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24 de octubre de 2010

Etiqueta excursionista

Cuando empecé a salir al monte con P y S me vi sorprendido por un apasionante fenómeno: la gente se saludaba al encontrarse por los caminos. Ya fueran los holas de las sierras madrileñas o los más exóticos apas o bon días de los Pirineos, algunos saludos llegaban a convertirse en pequeñas conversaciones sobre el tiempo o preguntas sobre la ruta a seguir. Llegó el día en que me planté en Chamonix y en las laderas abruptas, con los glaciares de fondo, la gente te decía Bonjour o Bonsoir según la hora a lo que tú respondías bonyur y bonsuar según correspondiera. Los Salve italianos y los grützi suizos eran las expresiones utilizadas en aquellas tierras. Conclusión: en Europa occidental, raro era el excursionista que no saludaba. Llegamos al año 2010. La región de Mad está ocupada por seis millones y pico de personas. Con tanta gente, es fácil encontrar rebaños humanos en las bellas, pero masificadas, montañas madrileñas. E igual que el hijoputismo abunda en la urbe, los urbanitas transformados temporalmente en excursionistas aplican sus hijopúticos códigos urbanos al monte y no saludan ni aunque les provoques con un hola. Es el fin del mundo tal como lo conocemos y un signo de que vamos camino del hoyo como especie. No soy optimista, no. Ignoro qué político abrazará la tarea de devolver la educación y los buenos modales a las masas embrutecidas o, en su defecto, de eliminarlas de la faz de la tierra. Pero dense prisa, por favor, no hay tiempo que perder.

20 de octubre de 2010

Vuelta al tajo

Me dan hora un lunes a las 12:34 para la consulta de rehabilitación. Tras perder media hora intentando cambiar la hora, me digo al final que no se va a hundir el mundo por llegar tarde al trabajo y voy a la consulta. Cuando entro, la doctora pasa diez minutos rellenando la aplicación informática. Cuando ya me estoy preguntando que qué hago ahí, me pregunta que qué tal estoy. Digo que bien, más que nada porque ya estoy harto de ir al médico y los ejercicios que me han mandado los puedo hacer en cualquier parque o en mi casa mismamente. El martes por la mañana paso el reconocimiento médico del Ciemat. Estoy como una rosa, quitando mi tradicional exceso de masa (muscular) y mi pérdida de oído (?). Así que el martes vuelvo al pabellón de la ETSII y empiezo a hacer gimnasia con los nenes, que están un año más mayores, con el objetivo de acabar como el de la foto, de gobernadores de California.

Tarde de martes

Por la mañana empiezan a llegar rumores de que un enemigo se ha infiltrado en el blog de la presidenta de los Jungle Fever y, al ver ciertos comentarios ligeramente ofensivos, ha montado en cólera y el partido del sábado se promete caliente, caliente. Más adelante, otro mensaje, este de Jtrón, nos promete esta vez un viernes caliente de basket callejero y persecuciones policiales nocturnas. Cuando llego al labo, JM me informa que su jefe acaba de morirse al pie del cañón en su edificio. Hemorragia pulmonar, dice, consecuencia de un cáncer de pulmón contraído a pesar de dedicar su vida al deporte y evitar el tabaco. Y para rematar, llega una carta del centro a mi despacho, pero a nombre de mi hermano D, en la que le informan de que por haber hecho huelga el 29 de septiembre, le van a retener sus haberes en función de la Disposición Adicional Duodécima de la Ley 30/1984, de 2 de Agosto, de Medidas para la Reforma de la Función Pública. Se le concede un plazo de diez días para que presente las alegaciones oportunas. Dado que el que trabaja aquí soy yo, menos cuando estoy de huelga, voy a dejar que le intenten retener sus haberes a mi hermano a ver qué pasa.