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12 de julio de 2009

El salvaje noroeste

Cuando JG me plantea un viaje por el interior peninsular, se acaba imponiendo la opción del camino primitivo de Santiago, aquel que unía Oviedo con Santiago atravesando las montañas asturianas y atravesando Lugo después siguiendo los restos de antiguas calzadas romanas. Las calzadas han desaparecido, los albergues están en ruinas y ahora hay aerogeneradores, vacas, carreteras en construcción y, en general, poca gente. Lo que sí que hay son unos cuantos peregrinos que buscan la tranquilidad de esta ruta, ya que los otros caminos suelen estar petados de gentes y así nos vamos encontrando con leoneses, madrileños, franceses, italianos, alemanes y hasta una peregrina danesa con los que compartimos charletas, cervezas, vinos y chorizos.

En la mayoría de los casos la motivación religiosa del caminante brilla por su ausencia. Lo que sí que se busca es compartir la ruta con desconocidos y pararse a hablar con los paisanos que te encuentras, lo que te permite enterarte de que un ternero de cien kilos se compra por seis euros y que los nabos se dan a los cerdos y no se comen ni cuando se pasa hambre.

En fin, una semana muy intensa y un viaje muy recomendable, sin calor, sin prisas y sin llegar a Santiago. Pero ésta es otra historia y será contada en otra ocasión.

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