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1 de julio de 2013

Día en Gredos

A las diez de la mañana dejamos el vehículo en la Plataforma y empezamos a subir por el camino de la Laguna. Yo ya ni me acuerdo de la última vez que estuve por aquí pero la cuesta de los barrerones se hace más ligera sin ir cargado como una mula y sin nieve, así que en algo menos de dos horas llegamos a la Laguna.

El día es bueno y hay bastante gente, así que le propongo a C que en vez de volver por donde hemos venido que bajemos por la garganta y luego remontemos la garganta de las Pozas. Por lo que veo en el mapa no debería ser mucho, cuatro horas, calculo. Así que empezamos a descender la garganta, sorteando las zonas de cascadas y viendo animales variados: cabras, lagartos, lagartijas, mariposas, ranas y renacuajos. De vez en cuando nos cruzamos con humanos, pero son pocos. El camino se sigue de aquella manera. Hay varias líneas de jitos a un lado y otro del río y en las zonas de pradera hay que tener cuidado con los charcos. Entre pitos y flautas llegamos algo tarde al cruce con la garganta de las Pozas ( son algo más de las seis ) y algunos miembros de la expedición empiezan a dudar de la precisión de los cálculos de otros.

Aunque la dirección general está clara, hay que remontar la garganta hasta el final y apareceremos en algún punto cercano al refugio de Reguero Llano, el camino no está ni muy ni poco marcado, así que meto la pata y remontamos por la margen izquierda de la garganta por una zona de bloques y piornos que se hace algo fatigosa. Al fin, vemos una traza de sendero cerca del río, bajamos hasta ella y a partir de ahí, aunque vamos cansados y sedientos, subimos y subimos y subimos hasta que al final vemos a un lado el refugio y al otro el camino de la Laguna. Son algo más de las nueve pero aún hay luz.

Vamos al refugio. Nos tomamos unas cocacolas y un poco de agua. El guarda me comenta que el camino, efectivamente, está poco marcado pero que hay que subir por donde subiría un burro. Disimulo que no he pillado la indirecta y nos despedimos del guarda para bajar directamente a la plataforma. Son las diez y diez, empieza a oscurecer y ya sólo nos quedan ganas de cenar y dormir.

La nota ornitológica de la jornada la ponen los simpáticos ejemplares de oenanthe oenanthe que vemos por el camino. En la remontada por la garganta de las Pozas hay mucho pájaro cantor, pero estoy en modo supervivencia así que ya vendré a ver pájaros otro día.

23 de junio de 2013

Fauna salvaje

C y compañía quieren ir de paseo así que me piden que busque una excursión bonita, sencilla y agradable y tras mirar acá y allá les propongo ir a la chorrera de R, cerca de C. La chorrera está cerca del pueblo pero, tras cruzar la presa del B, aunque la senda está marcada con hitos y la chorrera se ve a lo lejos, se avanza con alguna dificultad a causa de la vegetación desbordada. Los alérgicos lo pasamos muy bien, pero la belleza de lugar compensa los estornudos y los picores. Además no se ven ni klinex ni restos de paso humano, lo que no deja de ser un pequeño milagro en estos tiempos que corren y de paso vemos un milvus milvus y una hieraaetus pennatus de morfo claro. Miel sobre hojuelas.

Tras volver al pueblo y tomarnos un refrigerio en Alameda del Valle, donde veo un (creo) lanius meridionalis, volvemos a Mad. Estamos tumbados descansando un rato cuando recibo una llamada del psilomítico, anunciando que están en Mad y que por qué no nos vemos para cenar. Voy a la sala a hacer la reserva y es en ese momento cuando descubro una garrapata agarrada a mi muslo derecho. El animal en cuestión tiene unas bonitas rayas rojas, a diferencia de otras garrapatas que he visto, pero se agarra igual. Tras probar a echarle encima aceite de oliva sin resultados, me acerco a un consultorio de urgencias que hay cerca de casa. El recepcionista me dice que no cree que tengan instrumental para la operación y la enfermera me dice que no tiene ni idea de qué hacer porque no ha visto una en su vida. El médico sí que tiene experiencia y dice que la próxima vez la queme con un cigarro, aunque no es eso lo que recomiendan en diversas páginas consultadas, pero me la saca con unas pinzas. En fin, que después del momento garrapata aún nos da tiempo a ir a cenar con el psi y con E y con unos acompañantes suyos ginebrinos, una pareja anglo-germana y una canadiense que está en Mad haciendo un máster del universo. Esto nos permite sacar a paseo nuestro inglis y acostarnos a las tantas. Y a dormir, que ya está bien de jaleo.

16 de junio de 2013

De Colmenar a Manzanares

El clima castellano es muy duro. El sol pega fuerte un sábado de junio a las doce de la mañana cuando salgo de la estación de cercanías de Colmenar Viejo. Voy sin mapa pero sé que quiero ir a Manzanares por el camino que comparten el camino de Santiago madrileño y el GR-124. En Colmenar se ve algún poste que otro del GR, pero lo que se encuentra una vez que se acerca uno al centro del pueblo desde la estación son las flechas amarillas del camino. Tras atravesar urbanizaciones, porque Colmenar también ha sido pasto del fervor urbanístico, se llega a una glorieta por terminar y se sale del pueblo. El camino va entre muros de piedra hasta que sale al puente del Batán, justo debajo de la carretera de Cerceda. No hay mucha sombra que se diga. Desde ahí tomamos una cañada ancha y soleada, adornada en los lados con las peculiares flores violeta de la lavandula stoechas. El Yelmo sobresale por encima de la ladera del monte que estamos recorriendo y lo vamos dejando atrás. En un momento dado, el camino gira a la derecha y aparece de frente Manzanares. El camino baja hasta el embalse, lo cruza y ya está. Mientras espero el autobús, aprovecho para tomarme una horchata en la heladería de la plaza, rememorando viejas costumbres.

Nota ornitológica

A la salida de la estación de Colmenar me pasa volando por encima un milvus milvus. Pasa tan cerca que sin prismáticos se distinguen perfectamente los colores pardo-rojizos y las manchas blancas de las primarias. A mitad del camino, esta vez gracias a los prismáticos, observo por primera vez en mi vida un ejemplar de lanius senator, al que luego sigue otro. La combinación de negros y blancos y píleo y nuca rojizos son muy característicos. Para terminar, observo varios ejemplares de milvus migrans sobrevolando la cola del embalse de Santillana.