16 de julio de 2012
El abedular de Canencia
Tras la tempestad llega la calma y, huyendo de la canícula nos vamos al puerto de Canencia a ver el abedular. Y vemos abedules, que en España sólo se dan en zonas de montaña y son también un resto de tiempos pasados, entre los pinos de las faldas de La Perdiguera aparte de algún tejo solitario y varios bos taurus negros zainos que nos hacen pararnos un rato para dejarlos pasar sin que llegue la sangre al río. Hace un día estupendo para andar, fresco y casi siempre a la sombra de los árboles. Mi madre sale disparada y la pescamos poco antes de llegar al refugio del Hornillo. Desde ahí un camino lleva al pie de la chorrera de Mojonavalle y luego baja siguiendo el arroyo del Sestil del Maíllo hasta llegar de vuelta a la carretera, un kilómetro por debajo del puerto. A partir de ahí remontamos entre los pinos hasta llegar de nuevo al aparcamiento y vuelta a Mad, donde mi ex-v nos obsequia con cervezas y embutidos de calidad para compensar el esfuerzo abedular. Y bien compensado queda.
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