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16 de marzo de 2008

Coinche

A las cinco de la mañana estoy el sábado en el parking de banderas para una nueva salida de rando. Nos dirigimos al Pic Vouasson, en el Val d'Herens. La meteo no es buena, pero a pesar de todo subimos al refugio de las Aiguilles Rouges, donde pasaremos la noche.
Hacemos los 1000 de desnivel bastante rapiditos bajo un sol de justicia. La nieve no está muy allá y a las dos de la tarde estamos en el refugio. Después de una siesta, unos colegas franceses me dicen que si sé jugar a la coinche (pronúnciese cuansh) Digo que no, pero que me enseñen. Mi compañera me explica las reglas y llego a la conclusión de que el juego es una especie de tute subastao. Así que nos lanzamos a jugar y, a pesar de sus miradas asesinas cuando juego una carta que no es de su gusto, ganamos a Y y P. A continuación, N, una chica de Bilbao, y moi même pasamos a enseñar a los franceses a jugar al buggo. El juego es un éxito de crítica y público. Después, AS nos enseña a jugar a la bataille corse pero nos mete una paliza a todos.
Cenamos y cuando ya estoy arriba AS viene a decirme que echemos la revancha de la coinche de la tarde. De nuevo enfrente de Y y P, comenzamos bastante flojos y cuando nos queremos dar cuenta estamos 600 puntos detrás de nuestros rivales (se juega a 1000). Cuando AS está a punto de empezar a echar humo por las orejas por mi supuesta incompetencia, el dios de la coinche me ilumina y remontamos hasta la victoria. AS se calma y me dice que al final he jugado bien. Nos vamos a dormir.



A la mañana siguiente no se ve nada y está nevando, así que J, el monitor, decide que nos volvamos por donde hemos venido que pasa de marrones. Además P, uno de los coinchabados, se ha jodido un tobillo y no anda muy allá. Descendemos por la niebla, guiados por el GPS de D y 500 metros por debajo del refugio clarea un poco y nos ponemos a bajar entre pinos y piedras por una nieve algo mierdosa pero que se deja esquiar. Al llegar abajo, el cielo se abre y sale el sol. Cogemos el coche y a la altura de Lausanne empieza a llover. Y así, hasta casa.

1 comentario:

Kialaya dijo...

Es curioso como entre extranjeros el enseñarse juegos de cartas unos a otros tiene muchísimo éxito. A mi me pasó lo mismo con los compis de la residencia donde estaba que les enseñé a jugar al Burro, pero eso sí, en vez de las manos usábamos cucharas porque yo ya lo había modificado en España después de que me clavasen las uñas un par de veces.