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18 de abril de 2014

Río Pradillo

El río Pradillo nace en la cara sur de Siete Picos y tras bajarse la cuesta se une al río Guadarrama y de ahí al Tajo y para Lisboa. Yo conocía el nombre por unos yogures que venden en el kkcentro que están muy ricos, son muy caros y se supone que la leche con la que están hechos viene de vacas que viven la mejor de las vidas vacunas posibles. El caso es que aprovechando la oferta de mi ex-v ( antes de handicaparse ) nos damos un paseo remontando el río y a la vuelta paramos a comprar unos cuantos de los susodichos yogures, que en la granja los venden a 3.50 los 750 gramos, euro y medio más barato que  en la tienda de Mad. Ya de paso, tiro fotos del río bajando, jugando con  el tiempo de exposición. A mí ex-v le gustan más con el agua agitada mientras que las fotos habituales suelen hacerse formando el efecto cortina de agua. En fin, mientras encuentro un lenguaje fotográfico propio, aquí queda el testimonio del viaje.

24 de febrero de 2014

La raja

Cuando mi hermano D nos propuso que fuéramos a la raja para la mini excursión previa a la celebración de cumpleaños en SdR, yo pensé que se estaba equivocando y que en realidad quería decir la Najarra, que viene a sonar parecido. Pero no, la raja existe y tiene entidad propia. Aún no me he enterado de sí es una falla o una antigua cantera o qué, pero el caso es que ahí está. Encima está dividida en dos tramos, la prerraja y la raja en sí propiamente dicha, separadas ambas por un cortadillo por el que caía el agua. El descenso a la raja, sin embargo, es curiosón y no vendría mal una cuerda o algo similar si no quiere acabar uno levantando niños en brazos o agarrando a sus hermanos por el cinturón no vaya a ser que pase algo. En fin, el saber no ocupa lugar y ahora ya sé dónde está la raja.

30 de noviembre de 2013

Río congelado

Si se aleja uno cien kilómetros de Mad puede llegar a pueblos de menos de cien habitantes. Ignoro cómo y de qué viven los indígenas, aunque puedo imaginarme, por experiencias pasadas, lo que es vivir en un pueblo pequeño. El caso es que justo al lado del pueblo pasa el río Jarama, casi recién nacido, y que está rodeado de bosques de melojos por los que se puede ir tranquilamente de paseo, aunque haga frío, esté nublado y el río se haya congelado. Dado que ya tenemos una edad, dejamos el bocadillo para otro día y terminamos comiendo en un restaurante, no vaya a ser que el balance calórico nos salga negativo y acabemos adelgazando.

5 de noviembre de 2013

Safari en Monfragüe

Cuando C me propone ir a Monfragüe durante el puente de todos los muertos, me sorprendo por un instante. ¿Se sabrá la canción aquella de "alimento con mi carne en Monfragüe aegypius monachus"? En fin, a nadie le amarga un dulce así que acabamos en el minúsculo pueblo de V de SC en una simpática casa rural. El nombre de la habitación es ciconia ciconia. Empezamos bien.

Entre el atasco a la salida de Mad y parar a comer y patatín y patatán el primer día empezamos a caminar un poco tarde y llegamos al cerro Gimio cuando el sol termina de ponerse, lo que deja unas hermosas vistas y nos obliga a ponernos las frontales para volver al pueblo a cenar y prepararnos para el día siguiente. He pedido un permiso para hacer el camino morado que se supone que es zona de reserva con aforo limitado. ¿Qué nos encontraremos?

Lo primero que nos encontramos a la salida del pueblo es un phoenicurus ochruros , luego hay unos cuantos passer domesticus y después está este parus major. Por la tranquilidad con la que posa, cualquiera diría que está contratado por la junta de Extrema y Dura para satisfacer las ansias fotográficas del safarista aficionado.  Un poco más abajo, vemos varios erithacus rubecola, pero la sorpresa está al llegar al embalse.

El embalse, que según Iberdrola es una maravilla tanto para el río como para la fauna, está lleno de unos bichos grandes y escandalosos. Parecen ser phalacrocorax carbo. Tras pasar un rato observando sus evoluciones damos un rodeo para cruzar a la otra orilla ya que el puente por el que teníamos que pasar está sumergido provisionalmente.

Tras rodear el embalse comenzamos a subir por una ladera entre encinas, alcornoques, jaras y madroños hasta llegar a un collado. Paramos un instante a contemplar el paisaje y las dehesas que quedan a nuestros pies cuando empiezan a pasar gyps fulvus por encima de nuestras cabezas.


Tras ver pasar mucho gyps fulvus de repente aparece un algo que sin ser igual no es lo mismo. Y es un aegypius. En fin, uno se puede ir a la cama tranquilo pensando en todos los buitres que le han pasado por encima. Hacerse el muerto a ver si bajan queda para otro día.


No todo van a ser aves. Volviendo por el camino nos encontramos con el simpático espectáculo de este escarabajo pelotero haciendo su pelota de caca de la que comerá él y su descendencia.




De una especie pequeña y coprófaga pasamos a un animal mucho más resultón, el cervus elaphus , mientras se busca las habichuelas entre la maleza. En fin, el día ha sido pródigo en momentos safáricos, así que volvemos a V de SC a pasar una noche fresquita y a prepararnos para el desayuno de la mañana siguiente.

El domingo vamos hasta el mirador de la Tajadilla. El camino va por la ladera del embalse y pasa por un par de fuentes escondidas entre alisos hasta que llega al mirador en cuestión. Enfrente tenemos una pared rocosa de la que aterrizan y despegan los gyps fulvus. Comemos y volvemos al pueblo. Cuando estamos en una de las fuentes nos sobrevuela este señor. De nuevo, no nos hacemos el muerto y pasa de largo.

En fin, hasta aquí el safari. Una vez en Mad, desaparecen las rapaces y recibimos, a cambio, la mierda de los tubos de escape. 


23 de junio de 2013

Fauna salvaje

C y compañía quieren ir de paseo así que me piden que busque una excursión bonita, sencilla y agradable y tras mirar acá y allá les propongo ir a la chorrera de R, cerca de C. La chorrera está cerca del pueblo pero, tras cruzar la presa del B, aunque la senda está marcada con hitos y la chorrera se ve a lo lejos, se avanza con alguna dificultad a causa de la vegetación desbordada. Los alérgicos lo pasamos muy bien, pero la belleza de lugar compensa los estornudos y los picores. Además no se ven ni klinex ni restos de paso humano, lo que no deja de ser un pequeño milagro en estos tiempos que corren y de paso vemos un milvus milvus y una hieraaetus pennatus de morfo claro. Miel sobre hojuelas.

Tras volver al pueblo y tomarnos un refrigerio en Alameda del Valle, donde veo un (creo) lanius meridionalis, volvemos a Mad. Estamos tumbados descansando un rato cuando recibo una llamada del psilomítico, anunciando que están en Mad y que por qué no nos vemos para cenar. Voy a la sala a hacer la reserva y es en ese momento cuando descubro una garrapata agarrada a mi muslo derecho. El animal en cuestión tiene unas bonitas rayas rojas, a diferencia de otras garrapatas que he visto, pero se agarra igual. Tras probar a echarle encima aceite de oliva sin resultados, me acerco a un consultorio de urgencias que hay cerca de casa. El recepcionista me dice que no cree que tengan instrumental para la operación y la enfermera me dice que no tiene ni idea de qué hacer porque no ha visto una en su vida. El médico sí que tiene experiencia y dice que la próxima vez la queme con un cigarro, aunque no es eso lo que recomiendan en diversas páginas consultadas, pero me la saca con unas pinzas. En fin, que después del momento garrapata aún nos da tiempo a ir a cenar con el psi y con E y con unos acompañantes suyos ginebrinos, una pareja anglo-germana y una canadiense que está en Mad haciendo un máster del universo. Esto nos permite sacar a paseo nuestro inglis y acostarnos a las tantas. Y a dormir, que ya está bien de jaleo.

16 de junio de 2013

De Colmenar a Manzanares

El clima castellano es muy duro. El sol pega fuerte un sábado de junio a las doce de la mañana cuando salgo de la estación de cercanías de Colmenar Viejo. Voy sin mapa pero sé que quiero ir a Manzanares por el camino que comparten el camino de Santiago madrileño y el GR-124. En Colmenar se ve algún poste que otro del GR, pero lo que se encuentra una vez que se acerca uno al centro del pueblo desde la estación son las flechas amarillas del camino. Tras atravesar urbanizaciones, porque Colmenar también ha sido pasto del fervor urbanístico, se llega a una glorieta por terminar y se sale del pueblo. El camino va entre muros de piedra hasta que sale al puente del Batán, justo debajo de la carretera de Cerceda. No hay mucha sombra que se diga. Desde ahí tomamos una cañada ancha y soleada, adornada en los lados con las peculiares flores violeta de la lavandula stoechas. El Yelmo sobresale por encima de la ladera del monte que estamos recorriendo y lo vamos dejando atrás. En un momento dado, el camino gira a la derecha y aparece de frente Manzanares. El camino baja hasta el embalse, lo cruza y ya está. Mientras espero el autobús, aprovecho para tomarme una horchata en la heladería de la plaza, rememorando viejas costumbres.

Nota ornitológica

A la salida de la estación de Colmenar me pasa volando por encima un milvus milvus. Pasa tan cerca que sin prismáticos se distinguen perfectamente los colores pardo-rojizos y las manchas blancas de las primarias. A mitad del camino, esta vez gracias a los prismáticos, observo por primera vez en mi vida un ejemplar de lanius senator, al que luego sigue otro. La combinación de negros y blancos y píleo y nuca rojizos son muy característicos. Para terminar, observo varios ejemplares de milvus migrans sobrevolando la cola del embalse de Santillana.