C y compañía quieren ir de paseo así que me piden que busque una excursión bonita, sencilla y agradable y tras mirar acá y allá les propongo ir a la chorrera de R, cerca de C. La chorrera está cerca del pueblo pero, tras cruzar la presa del B, aunque la senda está marcada con hitos y la chorrera se ve a lo lejos, se avanza con alguna dificultad a causa de la vegetación desbordada. Los alérgicos lo pasamos muy bien, pero la belleza de lugar compensa los estornudos y los picores. Además no se ven ni klinex ni restos de paso humano, lo que no deja de ser un pequeño milagro en estos tiempos que corren y de paso vemos un milvus milvus y una hieraaetus pennatus de morfo claro. Miel sobre hojuelas.
Tras volver al pueblo y tomarnos un refrigerio en Alameda del Valle, donde veo un (creo) lanius meridionalis, volvemos a Mad. Estamos tumbados descansando un rato cuando recibo una llamada del psilomítico, anunciando que están en Mad y que por qué no nos vemos para cenar. Voy a la sala a hacer la reserva y es en ese momento cuando descubro una garrapata agarrada a mi muslo derecho. El animal en cuestión tiene unas bonitas rayas rojas, a diferencia de otras garrapatas que he visto, pero se agarra igual. Tras probar a echarle encima aceite de oliva sin resultados, me acerco a un consultorio de urgencias que hay cerca de casa. El recepcionista me dice que no cree que tengan instrumental para la operación y la enfermera me dice que no tiene ni idea de qué hacer porque no ha visto una en su vida. El médico sí que tiene experiencia y dice que la próxima vez la queme con un cigarro, aunque no es eso lo que recomiendan en diversas páginas consultadas, pero me la saca con unas pinzas. En fin, que después del momento garrapata aún nos da tiempo a ir a cenar con el psi y con E y con unos acompañantes suyos ginebrinos, una pareja anglo-germana y una canadiense que está en Mad haciendo un máster del universo. Esto nos permite sacar a paseo nuestro inglis y acostarnos a las tantas. Y a dormir, que ya está bien de jaleo.
23 de junio de 2013
16 de junio de 2013
De Colmenar a Manzanares
El clima castellano es muy duro. El sol pega fuerte un sábado de junio a las doce de la mañana cuando salgo de la estación de cercanías de Colmenar Viejo. Voy sin mapa pero sé que quiero ir a Manzanares por el camino que comparten el camino de Santiago madrileño y el GR-124. En Colmenar se ve algún poste que otro del GR, pero lo que se encuentra una vez que se acerca uno al centro del pueblo desde la estación son las flechas amarillas del camino. Tras atravesar urbanizaciones, porque Colmenar también ha sido pasto del fervor urbanístico, se llega a una glorieta por terminar y se sale del pueblo. El camino va entre muros de piedra hasta que sale al puente del Batán, justo debajo de la carretera de Cerceda. No hay mucha sombra que se diga. Desde ahí tomamos una cañada ancha y soleada, adornada en los lados con las peculiares flores violeta de la lavandula stoechas. El Yelmo sobresale por encima de la ladera del monte que estamos recorriendo y lo vamos dejando atrás. En un momento dado, el camino gira a la derecha y aparece de frente Manzanares. El camino baja hasta el embalse, lo cruza y ya está. Mientras espero el autobús, aprovecho para tomarme una horchata en la heladería de la plaza, rememorando viejas costumbres.
Nota ornitológica
A la salida de la estación de Colmenar me pasa volando por encima un milvus milvus. Pasa tan cerca que sin prismáticos se distinguen perfectamente los colores pardo-rojizos y las manchas blancas de las primarias. A mitad del camino, esta vez gracias a los prismáticos, observo por primera vez en mi vida un ejemplar de lanius senator, al que luego sigue otro. La combinación de negros y blancos y píleo y nuca rojizos son muy característicos. Para terminar, observo varios ejemplares de milvus migrans sobrevolando la cola del embalse de Santillana.
Nota ornitológica
A la salida de la estación de Colmenar me pasa volando por encima un milvus milvus. Pasa tan cerca que sin prismáticos se distinguen perfectamente los colores pardo-rojizos y las manchas blancas de las primarias. A mitad del camino, esta vez gracias a los prismáticos, observo por primera vez en mi vida un ejemplar de lanius senator, al que luego sigue otro. La combinación de negros y blancos y píleo y nuca rojizos son muy característicos. Para terminar, observo varios ejemplares de milvus migrans sobrevolando la cola del embalse de Santillana.
8 de junio de 2013
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