Los chavales (y no tan chavales) del GAII se curran un programa de tres días donde el plato gordo es la proyección de varios videos (botón de muestra) en los que unos cuantos flipaos (profesionales) del alpinismo y la escalada, escalan, vuelan, caen y corren por los montes. Más allá de la espectacularidad de las imágenes, me queda poco poso, porque tengo la impresión de que lo visto está hecho de cara a la galería y de que la cara norte del Eiger pasa a convertirse en una pista de carreras para swiss machines, siguiendo la estela de acontecimientos tan extraordinarios como los catorce ochomiles femeninos o los catorce por dos ochomiles del personaje ése que siempre está a punto de diñarla.
El último día de proyección se dedica a un homenaje a Kurt Albert, un escalador alemán recientemente fallecido en un tonto accidente de vía ferrata, que se dedicó a escalar toda su vida sosteniéndose con lo que sacaba de proyecciones, cursos y patrocinadores. No vivía a todo trapo pero hacía lo que quería, eso sí. A las proyecciones siguió un interesante debate con un prestigioso escalador español, también profesional, que dice que vivir del asunto es complicado. Y para terminar, veo el domingo por la noche el primer capítulo de la última entrega de Al filo, programa de referencia que se ha transformado en los últimos años en patrocinador de escaladores/as participantes en las carreras ochomilísticas y llevándoles en helicóptero al lado del campo base. Da igual donde vayas, pero llega el primero.

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