La temporada de los Jungle Fever, el equipo de basket en el que entré gracias a la influencia del crítico sin criterio, ha terminado.
Lo más destacable (después de haber sufrido tantos años al coach T) es que los jugadores no se suelen enfadar entre ellos y, si se enfadan, no se nota. Esto tranquilidad de espíritu contrasta frecuentemente con los jugadores de los equipos contrarios, que pueden ponerse a parir entre ellos después de haber ganado de treinta. Será el efecto jungle. En todo caso, y como dicen los de la asociación de jardineros, alegrémonos mientras podamos.
1 comentario:
Solemos desesperar al rival con nuestro juego anárquico, eso acaba en discusiones entre ellos, mientras los Jungle Fever ya están bebiendo cerveza en el bar y comentando, entre risas, las dos canastas que nos han entrado. FryBesitos
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