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30 de septiembre de 2013

Curso académico

Se acaba la jornada de verano un viernes y a la semana siguiente ya hay que estar un rato más en el despacho, el sol empieza a caer antes y se aparcan el bloguerismo y la fotografía. Así que con tanto aparcamiento se me había quedado aparcado el avistamiento del mes: una tyto alba en tierras del sú que fue vista en cuatro ocasiones, cuatro, tranquilamente apoyada en un poste o directamente sobre la calzada en el mismo punto. Mi impericia y, en parte, la falta de luz, ya que eran las dos de la mañana , hacen posible que el único documento gráfico sea el churro que presento a continuación.

Queda aproximadamente un 40% del reto absurdo y además empiezan en breve dos actividades extraescolares que van a arañar algo más de tiempo a mis aficiones. Aunque quizás no le arañen tiempo a las aficiones y sí a otras tareas algo más ingratas, habrá que verlo. Y dicho esto, me voy a preparar los garbanzos.

10 de septiembre de 2013

Breve encuentro

Dado que no consigo fotografiar a los passer montanus, porque son harto desconfiados y salen pitando a la mínima, me subo hoy por otro sitio. Tras pasar cerca de varios microvertederos que adornan la ladera del cerro de los locos, me pongo debajo de un pino y me encuentro (e inmortalizo) a  este parus (o cyanistes, según versiones) caeruleus.

La vida es safari

Convertido al fotopajarismo, la vida se convierte en una sucesión de safaris, interrumpidos por cosas tan absurdas como el comer o el trabajar. Como mi compañera de piso ve con buenos ojos mi afición, me sujeta la cámara de vez en cuando y me acompaña de paseo a sitios como la laguna del Campillo, a la que llegamos, siguiendo las buenas costumbres, un domingo a las dos de la tarde.

Por encima nuestro pasan bandadas de ciconia ciconia que no sabemos cómo hacen para no colisionar en vuelo. Las ciconia últimamente emigran (cuando emigran) de vertedero en vertedero y tiro porque me toca, ya que allí hallan todo el alimento que necesitan.


Perseguir a las ciconia resulta un agradable ejercicio de práctica con el autofoco. Agradable y agradecido, ya que dado el generoso tamaño de estas simpáticas aves, recortando algo por aquí y por allá, se las ve con detalle y a uno, qué queréis que os diga, estas cosas le conmueven.


En un momento dado, el camino que bordea a la laguna se acerca al Jarama. En este tramo de río se ven varios animalitos con plumas. Como todo animal que se precie, son desconfiados con el ser humano, así que en cuanto me ven salen corriendo a esconderse debajo de los carrizales de la orilla opuesta, no vaya a ser qué... Pero esta fulica atra queda inmortalizada. Mal, pero inmortalizada.

También mal quedan estas gallinula chloropus, aunque una queda retratada caminando sobre las aguas, cual JC cualquiera. Esto de comparar a JC con una polla de agua seguro que no da puntos en el juicio final, pero en fin, ya veremos cuando llegue el día qué se me ocurre para justificarme.


Al final de la caminata aparece esta ficedula hypoleuca subida en una rama. Y se queda quieta un rato, y la luz viene por el sitio adecuado, y la enfoco a la primera. Cuando proceso la imagen y me encuentro con esto, se me cae la lágrima y me doy dos besos a mí mismo.