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2 de julio de 2014

Trayecto recomendado

Pasados ya los tiempos en los que con una bici de dos platos subía (y bajaba) los puertos de la sierra de aquí y de algunos de allá, la vuelta a Usela Town me ha permitido reencontrarme con mi bicicleta, abandonada por falta de espacio en mi nuevo domicilio. Así que dicho y hecho, después de nuestra primera noche me levanté a las siete y media de la mañana, bebí un poco de agua y salí en bicicleta en dirección al trabajo. Desde mi rincón useleño es relativamente fácil llegar a Mad Río. Las calles no tienen mucho tráfico y, aunque son estrechas, también son cuesta abajo, así que los coches que te vienen por detrás no se vuelven muy locos. Una vez en Antonio López, hay que descabalgar para meterse en el puente de Toledo y bajar hasta el carril bici. Me lo habían pintado peor, una jungla de ciclistas y peatones en dura competencia por el espacio disponible. El caso es que a esa hora se circula bien y en dos patadas se llega al puente del Rey, por debajo de Príncipe Pío. Allí cruzo el puente (con sus simpáticos adoquines) hasta la orilla izquierda del río y me meto en Aniceto Marinas, que es una calle tranquila, hasta el puente que está por debajo de las ermitas de San Antonio. Rodeando las ermitas, se entra al parque de la Bombilla del que se sale a la altura del puente de los Franceses. La opción vehicular pura sería ir por la avenida de Valladolid, pero tiene bastante tráfico, autobuses incluidos, y la entrada a la zona de la muerte es un poco truculenta. El caso es que salgo del parque, cruzo dos semáforos a pie, me reincorporo a la calzada y llega el momento de la verdad: la cuesta de la muerte. A este tramo de poco más de 200 metros de la calle Obispo Trejo le dan una pendiente superior al 4%. Otro día la mido, pero el caso es que consigo subir siguiendo una trayectoria sinusoidal y gracias al plato de 32 dientes que lleva mi bici. Una vez arriba, se tuerce a la izquierda hacia la calle Martín Fierro, que lleva hasta el INEF y, ya desde allí, sólo queda rodear la valla del palacio de la Moncloa, pasar por debajo de la autopista y negociar un último repecho (más suave que el del Obispo) hasta salir enfrente de medicina. El resto es trivial. A la llegada al prestigioso centro etc... estoy hecho una sopa. Paso por la ducha y permanezco en shock toda la mañana hasta la hora de la comida. A las cinco me vuelvo. Es todo cuesta abajo pero me duele tanto el contorno del culo (los sillines de las bicis de carretera son duros con los traseros) que no puedo casi ni dar pedales hasta que llego a la calle Baleares, ya cerca de casa, y no queda más remedio. La ventaja con respecto al transporte público es que se tarda un poco menos y, sobre todo, que es mucho más entretenido. Mañana, más.

1 comentario:

Anónimo dijo...

Javi Malo fue el responsable dentro de su estudio Burgos & Garrido del proyecto MRio(de verme tan bella en este espejo) y da tours a pie y en bicicleta. A ver si nos vemos un año de estos, que no te he visto desde antes de que desaparecieran los Renoir de 4caminos.
Montiverdi