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19 de noviembre de 2012

Peripecia hamburguesa - día primero

Si el año pasado tuve la suerte de asistir a un par de conferencias, este año aún no había viajado por motivos laborales. Como una vez al año no hace daño, acabo en la fría y oscura Hamburgo viendo como se invierte dinero en grandes instalaciones científicas.

Llegamos un domingo por la tarde pero ya de noche. Tras dejar los trastos en el hotel, acabamos en un restaurante griego y dado que domino más ( pfff ) el griego que el alemán, me dedico a decir las cuatro cosas que sé para que quede constancia de que mis viajes al Egeo no han sido en vano. Volvemos al hotel, cae la noche, se levanta el día, desayunamos, cogemos el metrobus ( que aquí no es un título de transporte sino un transporte en sí ) y cuando llegamos a la haltestelle correspondiente, halteamos el wagen, bajamos y entramos en el cuartel general de XFEL. Tras un reunión con nuestro viejo conocido armenio y su frío y sanguinario jefe teutón, gran amigo de nuestro temperamental jefe español, nos damos un paseo por el interior de Desy hasta llegar al hall donde probaremos nuestros equipos.

Mi compañero de viaje acaba requemado cuando observa el impresionante BdMM de 400 k€ que van a usar para ajustar los onduladores de las intersecciones. Y tienen tres. Unos tanto y otros tan poco. Y encima la comida de la cantina, aunque el putenfilet no sea nada del otro jueves, no es cara. Al final de la jornada laboral abandonamos el centro de investigación, cogemos el metrobus, y nos bajamos en la última haltestelle, a tiempo de llegar al hotel a pasar el rato y escribir chorradas antes de ir a cenar. Que ya vamos tarde, por cierto, y nos van a cerrar los restaurantes.

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