El sábado, antes de ir a rescatar a Ella, salgo de randonnée. A las 8h30 empezamos a subir por un caminito hasta un collado. A la izquierda una ladera a sus buenos 35° nos espera con la nieve más dura que un canto. Empiezo a subir con la angustia típica de estos casos, ya que sería difícil frenarse en caso de caída. A mitad de ladera, aprovechando una repisilla, metemos las cuchillas y continuamos en travesía ascendente. Llega el momento de la conversión, una señora del grupo que subía como una moto, pierde el equilibrio en mitad de la conversión y comienza a resbalar ladera abajo. Tras un par de segundos, mete los esquís en paralelo por debajo suyo, se frena con los bastones y se detiene unos treinta metros debajo nuestro. Qué mal cuerpo. Acelerado por el terror, prosigo la subida sin detenerme hasta que la ladera pierde inclinación y nos encontramos al pie de la última pala. Llegamos a la cumbre. Un viento frío trae nubes del sur y despeja la niebla que se había instalado a nuestros pies.
Comenzamos la bajada sin mayor problema. Esquío bien pero mis trazas siguen sin tener la regularidad perfecta de los que saben. En un momento, atravesamos horizontalmente para descender directamente sobre la pista. Un pequeño riachuelo cubierto de nieve. Intento atravesarlo y los esquís se empotran contra algo duro y suena crack. Como a mí no me duele nada, saco los esquís y veo que mi esquí derecho se ha roto. El chef de course saca unos panduits y cinta e intentamos rigidizar la tabla pero no hay manera. Me quito los esquís y me tiro cuesta abajo a pie. A partir de ahí, voy por la pista trotando y consigo llegar con ellos a los coches. Ahora, a ver que tablas me pillo.
27 de febrero de 2006
20 de febrero de 2006
Torino Due milla Sei
Salve, hijos del rock and roll. Os saluda el aliado de la noche.
Esta semana también iba a hacer travesía. Sin embargo, el jueves y el viernes cayeron fuertes nevadas que hicieron desaconsejable practicar este bello deporte por el riesgo de avalancha. El viernes nos encontramos con nuestros amigos R&A y acabamos el domingo en Turín, con una tremenda nevada que parecía hecha de encargo para enaltecer el espíritu olímpico de invierno.
El sábado cogimos el elefante (digo, la macchina) y seguimos las huellas de Aníbal hasta el Gran San Bernardo, con una parada táctica en Lavey para tomar las aguas. El caso es que no acabamos muy satisfechos, dada la saturación del recinto (hay menos gente en verano) y no atinábamos a saber si el calorcito era de las aguas termales o venía de los allí reunidos. Salimos del lugar y emprendimos la ascensión del coloso alpino bajo la nieve. A continuación, emprendimos el descenso del coloso alpino también bajo la nieve y llegamos a Aosta, donde nos zampamos unas pizzas en un garito muy moderno, especie de discoteca restaurante junto al Arco Romano. Nuevo ascenso bajo la nieve para llegar a Valtournenche y fin de etapa.
La mañana siguiente, de nuevo bajo la nieve, nos acercamos a Cervinia y esquiamos (en pista :( ) pero sólo medio día. Estuvo bien, pero por la compañía, no por las pistas que son super planas. Vimos cuatro o cinco ambulancias recogiendo esquiadores ya que el sitio estaba lleno de amateurs bastante amateurs.
En fin, tras el sprint final para intentar amortizar al máximo el forfait, a las dos emprendíamos el descenso hacia Torino. Ella permanecería allí unos días y ya de paso que la dejábamos sana y salva, contemplamos el panem et circenses que han organizado en la capital piemontesa. A todo esto, nevaba a todo nevar. La ciudad estaba llena de turistas olímpicos (españoles no había, al menos visibles) rusos, finlandeses, canadienses, americanos, suecos y habían montado un concierto de Whitney Houston (que está viva todavía) que no fuimos a ver, otra vez será.
Por la mañana, con la nieve aún cubriendo las calles, salimos de la ciudad y regresamos a Gva. Ella queda allí hasta la semana que viene.
Esta semana también iba a hacer travesía. Sin embargo, el jueves y el viernes cayeron fuertes nevadas que hicieron desaconsejable practicar este bello deporte por el riesgo de avalancha. El viernes nos encontramos con nuestros amigos R&A y acabamos el domingo en Turín, con una tremenda nevada que parecía hecha de encargo para enaltecer el espíritu olímpico de invierno.
El sábado cogimos el elefante (digo, la macchina) y seguimos las huellas de Aníbal hasta el Gran San Bernardo, con una parada táctica en Lavey para tomar las aguas. El caso es que no acabamos muy satisfechos, dada la saturación del recinto (hay menos gente en verano) y no atinábamos a saber si el calorcito era de las aguas termales o venía de los allí reunidos. Salimos del lugar y emprendimos la ascensión del coloso alpino bajo la nieve. A continuación, emprendimos el descenso del coloso alpino también bajo la nieve y llegamos a Aosta, donde nos zampamos unas pizzas en un garito muy moderno, especie de discoteca restaurante junto al Arco Romano. Nuevo ascenso bajo la nieve para llegar a Valtournenche y fin de etapa.
La mañana siguiente, de nuevo bajo la nieve, nos acercamos a Cervinia y esquiamos (en pista :( ) pero sólo medio día. Estuvo bien, pero por la compañía, no por las pistas que son super planas. Vimos cuatro o cinco ambulancias recogiendo esquiadores ya que el sitio estaba lleno de amateurs bastante amateurs.
En fin, tras el sprint final para intentar amortizar al máximo el forfait, a las dos emprendíamos el descenso hacia Torino. Ella permanecería allí unos días y ya de paso que la dejábamos sana y salva, contemplamos el panem et circenses que han organizado en la capital piemontesa. A todo esto, nevaba a todo nevar. La ciudad estaba llena de turistas olímpicos (españoles no había, al menos visibles) rusos, finlandeses, canadienses, americanos, suecos y habían montado un concierto de Whitney Houston (que está viva todavía) que no fuimos a ver, otra vez será.
Por la mañana, con la nieve aún cubriendo las calles, salimos de la ciudad y regresamos a Gva. Ella queda allí hasta la semana que viene.
12 de febrero de 2006
Rando 6
Ayer hice mi primera salida de esquí de la temporada. Había estado parado un par de semanas a causa de mi enfermedad imaginaria y en cuanto los médicos me dieron el visto bueno, lo primero que hice fue arbitrar el miércoles y el jueves (pa sacarme unos cuartitos y darme unas carreritas) y apuntarme a la salida del sábado. Así que me levanté tempranito, cargué los bártulos y llegué al rendez-vous de las 7h15 con algo de antelación. Tras repartirnos entre los coches, nos fuimos hacia Les Confins, el sitio que da acceso a todas las combes de los Aravis, paraíso del esquiador de randonnée.
El día estaba soleado y las montañas brillaban bajo su capa de nieve fresca. Nuestro grupo partió hacia la tercera combe a la derecha, la de Tardevant. Probablemente sea la más sencilla de la zona, más amplia y menos pendiente que sus vecinas, pero al necesitar una travesía horizontal para llegar a su base, se está algo más tranquilo que en las combes de paccali y la de la tête pelouse.
Resumiendo: buen día, buena nieve, mi estado de forma pichí-pichá y un descenso bastante bueno por mi parte (tosco pero eficaz), salvo el pequeño desliz del final que me hizo saltar un pedrolo para mi sorpresa. No hay que lamentar daños personales ni materiales.
El día estaba soleado y las montañas brillaban bajo su capa de nieve fresca. Nuestro grupo partió hacia la tercera combe a la derecha, la de Tardevant. Probablemente sea la más sencilla de la zona, más amplia y menos pendiente que sus vecinas, pero al necesitar una travesía horizontal para llegar a su base, se está algo más tranquilo que en las combes de paccali y la de la tête pelouse.
Resumiendo: buen día, buena nieve, mi estado de forma pichí-pichá y un descenso bastante bueno por mi parte (tosco pero eficaz), salvo el pequeño desliz del final que me hizo saltar un pedrolo para mi sorpresa. No hay que lamentar daños personales ni materiales.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)