26 de noviembre de 2012
Peripecia hamburguesa - carretera y manta
Al cuarto día ya empiezo a estar hasta el gorro de no estar en mi casa y de tener que estar encerrado en un cubículo hasta que oscurece. Harto del edredón de la cama del hotel que me deja al descubierto por la noche y harto de comer salchichas. Quiero irme a casa. Así que dejo transcurrir el tiempo hasta que, por fin, tras varias horas de viaje en avión vía Bruselas, llego a casa. Tampoco es que haya mucho tiempo para descansar porque los días siguientes se pasan entre paseos por el monte, vueltas por Buitrago, reuniones familiares, cervezas en Moratalaz, cocidos en Hortaleza y, sólo al final, queda algo de rato para tumbarse en el sofá y no hacer nada. Nada de nada.
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