30 de noviembre de 2013
Río congelado
Si se aleja uno cien kilómetros de Mad puede llegar a pueblos de menos de cien habitantes. Ignoro cómo y de qué viven los indígenas, aunque puedo imaginarme, por experiencias pasadas, lo que es vivir en un pueblo pequeño. El caso es que justo al lado del pueblo pasa el río Jarama, casi recién nacido, y que está rodeado de bosques de melojos por los que se puede ir tranquilamente de paseo, aunque haga frío, esté nublado y el río se haya congelado. Dado que ya tenemos una edad, dejamos el bocadillo para otro día y terminamos comiendo en un restaurante, no vaya a ser que el balance calórico nos salga negativo y acabemos adelgazando.
19 de noviembre de 2013
Pajarines gijonenses
Una cosa es ir al cine y otra cosa bien distinta es no fotografiar a un ave que tiene el detalle de quedarse quieta a poca distancia de uno. Estando al lado del mar, además, se ven especies que no suelen verse a este lado del Manzanares, como este arenaria interpres en plumaje no nupcial.
Las motacilla alba son muy monas y muy desconfiadas, y su forma de moverse, como si anduvieran muy deprisa, es muy característica. En fin, que no todos los días se le ponen a uno dos a tiro. Lástima de pepino, que estaba descansando en Mad, pero el pepinillo, aunque menos potente, también da juego.
Y por último las jefas de la ciudad, las larus michahellis. En la foto tenemos a un simpático ejemplar joven que, a diferencia de los adultos, no tiene las patas amarillas que dan el nombre común a la especie. Según el ayuntamiento, son una plaga porque se cagan en los tejados. Yo cada vez tengo más claro quiénes somosn la verdadera plaga, así que deseo a estas gaviotas muchos años más de felices deyecciones.
Las motacilla alba son muy monas y muy desconfiadas, y su forma de moverse, como si anduvieran muy deprisa, es muy característica. En fin, que no todos los días se le ponen a uno dos a tiro. Lástima de pepino, que estaba descansando en Mad, pero el pepinillo, aunque menos potente, también da juego.
Y por último las jefas de la ciudad, las larus michahellis. En la foto tenemos a un simpático ejemplar joven que, a diferencia de los adultos, no tiene las patas amarillas que dan el nombre común a la especie. Según el ayuntamiento, son una plaga porque se cagan en los tejados. Yo cada vez tengo más claro quiénes so
18 de noviembre de 2013
Gijón
Llevábamos un tiempo sin ir de festivales así que engañamos a P y L para que abandonaran a sus hijos temporalmente y se vinieran a Gijón. La verdad es que no costó mucho convencerlos. A P le gusta mucho el cine así que no desperdició ocasión de arrimarse a Vicente Aranda, que está muy mayor pero que estaba en nuestro mismo hotel y nos lo encontrábamos por acá y por allá.
El otro que estaba por acá y por allá era el ínclito Jorge Sanz. También se alojaba en nuestro hotel pero aparte de todo eso nos lo encontramos por toda la ciudad. Lamentablemente, en la única ocasión en que se sentó a nuestro lado en el vestíbulo del hotel tuvimos un diálogo de besugos no sabemos si por falta de lucidez suya o por nuestra poca inteligencia.
La principal ventaja de Gijón sobre San Sebastián es que el hotel en el que se aloja todo el mundo es mucho más asequible. Y aunque es cierto que no te encuentras a grandes actores de Hollywood, puedes compartir desayuno con Carmelo Gómez y subir en el ascensor con Aida Folch, aparte de los inevitables encuentros con Jorge Sanz. También debía de andar por allí Victoria Abril, pero sólo la vimos de refilón el primer día gracias a la peluca naranja que se puso para la ceremonia de inauguración.
En el aspecto cinematográfico, vemos Los Don Jons de un tal Jiri Menzel, al que P ya conocía, sobre un director de ópera follingo que está montando un Don Giovanni con un veterano cantante también follingo. Simpática. La siguiente película es una japonesa llamada Soshite chichi ni naru sobre el apasionante mundo de la paternidad. A mí se me hizo un poco larga pero a C le gustó, por ejemplo. El momento truño llegó a las 0h45 de la madrugada del sábado. P y yo fuimos abandonados en lo que se llamaba la noche innombrable. El director del festival había seleccionado un corto y una peli con los que pretendía reunir arte y diversión. El arte no sé por donde andaba y la diversión, francamente, debía ser para un público exquisito del que no formamos parte. Si a alguien le interesa, aquí tiene la escena en la que a Matthew McConaughey le chupan el muslo de pollo.
En fin, a pesar del frío y de la lluvia y de la ingesta de cantidades desmesuradas de comida, nos vamos contentos de Gijón.
El otro que estaba por acá y por allá era el ínclito Jorge Sanz. También se alojaba en nuestro hotel pero aparte de todo eso nos lo encontramos por toda la ciudad. Lamentablemente, en la única ocasión en que se sentó a nuestro lado en el vestíbulo del hotel tuvimos un diálogo de besugos no sabemos si por falta de lucidez suya o por nuestra poca inteligencia.
La principal ventaja de Gijón sobre San Sebastián es que el hotel en el que se aloja todo el mundo es mucho más asequible. Y aunque es cierto que no te encuentras a grandes actores de Hollywood, puedes compartir desayuno con Carmelo Gómez y subir en el ascensor con Aida Folch, aparte de los inevitables encuentros con Jorge Sanz. También debía de andar por allí Victoria Abril, pero sólo la vimos de refilón el primer día gracias a la peluca naranja que se puso para la ceremonia de inauguración.
En el aspecto cinematográfico, vemos Los Don Jons de un tal Jiri Menzel, al que P ya conocía, sobre un director de ópera follingo que está montando un Don Giovanni con un veterano cantante también follingo. Simpática. La siguiente película es una japonesa llamada Soshite chichi ni naru sobre el apasionante mundo de la paternidad. A mí se me hizo un poco larga pero a C le gustó, por ejemplo. El momento truño llegó a las 0h45 de la madrugada del sábado. P y yo fuimos abandonados en lo que se llamaba la noche innombrable. El director del festival había seleccionado un corto y una peli con los que pretendía reunir arte y diversión. El arte no sé por donde andaba y la diversión, francamente, debía ser para un público exquisito del que no formamos parte. Si a alguien le interesa, aquí tiene la escena en la que a Matthew McConaughey le chupan el muslo de pollo.
En fin, a pesar del frío y de la lluvia y de la ingesta de cantidades desmesuradas de comida, nos vamos contentos de Gijón.
14 de noviembre de 2013
13 de noviembre de 2013
12 de noviembre de 2013
5 de noviembre de 2013
Safari en Monfragüe
Cuando C me propone ir a Monfragüe durante el puente de todos los muertos, me sorprendo por un instante. ¿Se sabrá la canción aquella de "alimento con mi carne en Monfragüe aegypius monachus"? En fin, a nadie le amarga un dulce así que acabamos en el minúsculo pueblo de V de SC en una simpática casa rural. El nombre de la habitación es ciconia ciconia. Empezamos bien.
Entre el atasco a la salida de Mad y parar a comer y patatín y patatán el primer día empezamos a caminar un poco tarde y llegamos al cerro Gimio cuando el sol termina de ponerse, lo que deja unas hermosas vistas y nos obliga a ponernos las frontales para volver al pueblo a cenar y prepararnos para el día siguiente. He pedido un permiso para hacer el camino morado que se supone que es zona de reserva con aforo limitado. ¿Qué nos encontraremos?
Lo primero que nos encontramos a la salida del pueblo es un phoenicurus ochruros , luego hay unos cuantos passer domesticus y después está este parus major. Por la tranquilidad con la que posa, cualquiera diría que está contratado por la junta de Extrema y Dura para satisfacer las ansias fotográficas del safarista aficionado. Un poco más abajo, vemos varios erithacus rubecola, pero la sorpresa está al llegar al embalse.
El embalse, que según Iberdrola es una maravilla tanto para el río como para la fauna, está lleno de unos bichos grandes y escandalosos. Parecen ser phalacrocorax carbo. Tras pasar un rato observando sus evoluciones damos un rodeo para cruzar a la otra orilla ya que el puente por el que teníamos que pasar está sumergido provisionalmente.
Tras rodear el embalse comenzamos a subir por una ladera entre encinas, alcornoques, jaras y madroños hasta llegar a un collado. Paramos un instante a contemplar el paisaje y las dehesas que quedan a nuestros pies cuando empiezan a pasar gyps fulvus por encima de nuestras cabezas.
Tras ver pasar mucho gyps fulvus de repente aparece un algo que sin ser igual no es lo mismo. Y es un aegypius. En fin, uno se puede ir a la cama tranquilo pensando en todos los buitres que le han pasado por encima. Hacerse el muerto a ver si bajan queda para otro día.
No todo van a ser aves. Volviendo por el camino nos encontramos con el simpático espectáculo de este escarabajo pelotero haciendo su pelota de caca de la que comerá él y su descendencia.
De una especie pequeña y coprófaga pasamos a un animal mucho más resultón, el cervus elaphus , mientras se busca las habichuelas entre la maleza. En fin, el día ha sido pródigo en momentos safáricos, así que volvemos a V de SC a pasar una noche fresquita y a prepararnos para el desayuno de la mañana siguiente.
El domingo vamos hasta el mirador de la Tajadilla. El camino va por la ladera del embalse y pasa por un par de fuentes escondidas entre alisos hasta que llega al mirador en cuestión. Enfrente tenemos una pared rocosa de la que aterrizan y despegan los gyps fulvus. Comemos y volvemos al pueblo. Cuando estamos en una de las fuentes nos sobrevuela este señor. De nuevo, no nos hacemos el muerto y pasa de largo.
En fin, hasta aquí el safari. Una vez en Mad, desaparecen las rapaces y recibimos, a cambio, la mierda de los tubos de escape.
Entre el atasco a la salida de Mad y parar a comer y patatín y patatán el primer día empezamos a caminar un poco tarde y llegamos al cerro Gimio cuando el sol termina de ponerse, lo que deja unas hermosas vistas y nos obliga a ponernos las frontales para volver al pueblo a cenar y prepararnos para el día siguiente. He pedido un permiso para hacer el camino morado que se supone que es zona de reserva con aforo limitado. ¿Qué nos encontraremos?
Lo primero que nos encontramos a la salida del pueblo es un phoenicurus ochruros , luego hay unos cuantos passer domesticus y después está este parus major. Por la tranquilidad con la que posa, cualquiera diría que está contratado por la junta de Extrema y Dura para satisfacer las ansias fotográficas del safarista aficionado. Un poco más abajo, vemos varios erithacus rubecola, pero la sorpresa está al llegar al embalse.
El embalse, que según Iberdrola es una maravilla tanto para el río como para la fauna, está lleno de unos bichos grandes y escandalosos. Parecen ser phalacrocorax carbo. Tras pasar un rato observando sus evoluciones damos un rodeo para cruzar a la otra orilla ya que el puente por el que teníamos que pasar está sumergido provisionalmente.
Tras rodear el embalse comenzamos a subir por una ladera entre encinas, alcornoques, jaras y madroños hasta llegar a un collado. Paramos un instante a contemplar el paisaje y las dehesas que quedan a nuestros pies cuando empiezan a pasar gyps fulvus por encima de nuestras cabezas.
Tras ver pasar mucho gyps fulvus de repente aparece un algo que sin ser igual no es lo mismo. Y es un aegypius. En fin, uno se puede ir a la cama tranquilo pensando en todos los buitres que le han pasado por encima. Hacerse el muerto a ver si bajan queda para otro día.
No todo van a ser aves. Volviendo por el camino nos encontramos con el simpático espectáculo de este escarabajo pelotero haciendo su pelota de caca de la que comerá él y su descendencia.
De una especie pequeña y coprófaga pasamos a un animal mucho más resultón, el cervus elaphus , mientras se busca las habichuelas entre la maleza. En fin, el día ha sido pródigo en momentos safáricos, así que volvemos a V de SC a pasar una noche fresquita y a prepararnos para el desayuno de la mañana siguiente.
El domingo vamos hasta el mirador de la Tajadilla. El camino va por la ladera del embalse y pasa por un par de fuentes escondidas entre alisos hasta que llega al mirador en cuestión. Enfrente tenemos una pared rocosa de la que aterrizan y despegan los gyps fulvus. Comemos y volvemos al pueblo. Cuando estamos en una de las fuentes nos sobrevuela este señor. De nuevo, no nos hacemos el muerto y pasa de largo.
En fin, hasta aquí el safari. Una vez en Mad, desaparecen las rapaces y recibimos, a cambio, la mierda de los tubos de escape.
4 de noviembre de 2013
En la ventana
Los días que hace bueno, por la mañana se suelen posar unos passer montanus a trinar en el alfeizar. En cuanto me levanto de la silla para verlos salen volando, claro. Así que hay que recurrir a tácticas de francofotografiador para sorprender a uno detrás de los cristales. Una vez sorprendido, vuelvo a sentarme mientras el montanus en cuestión sigue trinando.
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