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22 de marzo de 2013

Quería verle bailar

Y lo hice. Estaba yo un día en el labo semisubterráneo en el que se desarrolla mi actividad profesional cuando sonó una voz familiar en la radio que mi compañero enciende religiosamente todos los días. La voz era del rey del pop, el de verdad. Y venía a Madrid. Así que dejé todo lo que estaba haciendo y me dispuse a comprar las entradas. Mierda, sólo quedaban de pie, las de sentarse estaban todas agotadas pero la ocasión merecía algo de sacrificio personal. Y llegó el día y entramos en el teatro. Y nos pusimos cerca del escenario y a la hora anunciada, apareció el único e inimitable Battiato. Tras tocar su último disco, se arrancó por peteneras y nos ofreció una segunda mitad de concierto destinada a satisfacer nuestras más bajas pulsiones, nuestros nómadas, nuestros centros, nuestras banderas blancas, nuestras perspectivas nievski y nuestras estaciones de los amores.  Este Franco sí que es bueno.

2 comentarios:

Anónimo dijo...

y tu eres un sol empedernido en no apagarse: calientas e iluminas ¡olé mi chico!Besos ex-v

alerta-ovni dijo...

Como se entere Jtron que has ido a ver a Battiato le da seguro un ataque de envidia :-)