31 de mayo de 2011
Democracia real
Se me va la pelota y no recuerdo si esto lo he contado ya en este blog. Podría buscarlo, pero pa qué... En fin, años ochenta, en un instituto de Mad, un joven Edunardo, delegado de clase para más señas, convoca una votación para decidir si se hace huelga al día siguiente. No me acuerdo si la protesta era por la calefacción o por algunas de las leyes del gobierno de entonces, con el señor G en su máximo esplendor y adorado por mi abuela. El resultado, 25 a 10 a favor de la huelga. Se empieza a discutir si la votación es vinculante o no. Los que han votado que no dicen que no y los que sí, que sí. En un apasionante discurso, defiendo la libertad y hago un llamamiento a la responsabilidad de mis compañeros. Si creéis en las razones de la huelga, digo, poco importan las consecuencias. A continuación, la profesora de historia dice que dará clase normalmente y lo que de, entrará en el examen. Al día siguiente, el único que hace huelga es el menda, ya que los "compañeros" se cagan la pata abajo ante la perspectiva de perderse la clase sobre la monarquía absolutista, entre otras materias. Mientras me tomo una cuña de chocolate en el parque, reflexiono sobre el colectivismo y llego a la conclusión de que la gente prefiere remar río abajo. Al revés, cansa.
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1 comentario:
De ahí el odio a la profe de hitoria, pobrecita la seño Biana XDDD. Yo estaba en la otra clase, si no hubiéramos sido dos huelguistas. Lo que no recuerdo es qué pasó en la otra clase, la mía.
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