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6 de febrero de 2016

Tablas

Para festejar mi enésimo aniversario, mi compañera de piso me obsequia con un viaje a la Mancha, con posada en Almagro y parada obligatoria en las Tablas de Daimiel con pepinón. Pasamos el sábado por allí y, aparte de la desafortunada experiencia gastronómica, vemos bichos y más bichos, con mención especial de la laguna de aclimatación en la que recuperan anátidas variadas y que nos sirve de curso intensivo de identificación.

Antes de llegar a la laguna de aclimatación, pasamos por otra por la que se pasea este tachybaptus ruficollis, simpático podicipediforme que no para de zambullirse a ver qué pilla. Esa mala costumbre suya de andarse zambullendo hace que resulte complicado pillarle en superficie. Además, nadan rápido los cabrones.

En la misma laguna que el tachybaptus está esta hembra (sin acritud) de anas platyrhynchos. Aparte de un par de machos de la misma especie, que se pasan el rato capuzando, no vemos nada más. Así que hacemos una pausa para comer y, a la vuelta, es cuando descubrimos la laguna de aclimatación y hacemos el máster en reconocimiento de patos.


He aquí otra hembra. Las hembras de los ánades y derivados suelen ser de colores más discretos que los machos. Juraría que esta pata es una netta rufina. Por supuesto, no me jugaría nada, o quizá sí, o vaya usted a saber. En cualquier caso, su congénere no andaba lejos.


Con éste sí que me lo juego todo. Rufo, del latín rufus, quiere decir, entre otras cosas, rojo. Y este señor tiene rufa la cabeza, rufo el pico y rufo el ojo. Además la luz acompaña, se me pone interesante y me hace ojitos. Qué más se puede pedir.



Siguiendo con los bichos que van por el agua y tienen la cabeza roja o algo así, he aquí la pareja al completo de anas penelope. Ignoro quién les puso el nombre y qué tiene que ver el penelopismo con estos animales. Misterios de la taxonomía.


Otra pareja. Esta es de tadorna tadorna. Menos agraciados que otras especies pero de todo tiene que haber en la viña del señor.





 Seguimos. Aquí lo que yo pienso que es un macho de anas strepera. Podría ser esto como podría ser cualquier otra cosa, salvo una cucaracha o un orangután. Tengo pocas convicciones pero las pocas que tengo son firmes.



Una más. He aquí otro macho, esta vez de aythya ferina. Tanta anátida y cada una de su padre y de su madre. ¿No podría haber una sola especie para evitar la confusión del naturalista aficionado?



Este es un primo del anterior, un macho de aythya nyroca. Según la SEO, este pobre animal está fatal en nuestro país porque cada vez que vemos una mancha de agua, la secamos o echamos las cacas dentro. La aversión del castellano al agua no conoce límites.



Un par de fotos y nos vamos. Otro animal amenazado por la becerrez del ser humano, un macho de oxyura leucocephala. Que venga una especie exótica y se hibride, con violencia, con la tuya propia tiene que deprimir a cualquiera.


Vamonos, que tanto pato me tiene mareado ya. Despedimos la conexión con otro macho (se jodió la paridad en esta entrada) de anas crecca. Ya que es el último, por lo menos que sea bonito.

1 comentario:

Anónimo dijo...

preciosos los bichos que han posado para la naturalidad con la que el fotógrafo los ha retratado.
Los pepinos están bien, pero que han sido una baratura.
ex-v