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7 de enero de 2013

Gorrinos y alcornoques

Este año no hemos cruzado los mares y hemos elegido un destino algo más cercano para nuestra escapada de primeros de año. Así que me ha sido presentada la sierra de Huelva y debo confesar mi satisfacción con la elección. Desde el pequeño pueblo de Alájar, al pie de la peña de Arias Montano, disfrutando del placer de no tener cobertura de móvil y de usar la cabina de teléfonos de la plaza del pueblo, hemos ido de acá para allá, recorriendo los viejos caminos de la zona y comprobando que, efectivamente, algunos gorrinos están dando vueltas por el campo comiendo bellotas o descansando al pie de las encinas y los alcornoques, calentándose al sol de invierno. El final de estos gorrinos no será agradable cuando llegue el momento de ser convertidos en lomos y jamones, pero puede que su existencia mientras tanto no sea la peor posible. Por las noches nos entregamos al vicio gastronómico, y, salvo una experiencia traumática en Aracena, volvemos convertidos en mejores personas o, al menos, henchidos y repletos.

Capítulo aparte merece la riqueza ornitológica de la zona. Lamentablemente, la ignorancia del que les escribe le impide apreciar dicha riqueza en toda su magnitud. Así que me conformo con identificar los ya conocidos fringilla coelebs, parus major, erithacus rubecola, garrulus glandarius ... y de asombrarme de todas las rapaces que vemos mientras circulamos por el tramo extremeño  de la N-V, entre las cuales creo reconocer una hembra de falco tinnunculus. 

Volvemos a tiempo de terminar este periodo de excesos de todo tipo y de recibir a los RRMM como se merecen. Llega ahora la época de la manzanilla y la contención.

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