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28 de septiembre de 2007

Donostia Ale

Fin de semana en Donostia. Aquí tenemos los trofeos de caza y aquí el relato y las críticas cinematográficas de M con las que básicamente coincido. Aunque ya lo he contado a todos mis allegados, el festival estuvo de puta madre. Estábamos en un hostal en pleno centro, a cinco minutos de todas partes. Los pinchos se amontonaban en las barras de los bares. La gente se hablaba en las colas y preguntaba ( preguntas y gilipolleces ) en los coloquios con los directores. Vi a Carlos Boyero, cuando aún estaba en el Mundo, al Noriega, a Viggo Mortensen, al Richard Giar, al Paul Auster, a la Cayetana Guillén, al Sergi López...
He visto cosas que vosotros no creeríais. Todos estos instantes se perderán en el tiempo, como lágrimas en la lluvia.


11 de septiembre de 2007

Magiares

Ya he usado la cita otras veces, pero viene que ni pintada en muchas ocasiones: cuando todo da lo mismo, ¿por qué no hacer alpinismo?. Cámbiese el alpinismo por turismo, termalismo y magiarismo y obtendremos una descripción más adecuada de lo que fue mi viaje relámpago a Budapest en compañía de A y E.
Llegué a Budapest un miércoles por la noche. Había convenido con el señor Sugar, un misterioso hombre de negosios húngaro, que un chófer iría a recogerme al aeropuerto para llevarme hasta el apartamento donde me esperaban mis compinches. El chófer, que cojeaba ostensiblemente después de haberse roto las dos piernas en un accidente de tráfico hacía seis años, era un chaval muy majete que me estuvo dando charleta todo el viaje. El muchacho tenía muchas ganas de irse de Hungría para hacer fortuna pero no le debían ir muy mal las cosas porque tenía un VW Bora de 200 CV con el interior en cuero y cambio automático. Llegamos al destino y me dijo que el apartamento estaba en la calle Dohany y que llamara al 31 en el telefonillo. Llamé al 31 y un inglés me dijo que me equivocaba de número. Mandé un sms a E y me dijo que bajaba en un segundo. Cuando pasaron diez minutos pensé que ni siquiera la mujer más lenta tarda tanto. En eso llegó otro sms diciendo que no me veían. Respondí indicando mi posición y me confirmaron lo que me temía: me habían dejado en un sitio equivocado. No hay cosa que me guste más que que me dejen abandonado en una ciudad del antiguo bloque soviético a las once de la noche. Afortunadamente, había imprimido un plano reducido donde figuraba la localización exacta del apartamento. Gracias a mi sentido de la orientación, en diez minutos llegué a la calle Asboth. Salieron a recibirme, me instalé y, después de hacer los planes para el día siguiente, cada mochuelo se fue a su olivo.
El jueves desayunamos frugalmente y salimos a tomar un café para poder empezar la jornada dopados. Allí me dí cuenta de que me había dejado la tarjeta de memoria de la cámara en el PC y que la memoria interna sólo me daba para 24 fotos. Cogimos el metro para ir a Buda, la parte de la ciudad en la orilla derecha del Danubio. Una vez en Buda, subimos a la colina donde está el cascarón del palacio real (arrasado en la WWII y reconstruido sólo por fuera), la iglesia de san Matías, la trampa para turistas en la que comimos y la tienda de paraguas mágicos. También había una calle con sorpresa, pero es eso, una sorpresa. La jornada acabó, después de cruzar el Danubio en un restaurante recomendado por la guía routard. Tras una sobredosis de sopa, carne, paprika y digestivo volvimos al apartamento.
El viernes, tras el café de rigor, subimos a la cúpula de San Estebán para ver la ciudad desde las alturas. Desde allí nos encaminamos a la sinagoga judía. Había 700.000 judíos en Hungría antes de 1945, después sólo una tercera parte. En el museo anexo a la sinagoga tenían una colección de objetos de todo tipo y una pequeña exposición fotográfica sobre el comienzo de las deportaciones en 1944. Con mal cuerpo tras la visita, acabamos en otro restaurante recomendado por la routard. Comimos estupendamente por cuatro forints. Pasamos por la plaza Liszt y subimos por la Andrássy útca (los pretendidos campos elíseos budapestinos) hasta la plaza de los héroes, donde los siete magiares del apocalipsis nos contemplaban feroces. Llegó el momento del termalismo y entramos en las termas Széchényi. Tras un par de horitas de ir de piscina en piscina y sauna en sauna, volvimos al apartamento, salimos a cenar y nos recogimos.
Ya sólo quedaba media jornada, que fue aprovechada para visitar la ópera y el museo de bellas artes. Tras empacharnos de cultura, fuimos a comer a un café muy fashion en Andrássy y allí me despedí de A y E y me fui al aeropuerto. Allí todavía me quedaba la sorpresa de ver que mi vuelo estaba overboqueado y que me mandaban a Gva vía Frankfurt y con 250 euros en el bolsillo de indemnización. Menos da una piedra. Y mañana, a Madrid.

3 de septiembre de 2007

Finales de agosto


Había vuelto de Girona con el MM y la novia borrokilla y sórdida que tiene, la B. Esa semana empezaron a llegar cartas en las que aparecían mi nombre y el de ella, remitidas por las autoridades francesas. La primera carta decía que había sido fotografiado a 112 km/h en un punto donde el límite era de 110. Me cobraban 45 euros y me quitaban un punto de carnet. La segunda carta decía que había sido fotografiado a 111 km/h en un punto donde el límite era de 110. Me cobraban 45 euros y me quitaban otro punto. Al tercer día, abrí el buzón y ya no había más cartas, así que ese finde me fui con MM, la B, la hermana de MM, A, que estaba de visita; el J, la M y S y J al refugio de Louvie ( ver fotos ). El refugio este no era nuestra primera opción, porque habíamos llamado antes a un par de sitios y estaban todos llenos. Pero la elección no estuvo mal. Dos guardianas muy jóvenes, una de ellas muy mona, se encargaban del lugar. El refugio está bastante nuevecito y su utilidad principal es que se encuentra en plena ruta Chamonix - Zermatt. Después de darnos una vuelta por la zona el domingo volvimos a Gva.
Esa semana decidí dar una fiestecilla en casa con el pretexto de recoger las manzanas del manzano. El problema es que el día elegido llovía a cántaros en los dientes y hubo que meterse en casa a cenar. A pesar de que éramos unos cuantos, cupimos todos en amor y armonía y nos tomamos el bizcocho de manzana que hizo el J y la compota que hizo la M. La semana social continuó el viernes con una cena en casa de A con el pretexto de ver los siete samurais. Al final no vimos ni uno. El sábado, fui con los grumetes RM, MM y la B a una carrera de orientación. Decidimos hacerla en grupo y salimos contentos con el resultado hasta que una señora nos dijo que nos habíamos equivocado en una baliza. Para celebrarlo, acabamos en casa haciendo una mini hamburger-bbq que no estuvo mal. Luego me fui a Gva porque L daba una fiesta en su casa. La fiesta tenía una ratio H/M más que aceptable pero cometí el error de acabar en el shaker's, tugurio en el que he estado dos veces en mi vida y creo que ya me ha llegao. De aquí pasamos al domingo, día que eligió la lavadora para volver a descorrearse. Ha llegado el momento de comprar una lavadora nueva, a poder ser con cadena. Hoy se ha ido la B y el miércoles me voy a Budapest con E, A y puede que IM si finalmente se decide. Y luego a Madrid y luego a Donostia y luego a ...