Recibimos la visita desde BCN de P. Como hace infinitos años, cuando coincidimos en GVA, nos vamos al cine a ver No. Antes de entrar a la sala, que está sorprendentemente llena, ignoro si porque es el día del espectador o porque la película tiene buena prensa, hago mi visita ritual al baño. Hago lo que tengo que hacer y, al volver a la sala, una señora mayor sube lentamente las escaleras del brazo de otra señora más joven. Dada mi buena educación, espero a que acaben de subir sin arrollarlas. Eso me da tiempo a fijarme en el pelo de la señora mayor, gris y alborotado. Y en sus medias, rosas de rejilla. Y tengo un presentimiento. Y termino de subir la escalera mientras la señora y su acompañante se dirigen a la salida. Y la miro. Y es ella. La duquesa por antonomasia.
A diferencia de mi anterior encuentro en la tercera fase, la susodicha no ha estado nunca en mi lista de mitos eróticos. Como C no ha venido, no recibo la oferta de irme con la otra si así lo deseo. Otra, que, por otra parte, se acaba de casar hace poco y que supongo que no anda buscando hombre. Así que doy por terminado el breve encuentro y vuelvo a la butaca. Se abre el telón ...
28 de febrero de 2013
18 de febrero de 2013
La estación de los amores
| Ciconias ciconias en acción |
| Juguemos al pilla pilla |
Pocos animales tienen tan mala fama como la, usemos por una vez el nombre común, paloma doméstica. Pero el palomo, al que el deseo no le envejece con la edad, persigue a la paloma, no vaya a ser que los horizontes perdidos no regresen jamás y tenga que lamentar las ocasiones que tuvo y perdió.
| Una pata todos |
Dos anas platyrhynchos machos miran a la hembra que está entre ellos. Teóricamente esta especie es monógama, así que quizás una hembra se ha salido del encuadre y las miradas que se dirigen los machos son de amistad, saludo o reconocimiento.
5 de febrero de 2013
Paquete sorpresa
Llego a casa y tengo un aviso del cartero que avisa que volverá a pasar más tarde. Cumple con lo avisado y trae un paquete misterioso. Lo abro y encuentro una oveja, un queso, un lomo y un trozo de papel. Supongo que no lo habrá escrito la oveja. Deduzco, por la forma y el olor del queso y, en parte, por el nombre del remitente, que se trata de una maniobra de los M-P para atufarme la casa. Malditos. Tendré que comérmelo rápido o comprar máscaras de gas para todos los vecinos. Qué dilema.
Fotografía ornitológica y onomástica
C sabe que un hombre bien alimentado da menos problemas, así que me lleva a la bonita localidad guadalajareña de Sigüenza, me aloja en un castillo con fantasma y me da de cenar y de desayunar a la mañana siguiente en un buffet libre a volonté. Tras salir del castillo, salimos a pasear por las cuestas de la ciudad. En la parte baja del pueblo hay un parque, nos sentamos en un banco y oigo un ruido familiar en las ramas del árbol que nos acompaña. Localizamos a un parus ater, bello pajarillo relativamente común en parques y jardines urbanos y me lanzó a fotografiarlo con el camarón de la isla. Dado el pequeño tamaño del susodicho y, a pesar de encontrarnos a metro y medio de distancia, no sale muy grande. Pero queda capturado fotográficamente para la eternidad.
Volviendo a Mad, vamos en el coche cuando, para nuestra sorpresa, una manada o rebaño o bandada de gyps fulvus está posada en los campos que hay a ambos lados de la carretera. Aparco el coche en la entrada de un camino y, desafiando las gélidas temperaturas, me acerco camarón en ristre, cual amigo Félix redivivo, a las alimañas, que nada más verme despegan dispuestas a devorar a esa bola de carne recién cebada que se aproxima. Me protejo bajo un árbol seco pero pasan de largo, dándome tiempo a inmortalizarles en diversas poses. Ha sido una suerte encontrarlos posados, mi carrera de ornito-fotógrafo acaba de empezar.
Volviendo a Mad, vamos en el coche cuando, para nuestra sorpresa, una manada o rebaño o bandada de gyps fulvus está posada en los campos que hay a ambos lados de la carretera. Aparco el coche en la entrada de un camino y, desafiando las gélidas temperaturas, me acerco camarón en ristre, cual amigo Félix redivivo, a las alimañas, que nada más verme despegan dispuestas a devorar a esa bola de carne recién cebada que se aproxima. Me protejo bajo un árbol seco pero pasan de largo, dándome tiempo a inmortalizarles en diversas poses. Ha sido una suerte encontrarlos posados, mi carrera de ornito-fotógrafo acaba de empezar.
Lo que queda del queso
Durante meses, el queso permaneció en la nevera sin abrir, siguiendo las recomendaciones del quesero que nos lo vendió a primeros de agosto. Sólo salió un par de veces para que se le limpiara la corteza y se le untara en aceite, para alejar a los mohos y a los malos espíritus. A C, sin ser mal espíritu, también le alejaba un poco el aroma que desprendía el queso, que acabó por impregnar toda la nevera y parte de los alrededores.
A finales de Diciembre, el queso fue cortado en dos mitades y repartido entre la familia. La otra mitad quedó en casa de sus curadores que, poco a poco, fueron dando buena cuenta de él. La última cuña está aún en la nevera, recordándonos lo bien que huele el jodío y lo bien que entra, sólo o con pan.
A finales de Diciembre, el queso fue cortado en dos mitades y repartido entre la familia. La otra mitad quedó en casa de sus curadores que, poco a poco, fueron dando buena cuenta de él. La última cuña está aún en la nevera, recordándonos lo bien que huele el jodío y lo bien que entra, sólo o con pan.
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