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7 de enero de 2011

Invierno canario

Cuando compramos el billete a las Palmas, porque era barato, yo no  tenía una idea muy clara de qué podíamos esperar de la isla. Luego se va buscando información y resulta que la isla era perfecta para unas vacaciones navideñas: sol, buen tiempo y excursiones aptas para lesionados del menisco.
La llegada a la isla decepciona un poco: los alrededores del aeropuerto están ocupados por invernaderos, una autopista y centros comerciales variados, pero una vez que se sale de la autopista, las carreteras empiezan a revirarse y a picar para arriba mientras atraviesan barrancos insostenibles, que de alguna manera se sostienen, y pueblos colgados en esos mismos barrancos. Y todo muy verde, con lo que alguna vez tienes la impresión de estar en centroeuropa pero con buen tiempo. Armados con nuestra guía Rother (pausa publicitaria: estas guías las descubrí en Gva y las que cubren aquella zona del planeta están ahora en manos de los trones. Son alemanas, buenas y económicas, me gustan mucho) al igual que los excursionistas alemanes que pululan por la isla, subimos al Pico de las Nieves, nos damos una vuelta alrededor del Roque Nublo, caminamos hasta la playa de Guayedra y recorremos las crestas que llevan al pico Altavista. Y todo con vistas del Teide y del mar de nubes. Cuando llegamos a Madrid, nos metemos en el metro y nuestra calidad de vida desciende unas décimas mientras la temperatura baja y la lluvia cae.

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