
Para celebrar el centenario de la Gran Vía, y aprovechando que es San Isidro, el ayuntamiento de Mad y una prestigiosa empresa tapizan de azul la Gran Vía y la cierran al tráfico rodado. Cuando empiezo a subir desde la esquina con Alcalá pienso que es una buena idea devolver la ciudad a los peatones. Cuando quince minutos después estoy aprisionado por la masa mientras cientos de personas intentan salir por Fuencarral del caos, me acuerdo del cruce del Berezina y de los pontoneros holandeses. Y pienso que mal la llevamos el día que tengamos que salir pitando en masa por una puerta por cualquier desgracia. Una vez superado el tapón humano, me siento un rato a relajarme en la plaza del dos de mayo y un perro mea en la pata de mi banco. Qué vida esta.
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