En la anterior
visita a la peña de la Cabra, soplaba el viento y la nieve cubría el monte. Esta vez, a finales de agosto, el sol pegaba sin pasarse y el viento soplaba, también sin pasarse. Puestos a recomendar, quizá sea más bonito venir aquí con el monte nevado, pero, al final, la peña tiene mucho encanto y, de momento, poco humano y casi ningún kleenex.
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