombre (yo diría que sí) o de mujer. Lo ignoro todo sobre esta zapatilla. Sólo sé que es negra y que ha sido adoptada por las aguas del Manzanares: a la fuerza o de buen grado, eso ya no puedo saberlo.
Dejo las zapatillas y sigo empepinando a los seres vivos que conviven con ellas en las aguas. En este caso, un simpático macho de anas platyrhynchos que se exhibe en el agua. Los anas como padres son algo descuidados y poco considerados, pudiendo llegar a intentar reproducirse por las buenas o por las malas con hembras de su misma especie u otra a las que pillen en un descuido aunque ya tengan patitos

También andan como pollos sin cabeza los machos de columba livia, persiguiendo a toda hembra que se les acerque mientras hinchan el buche, despliegan la cola y dan vueltas sobre sí mismos intentando seducir a la congénere. Si tienen éxito o no, no lo sé, pero ellos no dejan de intentarlo día tras día.
Tras la zapatilla, los plásticos y la litrona, llega el turno de otro de los grandes clásicos del basurismo: el cartón de Cumbres de Gredos. Imprescindible en todo botellón que se precie, ingrediente fundamental del calimocho; cumbre, sí, pero no de Gredos, sino de la enología moderna.
Y terminemos con otro habitante del río al que parece no importarle la basura ocasional. Aunque las guías modernas intentan imponer el nombre de gallineta común (gallinula chloropus), esto es lo que se conoce de toda la vida como una polla de agua. No diga polla, diga gallineta.

6 de febrero de 2016

Tablas

Para festejar mi enésimo aniversario, mi compañera de piso me obsequia con un viaje a la Mancha, con posada en Almagro y parada obligatoria en las Tablas de Daimiel con pepinón. Pasamos el sábado por allí y, aparte de la desafortunada experiencia gastronómica, vemos bichos y más bichos, con mención especial de la laguna de aclimatación en la que recuperan anátidas variadas y que nos sirve de curso intensivo de identificación.

Antes de llegar a la laguna de aclimatación, pasamos por otra por la que se pasea este tachybaptus ruficollis, simpático podicipediforme que no para de zambullirse a ver qué pilla. Esa mala costumbre suya de andarse zambullendo hace que resulte complicado pillarle en superficie. Además, nadan rápido los cabrones.

En la misma laguna que el tachybaptus está esta hembra (sin acritud) de anas platyrhynchos. Aparte de un par de machos de la misma especie, que se pasan el rato capuzando, no vemos nada más. Así que hacemos una pausa para comer y, a la vuelta, es cuando descubrimos la laguna de aclimatación y hacemos el máster en reconocimiento de patos.


He aquí otra hembra. Las hembras de los ánades y derivados suelen ser de colores más discretos que los machos. Juraría que esta pata es una netta rufina. Por supuesto, no me jugaría nada, o quizá sí, o vaya usted a saber. En cualquier caso, su congénere no andaba lejos.


Con éste sí que me lo juego todo. Rufo, del latín rufus, quiere decir, entre otras cosas, rojo. Y este señor tiene rufa la cabeza, rufo el pico y rufo el ojo. Además la luz acompaña, se me pone interesante y me hace ojitos. Qué más se puede pedir.



Siguiendo con los bichos que van por el agua y tienen la cabeza roja o algo así, he aquí la pareja al completo de anas penelope. Ignoro quién les puso el nombre y qué tiene que ver el penelopismo con estos animales. Misterios de la taxonomía.


Otra pareja. Esta es de tadorna tadorna. Menos agraciados que otras especies pero de todo tiene que haber en la viña del señor.





 Seguimos. Aquí lo que yo pienso que es un macho de anas strepera. Podría ser esto como podría ser cualquier otra cosa, salvo una cucaracha o un orangután. Tengo pocas convicciones pero las pocas que tengo son firmes.



Una más. He aquí otro macho, esta vez de aythya ferina. Tanta anátida y cada una de su padre y de su madre. ¿No podría haber una sola especie para evitar la confusión del naturalista aficionado?



Este es un primo del anterior, un macho de aythya nyroca. Según la SEO, este pobre animal está fatal en nuestro país porque cada vez que vemos una mancha de agua, la secamos o echamos las cacas dentro. La aversión del castellano al agua no conoce límites.



Un par de fotos y nos vamos. Otro animal amenazado por la becerrez del ser humano, un macho de oxyura leucocephala. Que venga una especie exótica y se hibride, con violencia, con la tuya propia tiene que deprimir a cualquiera.


Vamonos, que tanto pato me tiene mareado ya. Despedimos la conexión con otro macho (se jodió la paridad en esta entrada) de anas crecca. Ya que es el último, por lo menos que sea bonito.

7 de enero de 2016

Final y principio de año

Después de un final de otoño seco y atemperado, me encuentro un día 29 de diciembre en Huelva, al borde del Odiel, mientras me sorprendo quitándome la chaqueta porque hace un solito muy rico y se está muy bien en camiseta. En un momento dado, veo que unos láridos andan revolucionadas porque hay unos niños tirando comida al agua (a los peces) pero los láridos han decidido que también quieren su parte. Si juntamos aves cooperativas con buena luz y el fondo del río, al final salen cosas como la foto que acompaña estas líneas y, por un momento, hace que se me pase la lujuria pepinera y camarónica. Solo por un momento, ojo, que como respetable miembro de nuestra sociedad de consumo, no puedo permitirme desviarme de la senda que conducirá nuestro planeta a la implosión y al imperio de las cucarachas. En cualquier caso, y a la espera de acontecimientos, feliz 2016.

4 de noviembre de 2015

Invernando

Ya llega el momento de venirse al sur para un montón de aves europeas. Unas se quedarán por aquí a pasar el invierno y otras siguen camino más al sur aún, sorteando todo tipo de peligros de origen variado.

Armado con mi equipo de fotógrafo de pacotilla, recorro las marismas de Isla Cristina y la desembocadura del río Piedras a la búsqueda de animales que inmortalizar. El tiempo no acompaña mucho: está entrando una borrasca y entre el cielo gris, mi falta de pericia y lo rústico de mi equipo (los lectores de este blog que se sientan generosos pueden remediar esto con un pequeño desembolso económico así o así) sale mucho churro. Pero en fin, mostremos los churros.

Un grupo de himantopus himantopus observa algo fijamente. Pueden apreciarse las diferencias de coloración en cuello y cabeza que presentan los individuos de esta especie. Esta vez no ha salido ninguno con el melón negro como el carbón.



Este ejemplar de recurvirostra avosetta, nombre inspirado donde los haya, estuvo nadando largo rato alrededor de los himantopus pero sin llegar a acercarse, demostrando con ello que el especismo no es propio de los humanos. En un momento dado, salió brevemente del agua, miró hacia un lado para que se apreciara bien su recurvirostro y al cabo de un rato salió volando.

Esta platalea leucorodia pasó cerca del puesto de observación (o resto de él) que se encuentra cerca de los restos (estos sí) del molino mareal de Lepe, a orillas del río Piedras, que es río pero que sube y baja con las mareas. En mi infinita ignorancia ignoraba la existencia de estos ingenios. El que quiera ver uno, puede ver el Molino del Pintado en Ayamonte, que está restaurado aunque moler, lo que se dice moler, no muele.

Para terminar, me doy una vuelta cerca del Rompido. Un campo de golf limita sospechosamente con la zona protegida, pero a esta upupa epops no parece importarle estar rodeada de golfistas. Es más, prefiere los bichos del green a la zona del pinar que bordea el campo en este punto. ¿Quién dijo que los campos de golf eran malos?

22 de julio de 2015

Final infeliz

No ha habido suerte esta vez. La cernícala ingresó, según el parte facilitado por Grefa, deshidratada, caquéxica y deprimida. A pesar de los intentos por rehidratarla y alimentarla, falleció esta mañana. El equipo rescatador lamenta este desenlace pero seguirá rescatando cuando se presente la ocasión.

21 de julio de 2015

Vuelven los rescatadores

Tras el episodio rescatadoril del año pasado, este año nos vemos sometidos a una nueva prueba aún más difícil. Todo comienza un lunes por la tarde en este achicharrante verano madrileño, cuando recibo la llamada de C, que ha visto, en su camino de vuelta a casa, un ave de porte considerable en el suelo con problemas para volar. Cojo un taxi y llego al lugar de los hechos. C me señala algo debajo de un árbol. Yo voy con la idea de que es un milvus migrans, que por estas fechas se acercan a sobrevolar la CU y la Dehesa. Como ya es un poco tarde para llevarlo a Brinzal, llamo a Grefa y me informan de que su equipo de rescate está saturado, que tardarán en llegar y que probablemente la policía municipal no quiera hacerse cargo del animal. Me pide también que intente describir al animal, yo le digo que creo que es un milvus migrans, pero me vuelve a pedir que lo describa. Ligeramente ofendido en mi amor propio de ornitólogo de baratillo, me acerco con cuidado al bicho y empiezo a cantar las características: dorso marrón, barras negras, y tamaño algo mayor que una columba palumbus. En ese momento le veo la cabeza y me digo que de milvus tiene poco. Mi interlocutor me dice lo mismo, que parece más bien un falco tinnunculus. Así que me retracto y recibo una cura de humildad, que nunca está de más.
Como acabo de decir, las curas de humildad nunca están de más. C se va a buscar una caja de cartón para transportar al falco y cuando vuelve llega el momento de la captura. Como no tenemos nada a mano, me quito el polo y me aproximo sigilosamente al animal. Cuando estoy a su lado, se me queda mirando. Yo también me le quedo mirando, sin atreverme a lanzarle el polo por encima para inmovilizarlo. Sale medio volando, medio andando y se para al borde de un terraplén. Me vuelvo a acercar y vuelvo a no atreverme a cogerle y vuelve a salir planeando. Llega hasta el edificio de enfrente y se posa en una reja donde nos encontramos con un señor. Como el señor es geólogo, cuando le planteamos nuestro dilema, ni corto ni perezoso, se sube por la reja y lanza mi polo con decisión, no como otros, sobre el bicho. Baja y a la caja.
Ahora sólo queda llegar hasta Majadahonda a dejar al bicho, así que nos ponemos a esperar pacientemente a que venga un taxi, que esto de no tener coche es lo que tiene. No aparece ningún taxi, porque la CU en verano es lo más parecido a un mundo post-apocalíptico, pero sí que vuelve a aparecer el geólogo, que va a las Rozas, así que se ofrece a llevarnos hasta Grefa.
Llegamos allí, salen a recibirnos y sacamos al paciente de la caja. Resulta ser una cernícala adulta que está un poco planchada, pero esperamos que la puedan recuperar y devolverla a surcar los limpios cielos madrileños.

16 de junio de 2015

La vida real

Me escapo un rato de la urbe y me voy por ahí a ver cosas. Bajo del autobús y camino un rato por una pista entre árboles hasta el embalse. En un poste está posado un milvus migrans y a mi alrededor pegan saltos entre las ramas un montón de parus major. Una vez al lado del agua, veo un bicho dando vueltas. Lo fotografío para acordarme de él y resulta ser un charadrius dubius. No está mal para empezar.

En la orilla de enfrente veo un bicho grande. Lo veo con los prismáticos, porque ya se sabe que para fotografiarlo en condiciones necesitaría un pepino más gordo. En fin, el bicho grande, una ardea cinerea, en un momento dado se queda parado al borde del agua mirando algo fijamente. Miro yo también y veo una mamá pata, sin determinar, con un montón de patitos nadando a su alrededor. La pata mira a la ardea, la ardea mira a la pata, y en un momento estira la cabeza, pilla un patito con el pico y sale volando perseguida por la madre pata. Mientras me planteo qué haría yo si fuera madre pata (proteger a los patitos restantes o intentar rescatar al patito secuestrado) la ardea se sube a un árbol a comerse el patito. La pata vuelve con los patitos supervivientes.Yo me quedo traumatizado por el horrendo espectáculo de la lucha por la supervivencia en la naturaleza y me vuelvo a la ciudad a comerme un filete por el que no he tenido que mancharme las manos de sangre.

9 de mayo de 2015

Roma

Mi fratello y yo le regalamos a la mamma un viaje a Roma. El alojamiento es caro, está todo petado y, encima, el viernes es fiesta y está todo chapado y lo que no está chapado está petado. Menos mal que en una plaza encuentro este simpático cartel sobre la fauna cittadina y me alegran el viaje. También me lo alegran los passeri que vienen a por las migas del desayuno en la terraza del hotel, pero como no me subo la cámara a desayunar, no quedan inmortalizados.
Los que sí quedan inmortalizados, son los storni, que a diferencia de los que vemos en Mad, son de la especie vulgaris, y no de la unicolor. En este caso, los vulgaris son más bonitos, aunque hay que reconocer que el negro es más sobrio. En fin, ya se sabe que normalmente se aprecia menos lo que se tiene en casa.
Para que no se diga que no hay fotos de ningún monumento, aquí el gabbiano reale ( mucho más pomposo que gaviota patiamarilla ), posa para la multitud con una cúpula al fondo. Si un bicho de este tamaño os pide comida, dádsela.




Por último, a diferencia de las cornacchie europeas occidentales o corvus corone, que son negras del todo, la cornacchia grigia o corvus cornix, es bicolor. Al igual que los gabbiani, compiten por la atención y los bocadillos de la masa de turistas. En Mad, los córvidos más urbanos son las pica pica y las corvus monedula, pero en Roma se ven cornacchie: las otras especies no asoman el pico.

7 de abril de 2015

Duratón

Nos vamos con los M-S a las hoces del Duratón. H va armado con su cámara y se pasa el rato sacando fotos. El primer día nos damos un paseo por las hoces y vemos muchos gyps fulvus y una pareja de neophron percnopterus, entre las accipitriformes. El problema es que las fotos son mayormente de las panzas de los susodichos y a una distancia que complica obtener buenas fotos.

Todo cambia el domingo, cuando nos acercamos a la ermita de San Frutos. La ermita está abandonada, desamortizada y algunos de los muros interiores presentan la blanca evidencia que queda tras hacer caca y pis. No soy nada religioso, pero cagar en un antiguo monasterio me parece un poco feo. En fin, que allí los buitres sobrevuelan nuestras cabezas y que allí sí se puede sacar alguna foto interesante, que no buena, que para eso ya sabemos que hace falta tiempo y dedicación y pepinos gigantescos.

16 de marzo de 2015

10 years after

Mucho PLC, mucho cable, mucho acelerador, mucha caca... A mí lo que me gusta son otras cosas. El queso, por ejemplo. O el monte, pongamos por caso. O irme de safari. Y, porqué no, escribir de vez en cuando en blogs de mala muerte.
Así que aprovechando que el Pisuerga pasa por Valladolid, y que me encuentro brevemente en el sur, me voy de paseo por los campos y marismas locales y veo lo que sigue.

Ya han llegado las oscuras hirundo rustica a nuestro balcón los nidos a colgar. Aprovechan también para revolotear cerca del suelo a ver qué hay de comer. Me encuentro una bandada de diez o doce a las que parece no molestar un hombre con un pepino. Así que mientras vuelan a mi alrededor, una queda inmortalizada.

Sabía que existían pero nunca había visto uno. El nombre común en castellano es impresionante: zarapito. Ahora me queda la duda de si es real o trinador. Ni idea. Evidentemente, en los parques y jardines de Mad no se ven muchos. Pero en las marismas de Isla Cristina, por lo menos vi a este, que tuvo encima la educación de quedarse quieto un rato.

Las egretta garzetta son más comunes, por lo menos allí, y esta sale pitando en cuanto me percibe, y eso que ese día me había duchado. Es grande, así que el despegue no es especialmente vertiginoso y me da tiempo a inmortalizarla y, de paso, a verle las plumas de la cabeza de las que todas las guías hablan pero que yo no había visto nunca.


Y ya para terminar, un simpático arenaria interpres en plumaje no nupcial. Yo había visto unos congéneres suyos en Gijón, hace un tiempo, y no pensaba que llegaran tan al sur. Pero parece que cuando migran se van a donde les peta, ningún rincón del mundo les parece demasiado lejano.


Y hasta aquí las fotos. Hay que aprovechar la temporada, porque luego cuando viene la calor hay menos variedad y muchos más turistas. Los placeres solitarios es lo que tienen.

7 de marzo de 2015

Libertad


7 de diciembre de 2014

Ciconia


La semana pasada, con las larus, acabé quemadito por lo de siempre, que si la foto no queda nítida, que si la luz, que si tal. Dicha quemazón es muy mala, porque puedes caer, de nuevo, en las garras del consumismo, pensando que la compra de cámaras y lentes te hará libre e inmune a todo mal. En fin, yo que fui educado siguiendo el utilísimo precepto de "contra el vicio de pedir, la virtud de no dar", me aplico el cuento y me voy a la aventura.

Llego a MdR ya de buena mañana y nada más bajar del autobús veo a las ciconia ciconia dando vueltas alrededor de la torre de la iglesia. Mi propósito inicial era ir al embalse, a ver que había. Pero las ciconia están pasando muy cerca, tengo el sol de espaldas y el pepino en la mano, así que me entrego al safari fotográfico sin freno. Ya lo decía nuestro anterior monarca: bicho grande, ande o no ande. Y entre tiro y tiro, aún me queda un rato para acercarme al puente del embalse. Allí hay mucha gente, mucha chroicocephalus ridibundus y un par de podiceps cristatus en plumaje no nupcial, pero están lejos para ser fotografiados, así que me vuelvo a casa con las ciconias en la tarjeta.

1 de diciembre de 2014

Larus

Desde hace unos años es frecuente ver gaviotas en Mad cuando llegan estas fechas. Por la mañana se las puede ver volando en formación hacia el sur, siguiendo el río, y por la noche se vuelven a dormir a los embalses de la sierra.

Sin entrar en el espinoso asunto de porqué el pp eligió como símbolo a estos simpáticos animales, el sábado, de casualidad, paso cerca del río y veo que en medio del cauce, aprovechando que hay poca agua, un grupo de gaviotas variadas se está remojando las patas.

El domingo vuelvo, armado con mi pepino y habiendo consultado la guía: por estas fechas nos visitan las  chroicocephalus ridibundus y las larus fuscus. Aunque distinguir unas larus de otras a veces parece un ejercicio de ciencia ficción para este pobre mesetario, asumo como dogma de fe lo que me cuentan y me entrego a la fotografía.


Prueba 1: dos ejemplares de las especies citadas se cruzan en las doradas arenas de los bancos del río.






Prueba 2: una larus fuscus se dispone a amerizar en las cristalinas aguas del Manzanares.
Prueba 3: Una chroicocephalus ridibundus se refleja sobre las, de nuevo, cristalinas aguas del Manzanares. Un retoquito favorece la cristalinidad esa.
Prueba 4: Por último, y no por ello menos importante, otro ave marina que se viene a Mad a pasar el invierno: un phalacrocorax carbo. Entre que es más negro que el carbó(n) como indica su nombre y que la luz entraba muy malamente, la cámara queda completamente engañada y su propietario, también. Aquí no hay retoque que valga.

19 de noviembre de 2014

Semirreto

A cuenta de la publicación ayer de los ganadores del concurso FotoAves2014 (la foto de los corvus corax es preciosa) me decía el CSC a través de las ondas que dónde andaban mis fotos. En fin, en la última visita a las tierras del zú, mi PP nos sacó de paseo y acabamos en Punta Umbría, después de pasar por la laguna del Portil y ver las hordas de patos, zampullines y demás aves acuáticas que allí pasan el  invierno. El caso es que aparecimos en Punta Umbría y aprovechando unos contenedores de basura, varias Larus Michahellis de todas las edades nos pasaban en vuelo bastante cerca y aterrizaban y despegaban al lado de los contenedores con frecuencia digna del aeropuerto de B-AS.

Obviando las reflexiones sobre la dignidad de la gaviota que se ve forzada a alimentarse de despojos, yo saqué mi pepino, porque no todos los días te sobrevuelan al lado aves de este porte. De las aves en vuelo no salieron más que churros, pero ésta, que abría las alas para manifestar que allí estaba ella, no quedó muy mal y aquí queda.

25 de octubre de 2014

El padrino

Con tal de no regalar objetos a mis sobrinos, soy capaz de regalarle a mi sobrino mayor el apadrinamiento de un buteo buteo, regalo cuyo punto culminante es la liberación del animal. Así que llegamos un sábado por la mañana a Grefa, y transportamos a los animales hasta un lugar cercano al parque del Guadarrama. Vamos dos familias, una que apadrina a un falco peregrinus, y nosotros. Soltamos primero al falco, que pega un grito de alivio al verse en el aire, y luego le toca a M. Al principio el buteo le impresiona un poco, sobre todo cuando le echa el pico hacia arriba como si le quisiera sacar un ojo. Pero con la ayuda de la especialista, suelta al buteo, que queda bautizado como Gelmi, y éste echa a volar. Va un poco pallá, vuelve pacá y luego pilla una térmica y empieza a subir, a subir y a subir hasta que le perdemos de vista. Su hermano dice que el próximo le toca a él. Estos niños.

9 de octubre de 2014

Revelado

Una vez que uno ha tirado muchas fotos, llega el momento de adentrarse en el proceloso mundo de la edición. Para ello es necesario hacer las fotos en raw y afanarse con el programa elegido para estirar curvas, cambiar exposiciones, ajustar el balance de blancos, corregir distorsiones y dar la voltereta lateral sujetando con los dientes una cuchara con un huevo. En fin, los passer montanus siguen posándose a tomar el sol en el alféizar de la ventana de mi despacho y siguen vigilando con el rabillo del ojo los movimientos del ser que está tras los cristales. Saco el pepino con sigilo y pillo al passer de medio lado y en crudo. Una vez cocinado, queda así.

3 de octubre de 2014

Accipiter nisus o paloma

Volvimos a casa. Llovía. Paramos a comer. Me dormía al volante. Paramos a tomar un café a la altura de Esteras de Medinaceli. Llega un autobús cargado de soldados andaluces y nos vamos. Nada más salir del bar, vemos un bicho parado en el arcen. Ojo amarillo, pico de rapaz. Gris oscuro, algo más grande que una pica pica. La carretera no tiene tráfico así que nos paramos a observar. Tras unos segundos, el animal sale volando encima de la cuneta y se posa unos metros más adelante. Avanzamos. Nos paramos. El bicho se queda parado un rato y sale volando hasta el otro lado de la carretera. De repente, se lanza sobre un arbusto y se pone a revolotear alrededor. Está cazando. No es una paloma. Es una hembra de accipiter nisus.

8 de julio de 2014

Los rescatadores

Estoy volviendo a casa a lomos de mi bicicleta amarilla, que es lo que conduzco ahora, y circulando por Aniceto Marinas veo un algo sobre la línea blanca que separa los dos carriles. Paro, desmonto, vuelvo sobre mis pasos y le pido al coche que viene detrás que pare. Para, muy amablemente, y me agacho a recoger del suelo un apus apus , un pollo volantón que a pesar de que lo intenta no vuela aún. Me salgo a la acera y me pongo a pensar como llevar al sujeto y conducir la bici a la vez. La idea es llevarlo a Brinzal, en el albergue juvenil de la Casa de Campo, que aunque están especializados en rapaces nocturnas también se ocupan del resto de aves. No tengo caja de cartón, así que pongo al apus en el casco y me pongo a andar. En un momento dado, ato el casco al manillar y me monto en la bici, para llegar antes, pero al sentir el viento el apus siente también la llamada de la selva y empieza a asomarse al borde del casco y a abrir las alas. Desmonto de nuevo, rodeo el lago con el apus colgado en el pecho y en un puesto de helados me hago con una caja de cartón y sigo caminando. El apus intenta trepar por la caja pero al rato desiste y un poco más tarde llegamos a Brinzal, donde lo recogen, me entregan el recibo con el número de seguimiento y me dicen que está un poco deshidratado pero bien. Que los apus son bichos resistentes. En poco más de un mes, este volantón estará yéndose a África con el resto de sus congéneres. En fin, que le deseo lo mejor.

La semana pasada, fue L, la compañera de despacho de C, la que nos dijo que su madre había estado cuidando un pájaro que le había llevado su hermano. Que no sabía lo que era, pero que era negro, así que podía ser un córvido o una rapaz. Con esas conclusiones, le habían alimentado con carne picada, pan y agua, aunque el bicho se negaba a comer con frecuencia. Quedamos el jueves pasado para llevarlo a Grefa, en Majadahonda. Resultó ser otro apus. En Grefa lo recogieron y el animal progresa adecuadamente.

En fin, si alguna vez os encontráis un ave, lo podéis llevar a uno de estos sitios. Criarlos en casa es muy potito pero es preferible llevárselo a los expertos y darles una segunda oportunidad.

25 de mayo de 2014

Safari costero

Mi nueva vida académica me tiene un tanto atareado últimamente, así que no me queda tiempo para practicar mi afición favorita: el safari. Esta vez, de paseo por el suroeste peninsular, me acerco a pata hacia la costa y voy encontrado simpáticos animales de esos que no se ven en Mad y alrededores.

El primer bicho que me encuentro es este bubulcus ibis que al principio está tan tranquilo en un prado hasta que viene el gilipollas de la camarita a turbar su paz. A su favor, puede salir volando cuando quiere y así permitir que el susodicho gilipollas ponga a prueba su pericia, su pulso y el autofoco de su cámara.

Al día siguiente, de paseo por las marismas del rio Piedras, veo aproximarse a baja altura este ave. Como resulta mucho más agradecido intentar sacar bichos grandes en vuelo que aviones o vencejos, le tiro la foto. Al principio, pienso que es otro bubulcus pero luego me doy cuenta de que le faltan las plumas anaranjadas y de que tiene el pico más negro que el carbón, así que concluyo que se trata de una egretta garzetta y me quedo tan ancho.