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17 de mayo de 2009

Metros por minuto y paraflús

IJJ me propone ir al Aneto con esquís aprovechando una serie de conjunciones astrales. Una vez acordada la fecha, se unen al proyecto AT, un antiguo colega del club de montaña, y JF, conocido de los dos anteriores. Oscuros presagios tiñen el comienzo del viaje cuando el día anterior a la salida una de mis fijaciones se rompe cuando la estoy ajustando para mis nuevas botas. Menos mal que PGA me deja sus esquís lavados con Fairy y así puedo, al menos, montarme en el cercanías con ellos y acudir al punto de encuentro para emprender el viaje.

Una vez montada la infraestructura, sólo queda levantarse el sábado a las 4h30 de la mañana para empezar la jornada de buena hora. El objetivo inicial ha sido cambiado por otro pico, el Pico de Alba, cuyo acceso es más directo desde los llanos del Hospital, inicio de la caminata. Tras cargar un rato con los esquís por la pista, empezamos a subir por un bosquecito para buscar los tubos de Paderna. El tubo en cuestión está empinadete y tiene la nieve muy dura, con lo que la súbida se me hace bastante fatigosa. Mis acompañantes están en muy buena forma y poco a poco les voy perdiendo de vista. Tras otra pala con emoción por la falta de agarre, me están esperando y les digo que tiren. Salen, descanso y sigo subiendo hasta un collado debajo del pico. Les espero ahí, al solete de los 3000 metros y con unas vistas espectaculares. Cuando vuelven del pico, empezamos el descenso. La nieve está estupenda y son casi 1200 metros de bajada, tubo incluído, hasta el parking.

El paraflús empieza a gestarse en ese momento. Una combinación de charla incesante sobre asuntos académicos (mis tres "acompañantes" son profesores de secundaria), flipadas varias sobre entrenamientos y metros por minuto, y la perspectiva de verme el día siguiente a solas con las dos bestias de las pendientes (ya que IJJ se pira esa noche) y arrastrame detrás de ellos durante los 4000 o 5000 metros de desnivel que querrían hacer, me convencen de que esa no es mi guerra y que una retirada a tiempo es una victoria. Así que aprovechándome del sr JJ, le pido que me saque de allí y, graciosamente, me lo concede.

Acabo esa noche en Sabiñanigo, después de comprobar la falta de oferta de transporte público en el alto Aragón. A la mañana siguiente, madrugo, pillo el autobús pa Zaragoza y tras un breve encuentro con FA, me subo al AVE y rápido y suave acabo en Madrid. Fin del viaje y del paraflús.

No todo es negativo. La zona de Benasque es una maravilla para el esquí de travesía, las vistas son impresionantes y espero volver en algún momento con acompañantes que no tengan una calculadora de metros por minuto en la cabeza.



1 comentario:

Marikiya dijo...

Puag! 4.000 o 5.000 metros de desnivel! ¿Qué es eso para tí después de los fines de semana que os metíais el Optimista y tú en Ginebra? jeje. Ays, qué complicado es mantener la forma en Madrid... :P