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3 de octubre de 2010

1990-2010

Al señor de Minga, que es más grande que el tubo de escape del titanic, se le ocurre hace cosa de un año, entre salchicha y salchicha, juntar a los 90xxx que pululan por el universo. Cual tatuaje indeleble, ese peaso de número de matrícula por la gloria de mi madrerl, ha marcado a una generación de personas humanas, en su mayoría de seso masculino físicamente, psicológicamente, a las que se prometió la gloria y se han encontrado con esto. Digresiones aparte, los jóvenes que entramos por la puerta de la ETSII en octubre de 1990 nos encontramos ahora en 2010 y, gracias al mismo efecto que nos hace vernos a nosotros mismos más o menos iguales a cómo éramos entonces, los demás también están igual. Casi todos trabajan, muchos están casados y con hijos y en general se les ve bien. Las aves nocturnas no han perdido el instinto y los grandes bebedores siguen bebiendo a lo grande. Muchos recuerdan detalles que han desaparecido de mi cabeza hace tiempo pero, sorprendentemente, conseguimos no ponernos muy tontos con las batallitas del Scala o del Valenciano. En fin, no hicimos lo que hace todo el mundo porque lo hicimos desde lo alto.

19 de septiembre de 2010

Ya no missing

Ha vuelto. La farola vuelve a estar ocupada y ya sé que cuando llegue a casa, alguien me saludará. Estoy intrigado, de todas formas, porque un día, después del retorno, tampoco estaba. Pero al día siguiente acudió de nuevo a su puesto y desde entonces cumple con sus horarios.

LP

Pues coge uno un tren y llega hasta Huelva. Desde ahí, en coche, le llevan a LP y es un pueblo tranquilo, es de noche y no se ve mucha gente por la calle. Al día siguiente, se ve uno comiendo coquinas, pelúas, salmonetes, boquerones, chocos y pimentá y se pasea uno por una playa enorme con gente, pero con mucho sitio. El agua está fresca y las olas rompen con fuerza, el océano es mucho océano. Ya por la tarde, cogiendo la nacional, dejando a Colón a la izquierda, siguiendo el puente, estoy en el monasterio de la Rábida y hablo en inglés con un señor de Kansas City durante un buen rato después de varios meses en los que solo he hablado en inglés muy de vez en cuando con alemanes que parecen sacados de una película de la WWII. Y tras dar vueltas y vueltas por la carretera entre Gibraleón y Trigueros, al fin llegamos a la casa donde nos esperan toneladas y toneladas de comida que, lamentablemente, sobrará. Y el lunes por la mañana, en Huelva otra vez, el tren vuelve a Mad y salgo a las doce de la estación.Cojo el 55 en la calle Tortosa.