Ya llega el momento de venirse al sur para un montón de aves europeas. Unas se quedarán por aquí a pasar el invierno y otras siguen camino más al sur aún, sorteando todo tipo de peligros de origen variado.
Armado con mi equipo de fotógrafo de pacotilla, recorro las marismas de Isla Cristina y la desembocadura del río Piedras a la búsqueda de animales que inmortalizar. El tiempo no acompaña mucho: está entrando una borrasca y entre el cielo gris, mi falta de pericia y lo rústico de mi equipo (los lectores de este blog que se sientan generosos pueden remediar esto con un pequeño desembolso económico así o así) sale mucho churro. Pero en fin, mostremos los churros.
Un grupo de himantopus himantopus observa algo fijamente. Pueden apreciarse las diferencias de coloración en cuello y cabeza que presentan los individuos de esta especie. Esta vez no ha salido ninguno con el melón negro como el carbón.
Este ejemplar de recurvirostra avosetta, nombre inspirado donde los haya, estuvo nadando largo rato alrededor de los himantopus pero sin llegar a acercarse, demostrando con ello que el especismo no es propio de los humanos. En un momento dado, salió brevemente del agua, miró hacia un lado para que se apreciara bien su recurvirostro y al cabo de un rato salió volando.
Esta platalea leucorodia pasó cerca del puesto de observación (o resto de él) que se encuentra cerca de los restos (estos sí) del molino mareal de Lepe, a orillas del río Piedras, que es río pero que sube y baja con las mareas. En mi infinita ignorancia ignoraba la existencia de estos ingenios. El que quiera ver uno, puede ver el Molino del Pintado en Ayamonte, que está restaurado aunque moler, lo que se dice moler, no muele.
Para terminar, me doy una vuelta cerca del Rompido. Un campo de golf limita sospechosamente con la zona protegida, pero a esta upupa epops no parece importarle estar rodeada de golfistas. Es más, prefiere los bichos del green a la zona del pinar que bordea el campo en este punto. ¿Quién dijo que los campos de golf eran malos?
4 de noviembre de 2015
28 de octubre de 2015
28 de septiembre de 2015
Por el Espaldar
La idea
consiste en darse una vuelta por el Espaldar de La Cabrera y subir al Pico de la Miel: estamos ya en otoño y no hace tanto calor como hace un mes. Una pista larga recorre el pie de la ladera norte de la sierra hasta que, ya casi llegados a la vía del tren, sale un ramal hacia arriba en dirección al Pico. Hay una luz estupenda, unas vistas magníficas y unas nubes muy fotogénicas que nos acompañan todo el rato hasta que llegamos al pico. Bajamos y nos caen cuatro gotas, pero el día ha sido bien aprovechado.
1 de septiembre de 2015
Por donde cae el agua
En la imagen, el CSC se asoma al vacío con total desprecio de su vida para fotografiar el salto de agua, mientras BCV y C se cuentan algo. El paseo al lado del río sólo se ve alterado por hombres y mujeres que se aprovechan de la tranquilidad del paraje para tomar el sol o bañarse en pelota. Dada la distancia a la que nos encontramos de la carretera y gracias a que estamos a finales de agosto, estos momentos son pocos y apartados entre sí y a ver a quién le va a apetecer remontar luego la cuesta de vuelta a las cuatro de la tarde y con el sol apretando, aunque la recompensa sea disfrutar de un río de montaña antes de que llegue a un sitio más accesible y sea tomado a la fuerza por las hordas de domingueros y su furia destructora.
De vuelta a la peña
En la anterior visita a la peña de la Cabra, soplaba el viento y la nieve cubría el monte. Esta vez, a finales de agosto, el sol pegaba sin pasarse y el viento soplaba, también sin pasarse. Puestos a recomendar, quizá sea más bonito venir aquí con el monte nevado, pero, al final, la peña tiene mucho encanto y, de momento, poco humano y casi ningún kleenex.
22 de julio de 2015
Final infeliz
No ha habido suerte esta vez. La cernícala ingresó, según el parte facilitado por Grefa, deshidratada, caquéxica y deprimida. A pesar de los intentos por rehidratarla y alimentarla, falleció esta mañana. El equipo rescatador lamenta este desenlace pero seguirá rescatando cuando se presente la ocasión.
21 de julio de 2015
Vuelven los rescatadores
Tras el episodio rescatadoril del año pasado, este año nos vemos sometidos a una nueva prueba aún más difícil. Todo comienza un lunes por la tarde en este achicharrante verano madrileño, cuando recibo la llamada de C, que ha visto, en su camino de vuelta a casa, un ave de porte considerable en el suelo con problemas para volar. Cojo un taxi y llego al lugar de los hechos. C me señala algo debajo de un árbol. Yo voy con la idea de que es un milvus migrans, que por estas fechas se acercan a sobrevolar la CU y la Dehesa. Como ya es un poco tarde para llevarlo a Brinzal, llamo a Grefa y me informan de que su equipo de rescate está saturado, que tardarán en llegar y que probablemente la policía municipal no quiera hacerse cargo del animal. Me pide también que intente describir al animal, yo le digo que creo que es un milvus migrans, pero me vuelve a pedir que lo describa. Ligeramente ofendido en mi amor propio de ornitólogo de baratillo, me acerco con cuidado al bicho y empiezo a cantar las características: dorso marrón, barras negras, y tamaño algo mayor que una columba palumbus. En ese momento le veo la cabeza y me digo que de milvus tiene poco. Mi interlocutor me dice lo mismo, que parece más bien un falco tinnunculus. Así que me retracto y recibo una cura de humildad, que nunca está de más.
Como acabo de decir, las curas de humildad nunca están de más. C se va a buscar una caja de cartón para transportar al falco y cuando vuelve llega el momento de la captura. Como no tenemos nada a mano, me quito el polo y me aproximo sigilosamente al animal. Cuando estoy a su lado, se me queda mirando. Yo también me le quedo mirando, sin atreverme a lanzarle el polo por encima para inmovilizarlo. Sale medio volando, medio andando y se para al borde de un terraplén. Me vuelvo a acercar y vuelvo a no atreverme a cogerle y vuelve a salir planeando. Llega hasta el edificio de enfrente y se posa en una reja donde nos encontramos con un señor. Como el señor es geólogo, cuando le planteamos nuestro dilema, ni corto ni perezoso, se sube por la reja y lanza mi polo con decisión, no como otros, sobre el bicho. Baja y a la caja.
Ahora sólo queda llegar hasta Majadahonda a dejar al bicho, así que nos ponemos a esperar pacientemente a que venga un taxi, que esto de no tener coche es lo que tiene. No aparece ningún taxi, porque la CU en verano es lo más parecido a un mundo post-apocalíptico, pero sí que vuelve a aparecer el geólogo, que va a las Rozas, así que se ofrece a llevarnos hasta Grefa.
Llegamos allí, salen a recibirnos y sacamos al paciente de la caja. Resulta ser una cernícala adulta que está un poco planchada, pero esperamos que la puedan recuperar y devolverla a surcar los limpios cielos madrileños.
Como acabo de decir, las curas de humildad nunca están de más. C se va a buscar una caja de cartón para transportar al falco y cuando vuelve llega el momento de la captura. Como no tenemos nada a mano, me quito el polo y me aproximo sigilosamente al animal. Cuando estoy a su lado, se me queda mirando. Yo también me le quedo mirando, sin atreverme a lanzarle el polo por encima para inmovilizarlo. Sale medio volando, medio andando y se para al borde de un terraplén. Me vuelvo a acercar y vuelvo a no atreverme a cogerle y vuelve a salir planeando. Llega hasta el edificio de enfrente y se posa en una reja donde nos encontramos con un señor. Como el señor es geólogo, cuando le planteamos nuestro dilema, ni corto ni perezoso, se sube por la reja y lanza mi polo con decisión, no como otros, sobre el bicho. Baja y a la caja.
Ahora sólo queda llegar hasta Majadahonda a dejar al bicho, así que nos ponemos a esperar pacientemente a que venga un taxi, que esto de no tener coche es lo que tiene. No aparece ningún taxi, porque la CU en verano es lo más parecido a un mundo post-apocalíptico, pero sí que vuelve a aparecer el geólogo, que va a las Rozas, así que se ofrece a llevarnos hasta Grefa.
Llegamos allí, salen a recibirnos y sacamos al paciente de la caja. Resulta ser una cernícala adulta que está un poco planchada, pero esperamos que la puedan recuperar y devolverla a surcar los limpios cielos madrileños.
16 de junio de 2015
La vida real
Me escapo un rato de la urbe y me voy por ahí a ver cosas. Bajo del autobús y camino un rato por una pista entre árboles hasta el embalse. En un poste está posado un milvus migrans y a mi alrededor pegan saltos entre las ramas un montón de parus major. Una vez al lado del agua, veo un bicho dando vueltas. Lo fotografío para acordarme de él y resulta ser un charadrius dubius. No está mal para empezar.
En la orilla de enfrente veo un bicho grande. Lo veo con los prismáticos, porque ya se sabe que para fotografiarlo en condiciones necesitaría un pepino más gordo. En fin, el bicho grande, una ardea cinerea, en un momento dado se queda parado al borde del agua mirando algo fijamente. Miro yo también y veo una mamá pata, sin determinar, con un montón de patitos nadando a su alrededor. La pata mira a la ardea, la ardea mira a la pata, y en un momento estira la cabeza, pilla un patito con el pico y sale volando perseguida por la madre pata. Mientras me planteo qué haría yo si fuera madre pata (proteger a los patitos restantes o intentar rescatar al patito secuestrado) la ardea se sube a un árbol a comerse el patito. La pata vuelve con los patitos supervivientes.Yo me quedo traumatizado por el horrendo espectáculo de la lucha por la supervivencia en la naturaleza y me vuelvo a la ciudad a comerme un filete por el que no he tenido que mancharme las manos de sangre.
En la orilla de enfrente veo un bicho grande. Lo veo con los prismáticos, porque ya se sabe que para fotografiarlo en condiciones necesitaría un pepino más gordo. En fin, el bicho grande, una ardea cinerea, en un momento dado se queda parado al borde del agua mirando algo fijamente. Miro yo también y veo una mamá pata, sin determinar, con un montón de patitos nadando a su alrededor. La pata mira a la ardea, la ardea mira a la pata, y en un momento estira la cabeza, pilla un patito con el pico y sale volando perseguida por la madre pata. Mientras me planteo qué haría yo si fuera madre pata (proteger a los patitos restantes o intentar rescatar al patito secuestrado) la ardea se sube a un árbol a comerse el patito. La pata vuelve con los patitos supervivientes.Yo me quedo traumatizado por el horrendo espectáculo de la lucha por la supervivencia en la naturaleza y me vuelvo a la ciudad a comerme un filete por el que no he tenido que mancharme las manos de sangre.
5 de junio de 2015
La masa
Hacemos una pausa cuando parece que llegamos ya a nuestro objetivo. No nos hemos cruzado con mucha gente: un señor sólo y un grupo de ciclistas en plan mad max de los que se dedican a tirarse por toda trocha que encuentran en el monte. Se lo digo así a A, que qué suerte poder encontrar aún sitios tranquilos y despejados de gente en la sierra. En cuanto reanudamos la marcha, aparece de repente un grupo de unas veinte personas, en lo que parece una excursión organizada. Una vez llegados, nos acompañan seis vacas y, brevemente, un señor con una gorra roja que ha llegado de no sabemos dónde y se baja por el camino por el que hemos subido nosotros. No hay manera de escaparse de la masa. Puede decirse que nosotros también somos masa y que por mucho que intentemos considerarnos individuos, masa somos y en masa nos convertiremos.
Comemos un poco mientras las vacas pastan tranquilas a nuestro alrededor. Después de un rato, emprendemos la bajada y la masa, al menos por unas horas, abandona este idílico rincón.
P.S. Más masa en esta simpática lectura.
Comemos un poco mientras las vacas pastan tranquilas a nuestro alrededor. Después de un rato, emprendemos la bajada y la masa, al menos por unas horas, abandona este idílico rincón.
P.S. Más masa en esta simpática lectura.
9 de mayo de 2015
Roma
Mi fratello y yo le regalamos a la mamma un viaje a Roma. El alojamiento es caro, está todo petado y, encima, el viernes es fiesta y está todo chapado y lo que no está chapado está petado. Menos mal que en una plaza encuentro este simpático cartel sobre la fauna cittadina y me alegran el viaje. También me lo alegran los passeri que vienen a por las migas del desayuno en la terraza del hotel, pero como no me subo la cámara a desayunar, no quedan inmortalizados.
Los que sí quedan inmortalizados, son los storni, que a diferencia de los que vemos en Mad, son de la especie vulgaris, y no de la unicolor. En este caso, los vulgaris son más bonitos, aunque hay que reconocer que el negro es más sobrio. En fin, ya se sabe que normalmente se aprecia menos lo que se tiene en casa.
Para que no se diga que no hay fotos de ningún monumento, aquí el gabbiano reale ( mucho más pomposo que gaviota patiamarilla ), posa para la multitud con una cúpula al fondo. Si un bicho de este tamaño os pide comida, dádsela.
Por último, a diferencia de las cornacchie europeas occidentales o corvus corone, que son negras del todo, la cornacchia grigia o corvus cornix, es bicolor. Al igual que los gabbiani, compiten por la atención y los bocadillos de la masa de turistas. En Mad, los córvidos más urbanos son las pica pica y las corvus monedula, pero en Roma se ven cornacchie: las otras especies no asoman el pico.
Para que no se diga que no hay fotos de ningún monumento, aquí el gabbiano reale ( mucho más pomposo que gaviota patiamarilla ), posa para la multitud con una cúpula al fondo. Si un bicho de este tamaño os pide comida, dádsela.
Por último, a diferencia de las cornacchie europeas occidentales o corvus corone, que son negras del todo, la cornacchia grigia o corvus cornix, es bicolor. Al igual que los gabbiani, compiten por la atención y los bocadillos de la masa de turistas. En Mad, los córvidos más urbanos son las pica pica y las corvus monedula, pero en Roma se ven cornacchie: las otras especies no asoman el pico.
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7 de abril de 2015
Duratón
Nos vamos con los M-S a las hoces del Duratón. H va armado con su cámara y se pasa el rato sacando fotos. El primer día nos damos un paseo por las hoces y vemos muchos gyps fulvus y una pareja de neophron percnopterus, entre las accipitriformes. El problema es que las fotos son mayormente de las panzas de los susodichos y a una distancia que complica obtener buenas fotos.
Todo cambia el domingo, cuando nos acercamos a la ermita de San Frutos. La ermita está abandonada, desamortizada y algunos de los muros interiores presentan la blanca evidencia que queda tras hacer caca y pis. No soy nada religioso, pero cagar en un antiguo monasterio me parece un poco feo. En fin, que allí los buitres sobrevuelan nuestras cabezas y que allí sí se puede sacar alguna foto interesante, que no buena, que para eso ya sabemos que hace falta tiempo y dedicación y pepinos gigantescos.
Todo cambia el domingo, cuando nos acercamos a la ermita de San Frutos. La ermita está abandonada, desamortizada y algunos de los muros interiores presentan la blanca evidencia que queda tras hacer caca y pis. No soy nada religioso, pero cagar en un antiguo monasterio me parece un poco feo. En fin, que allí los buitres sobrevuelan nuestras cabezas y que allí sí se puede sacar alguna foto interesante, que no buena, que para eso ya sabemos que hace falta tiempo y dedicación y pepinos gigantescos.
16 de marzo de 2015
10 years after
Mucho PLC, mucho cable, mucho acelerador, mucha caca... A mí lo que me gusta son otras cosas. El queso, por ejemplo. O el monte, pongamos por caso. O irme de safari. Y, porqué no, escribir de vez en cuando en blogs de mala muerte.
Así que aprovechando que el Pisuerga pasa por Valladolid, y que me encuentro brevemente en el sur, me voy de paseo por los campos y marismas locales y veo lo que sigue.
Ya han llegado las oscuras hirundo rustica a nuestro balcón los nidos a colgar. Aprovechan también para revolotear cerca del suelo a ver qué hay de comer. Me encuentro una bandada de diez o doce a las que parece no molestar un hombre con un pepino. Así que mientras vuelan a mi alrededor, una queda inmortalizada.
Sabía que existían pero nunca había visto uno. El nombre común en castellano es impresionante: zarapito. Ahora me queda la duda de si es real o trinador. Ni idea. Evidentemente, en los parques y jardines de Mad no se ven muchos. Pero en las marismas de Isla Cristina, por lo menos vi a este, que tuvo encima la educación de quedarse quieto un rato.
Las egretta garzetta son más comunes, por lo menos allí, y esta sale pitando en cuanto me percibe, y eso que ese día me había duchado. Es grande, así que el despegue no es especialmente vertiginoso y me da tiempo a inmortalizarla y, de paso, a verle las plumas de la cabeza de las que todas las guías hablan pero que yo no había visto nunca.
Y ya para terminar, un simpático arenaria interpres en plumaje no nupcial. Yo había visto unos congéneres suyos en Gijón, hace un tiempo, y no pensaba que llegaran tan al sur. Pero parece que cuando migran se van a donde les peta, ningún rincón del mundo les parece demasiado lejano.
Y hasta aquí las fotos. Hay que aprovechar la temporada, porque luego cuando viene la calor hay menos variedad y muchos más turistas. Los placeres solitarios es lo que tienen.
Así que aprovechando que el Pisuerga pasa por Valladolid, y que me encuentro brevemente en el sur, me voy de paseo por los campos y marismas locales y veo lo que sigue.
Ya han llegado las oscuras hirundo rustica a nuestro balcón los nidos a colgar. Aprovechan también para revolotear cerca del suelo a ver qué hay de comer. Me encuentro una bandada de diez o doce a las que parece no molestar un hombre con un pepino. Así que mientras vuelan a mi alrededor, una queda inmortalizada.
Sabía que existían pero nunca había visto uno. El nombre común en castellano es impresionante: zarapito. Ahora me queda la duda de si es real o trinador. Ni idea. Evidentemente, en los parques y jardines de Mad no se ven muchos. Pero en las marismas de Isla Cristina, por lo menos vi a este, que tuvo encima la educación de quedarse quieto un rato.
Las egretta garzetta son más comunes, por lo menos allí, y esta sale pitando en cuanto me percibe, y eso que ese día me había duchado. Es grande, así que el despegue no es especialmente vertiginoso y me da tiempo a inmortalizarla y, de paso, a verle las plumas de la cabeza de las que todas las guías hablan pero que yo no había visto nunca.
Y ya para terminar, un simpático arenaria interpres en plumaje no nupcial. Yo había visto unos congéneres suyos en Gijón, hace un tiempo, y no pensaba que llegaran tan al sur. Pero parece que cuando migran se van a donde les peta, ningún rincón del mundo les parece demasiado lejano.
Y hasta aquí las fotos. Hay que aprovechar la temporada, porque luego cuando viene la calor hay menos variedad y muchos más turistas. Los placeres solitarios es lo que tienen.
7 de marzo de 2015
10 de febrero de 2015
Horror
Debía de ser allá por el año 89 cuando fui al cine un día a ver las amistades peligrosas, no confundir con el grupo de guarro-pop homónimo. En esa película, entre otras cosas, encargaban al Malkovich que entrenara en las artes sesuales a una joven inocente. Esa joven inocente, Uma Thurman, pasó a mi lista de mitos sesuales de la pantalla. Vi otras películas suyas sólo por esa razón y luego ya se me pasó la manía. Aunque los mitos sesuales siempre ocupan un lugar especial en la memoria de uno, hoy me sorprendo con la lectura de la noticia de su aparición con una cara distinta.
Evidentemente, el cuerpo de cada uno es su territorio personal así que puede hacer con él lo que le de gana, como han hecho Alaska o la duquesa de Alba, por citar dos ejemplos de cirugía bien resuelta, pero lo de Uma Thurman me resulta especialmente duro. No sé si podré superarlo.
Evidentemente, el cuerpo de cada uno es su territorio personal así que puede hacer con él lo que le de gana, como han hecho Alaska o la duquesa de Alba, por citar dos ejemplos de cirugía bien resuelta, pero lo de Uma Thurman me resulta especialmente duro. No sé si podré superarlo.
3 de febrero de 2015
43
El mundo blog languidece empezando por uno mismo. Hace poco ha desaparecido uno de los blogs señeros de mi comunidad, el afamado CSC, que se ha llevado a twitter sus recomendaciones sobre películas y las ha ampliado con música, series y las sesiones de djeísmo de su señora esposa. Recibo por la mañana las felicitaciones por el medio de moda, el puto whatsapp, y también recibo desde Gva un par de quesos de la Alta Saboya, de esos quesos que huelen fatal pero que saben a gloria alpina. Entre el whatsapp y los quesos, claramente me quedo con los quesos. Para celebrar el evento, desahucian en mi calle a una señora con dos niños. Se supone que está de okupa en un piso abandonado que pertenece a una empresa medio fantasma. En cualquier caso, a la fiesta acuden veintitantos antidisturbios, unos cuantos policías nacionales y algún municipal para controlar el tráfico. También el Samur Social, que Dios aprieta pero te ahoga. Buen material para un reportaje fotográfico, así que saco el pepino, apunto, disparo y luego retoco, no vaya a ser que se pueda identificar a nadie.
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