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25 de enero de 2011

Igualada m'agrada

La Brll y el M me esperan en Igualada, capital de la comarca de l'Anoia. A mí siempre me han gustado los viajes a lugares exóticos y practicar mis conocimientos de lenguas neolatinas, así que quitando un fallo garrafal en la tienda del monasterio de Montserrat, donde subimos andando el sábado desde Collbató, me doy un aprobado raspat. A los susodichos se les ve bien. Unas más embarazadas que otros pero bien. Unas más obsesionadas con la comida (chistorras, ensaladillas rusas, chorizos,etc..)que otros pero ahí está M para imponer sensatez, sentido común y ensaladas en la mesa. E Igualada tampoco está mal. Es una ciudad mediana, con muchas pastelerías para desayunar, y de tamaño manejable. Según M el único problema es la peste que se huele de vez en cuando si el viento trae los efluvios de alguna fábrica cercana. Entre la excursión y ver los tres tombs, se pasa el fin de semana volando y volando me vuelvo a Madrid en un Embraer 195, tecnología brasileña a su alcance y nada que ver con los Tupolevs de otras épocas.

9 de enero de 2011

Homenaje

Después de Pagafantas, película graciosa por lo cruel y realista en su descripción de ciertos aspectos escalofriantes de las interacciones hombre-mujer, su director vuelve en No controles al tema parejil, en este caso el de chico-intentando-recuperar-chica, todo aderezado con la bochornosa, a veces, y omnipresente presencia de un personaje llamado Juancarlitros que roba todo protagonismo a la pareja en cuestión. La película es mala, para que negarlo, pero te ríes un rato. Así que no la veáis en el cine, optad por formatos menos caros. La filmoteca, por ejemplo, no penséis mal. Edunardo, emulando al crítico sin criterio, le concede dos stillers, esperando que el resto del año cinematográfico sea mejor.

7 de enero de 2011

Reyes

La lesión del hermano mayor M impide que se celebre este año el tradicional partido de baloncesto de Reyes. Mejor así, porque los últimos años los dos pequeños se estaban cepillando sin problemas a los dos mayores gracias a su ejecución perfecta del bloqueo y continuación y a su dominio del rebote. Los años no pasan en balde y no hay peor ciego que el no quiere ver, con esto está dicho todo.

A pesar de la crisis, que de momento respeta a la familia salvo algunos recortes puntuales, y de mis tímidas campañas anti-objeto, este año se produce una avalancha de juguetes que cae sobre mis sobrinos cochinos mientras los primísimos se dedican a jugar al escondite metiéndose debajo de la cama de sus abuelos y mi sobrina se dedica a cuidar de los mellizos, lo cual viene a confirmar mi teoría de que el mejor juguete es uno mismo, seguido de los demás. En cualquier caso, doy por concluido el periodo navideño y comienzo con la purificación del cuerpo y la penitencia por los excesos.

Invierno canario

Cuando compramos el billete a las Palmas, porque era barato, yo no  tenía una idea muy clara de qué podíamos esperar de la isla. Luego se va buscando información y resulta que la isla era perfecta para unas vacaciones navideñas: sol, buen tiempo y excursiones aptas para lesionados del menisco.
La llegada a la isla decepciona un poco: los alrededores del aeropuerto están ocupados por invernaderos, una autopista y centros comerciales variados, pero una vez que se sale de la autopista, las carreteras empiezan a revirarse y a picar para arriba mientras atraviesan barrancos insostenibles, que de alguna manera se sostienen, y pueblos colgados en esos mismos barrancos. Y todo muy verde, con lo que alguna vez tienes la impresión de estar en centroeuropa pero con buen tiempo. Armados con nuestra guía Rother (pausa publicitaria: estas guías las descubrí en Gva y las que cubren aquella zona del planeta están ahora en manos de los trones. Son alemanas, buenas y económicas, me gustan mucho) al igual que los excursionistas alemanes que pululan por la isla, subimos al Pico de las Nieves, nos damos una vuelta alrededor del Roque Nublo, caminamos hasta la playa de Guayedra y recorremos las crestas que llevan al pico Altavista. Y todo con vistas del Teide y del mar de nubes. Cuando llegamos a Madrid, nos metemos en el metro y nuestra calidad de vida desciende unas décimas mientras la temperatura baja y la lluvia cae.