El río no lleva mucha agua en estos momentos
así que de vez en cuando asoman los indicios de la presencia humana en estos lugares, sea la litrona de Mahou o sean las bolsas de plástico flotantes: está claro que en esta zona de esparcimiento y recreo los escasos humanos que hacen caso omiso de la urbanidad y las buenas maneras consideran que arrojar basura al río no está tan mal.
En el mejor de los casos, la basura irá al fondo y no se verá. También puede ser que la mierda se la lleve la corriente y tampoco se verá. Puede que la vean otros, pero esto es un problema relativo. Dependerá de la sensibilidad del observador y, en todo caso, a mí qué.
La vida sigue, relativamente ajena a la cerdez humana, y esta anas platyrhynchos se pasea por el río con sus patitos recién salidos del huevo, mientras pone a raya a los machos que se atreven a acercarse. Los patitos vienen y van, un poco alborotadamente, pero siguiendo a su pata madre la mayor parte de las veces.
La observación del milagro de la vida no consigue apartarme el ojo de la ocasional bolsa flotante o de la esporádica zapatilla abandonada. ¿Qué misteriosa razón lleva a una zapatilla a yacer en el lecho del río? ¿Dónde está la otra zapatilla? ¿Se ha cansado el príncipe de buscar a Cenicienta y ha tirado la zapatilla al río?
El misterio de la zapatilla sigue intrigándome ahora, cuando escribo estas líneas. Ignoro si es una zapatilla de hombre (yo diría que sí) o de mujer. Lo ignoro todo sobre esta zapatilla. Sólo sé que es negra y que ha sido adoptada por las aguas del Manzanares: a la fuerza o de buen grado, eso ya no puedo saberlo.
Dejo las zapatillas y sigo empepinando a los seres vivos que conviven con ellas en las aguas. En este caso, un simpático macho de anas platyrhynchos que se exhibe en el agua. Los anas como padres son algo descuidados y poco considerados, pudiendo llegar a intentar reproducirse por las buenas o por las malas con hembras de su misma especie u otra a las que pillen en un descuido aunque ya tengan patitos
También andan como pollos sin cabeza los machos de columba livia, persiguiendo a toda hembra que se les acerque mientras hinchan el buche, despliegan la cola y dan vueltas sobre sí mismos intentando seducir a la congénere. Si tienen éxito o no, no lo sé, pero ellos no dejan de intentarlo día tras día.
Tras la zapatilla, los plásticos y la litrona, llega el turno de otro de los grandes clásicos del basurismo: el cartón de Cumbres de Gredos. Imprescindible en todo botellón que se precie, ingrediente fundamental del calimocho; cumbre, sí, pero no de Gredos, sino de la enología moderna.
Y terminemos con otro habitante del río al que parece no importarle la basura ocasional. Aunque las guías modernas intentan imponer el nombre de gallineta común (gallinula chloropus), esto es lo que se conoce de toda la vida como una polla de agua. No diga polla, diga gallineta.
2 comentarios:
Lleva una bolsa de plástico presa en el árbol de enfrente como un mes y cada día me asomo por la ventana con la esperanza que se haya liberado pero nada...es que me molesta soberanamente, creo que la puso ahí el viento pero ya lo de las zapatillas y demás mierdas que acaban en las copas de los árboles es que no puedo con ello. Quizás sea el contraste de algo vivo y natural y que sobrevive a duras penas en la ciudad sucia y contaminada (patitos, pájaros, árboles...etc), con lo artificial y no biodegradable (zapatillas, bolsas, basura...etc)
Año 2000.
Parece que fue ayer.
Entre descenso de barranco y descenso de barranco,
dimos un paseíto de 20 km por Ordesa,
en busca de una cola de caballo
(perdón, gallineta de caballo).
Mi chica y un buen amigo
vieron a gran altura algo volando en grandes círculos,
que identificaron con emoción como un quebrantahuesos.
Habíamos sido informados de que había en la zona,
aunque era muy difícil verlos.
Después de un largo rato parados,
prismático de baja calidad en mano,
se dieron cuenta de que era una bolsa.
Una bolsa de CarrefuL, para más señas.
Publicar un comentario