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12 de abril de 2010

El otro lado

Cuando se va a la Pedriza, se suele empezar en Canto Cochino o en Manzanares. El lado este de la Pedriza está ocupado por fincas privadas valladas y surcado por pistas de tierra con lo que el acceso resulta menos cómodo. El GR10 pasaba por aquí, y aunque algunos hitos siguen marcando el camino, las marcas de pintura ya casi ni se ven y el GR tiene que dar muchas vueltas para evitar las vallas y muros de las fincas.

En todo caso, me acerco con mi tío y con mi primo A a dar una vuelta. En la subida hasta el collado de la Dehesilla, el camino va cubierto de vegetación pero se sigue más o menos bien. Mi tío, que recordaba el camino menos duro, se queda a echarse una siesta en la pradera del Yelmo mientras A y yo subimos a la cumbre. En esta última temporada madrileña he debido de subir cinco o seis veces, porque es una cumbre muy divertida para los turistas y para mí también, claro.

Bajamos retostaos y cansadetes de la caminata. Mi tío dice que a ver cuando ponen una carretera hasta arriba que los caminos erosionan mucho.

7 de abril de 2010

Estás muy pálido...

...me dijo la señora. Acababa de dar una vuelta a la manzana que hacen Vitruvio y Serrano al lado del Magariños. Los nenes me habían sacado unos cuantos metros y cuando llegué a la meta, la señora me soltó lo de la palidez.
- Es que ya no tienes edad para estas cosas, deja que corran los chavales y tú no te esfuerces, que te va a dar algo. Como dice una congoleña que tengo en casa, tanto nadar para morir en la orilla.
- Ya señora, pero hacer ejercicio está bien. Estos nenes están fuertes pero el ejercicio es para todas las edades.
- Ay, no. Mira, yo soy canaria, de un pueblo con vistas al mar y tengo cinco hermanos que hacían lucha canaria. Y una vez, uno sacó a doce del terrero y le dijeron que no hiciera más eso. Porque te esfuerzas y luego te quedas así de pálido y te da algo.
- Como para decirle nada usted. De todas formas, yo soy pálido de por mí.
- Es que la palidez aquí en Madrid va por dentro. Nadie se habla, todos cierran la puerta. Mira yo, os preguntaréis que qué hago aquí hablándoos, metiéndome donde nadie me llama, pero es porque soy de pueblo y allí la gente se habla por la calle.
- Y nosotros también, mire usted.
- Bueno, os dejo que voy a coger el autobús. Y tú no corras tanto, que te va a dar algo.

Mis nenes ahora no dejan de repetirme que estoy muy pálido.

4 de abril de 2010

Cazorla

Le pido a A que me sugiera ideas para ir en semana santa a Cazorla y acabamos con un macuto enorme a la espalda subiendo y bajando por torcales, pedreras, carriles y caminos de herradura entre pinos y más pinos y, de vez en cuando, un tejo o una encina. El primer día subimos al Aguilón del Loco y al Pico Cabañas (con su prometedor refugio cerrado a personas no autorizadas) y al día siguiente nos damos una vuelta larga, pasando por Puerto Pinillo, bajando hasta algo por encima del nacimiento del Guadalquivir y volviendo por el collado Angosto para coger el carril que llega hasta la carretera que sube al puerto de Tíscar. Dicho así, no parece mucho, pero salen dos jornadas de casi doce horas de actividad con el mochilón a cuestas: con el saco, el aislante, el infiernillo, la comida, la ropa y la tienda de acá para allá.

Vaya, que si quería conocer Cazorla, aunque sea una esquinita de ná, ya está hecho. Y gracias a A y a sus colegas del Jabalcuz por la compañía de estos dos días.