Los japoneses celebran los dos equinoccios y, teóricamente, es fiesta. Aunque luego está todo abierto y las carreteras están llenas de obreros trabajando. El único que no trabaja debo de ser yo. En fin, así que salgo del hotel sin rumbo fijo. Como ya he comentado, Rokkasho tiene mucha fauna, muchas marismas y al sur tiene el lago Ogawara (小川原湖). Me acerco a dicho lago, hace un viento impresionante, pero eso no quita para que varios milvus migrans se dediquen a hacer acrobacias aéreas mientras un montón de ejemplares de ardea alba y de ardea cinerea se pasean por los campos de los alrededores.
De vuelta en Rokkasho, me paro un momento en el observatorio que hay al lado del puente que cruza el Obuchinuma, otro lago de agua salobre y, probablemente, radiactiva, dadas las instalaciones que abundan por la zona. A veces me acerco un rato por las mañanas antes de ir al trabajo a ver qué se ve. Estos últimos días he visto un cisne solitario acompañando a las ardeidas y a los ánades. Para mi sorpresa, hoy se me acerca. Igual piensa que le voy a tirar pan, pero se ha equivocado de país. Aunque mi pepinaco se ha quedado en casa, el cisne se acerca lo suficiente para ser inmortalizado. Noto, además, que el color del pico no me cuadra con el de los cisnes que conozco yo, el cygnus olor. Para ayudarme con la identificación hay unos simpáticos paneles en japonés en los que han tenido la cortesía de añadir el nombre científico del animal, resultando ser éste un cygnus cygnus, o cisne cantor. Si es cantor de jazz o de ópera, eso ya se escapa a mi entendimiento.
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