Tras la traumática experiencia burgalesa, y antes de emprender el camino al sur, decidimos buscar algo fresco por la zona centro. Tarea difícil, dadas las altas temperaturas y la falta de gusto de los autóctonos por los bosques. Yo no había estado nunca en el hayedo de Tejera Negra. En otoño, con la caída de la hoja, parece que hay que pedir autorización para ir pero en verano resulta que no. Y para allá fuimos. El sitio está cerca de Madrid, en línea recta, aunque para llegar allí hay que rodear la sierra bien por el norte, cosa que hicimos a la ida, o bien por el sur. Una vez allí, y dada nuestra afición a madrugar llegamos a la una, hacía calor, pero estábamos altos y soplaba un vientecillo fresco bastante agradable. Además, había árboles, bastantes, y se estaba a la sombra la mayor parte del tiempo. Un sendero sale del aparcamiento, sigue el río y en un momento dado empieza a subir entre rebollos. Cada poco se van encontrando postes dedicados a bichos, árboles y arbustos de la zona, con lo que nuestro elevado ritmo de marcha se ralentiza un poco al tener que leer tanta información sobre robles, retamas, brezos, hayas, tejos y demases. Cuando finalmente entramos en el hayedo, una reliquia botánica en la zona, la temperatura baja de golpe y, por un momento, nos olvidamos del valle de Losa y de la terrible estepa castellana.
1 comentario:
Y porqué se llama Tejera si es un hayedo?
Besitos
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