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18 de octubre de 2010

La jungla - 2

Los jungle fever vuelven a la cancha un 16 de octubre cualquiera. Hacen un buen partido, aunque se muestran algo inseguros en el tiro, y están a punto de dar la sorpresa ante el confiado equipo rival. Al final, 60-19 para los como se llamen. El que subscribe juega medio partido más o menos, con mucha aprensión para no volverse a joder la rodilla. La aprensión viene muy bien para no hacer locuras, y todos los pases que salen de sus manos llegan a su destino sin error. El triple que sale de sus manos vuela hacia la canasta sin error. Los siete u ocho tiros de dos que intenta no llegan a ninguna parte ni por error. Pero la rodilla se comporta bien, la rehabilitación de las SS parece que ha funcionado (subir los peldaños de las escaleras de dos en dos es lo mejor)  y no siente más que ligerísimas molestias que más bien podrían ser agujetas que otra cosa. Pero sigue teniendo miedo a ir al Parque de Berlín a luchar contra las bestias que pueblan esas canchas.

11 de octubre de 2010

Día de perros

Mi ex-vecina me propone ir a hacer la cuerda larga y, dado que mañana es la fiesta nacional y no se trabaja, pues hoy tampoco. El problema es que una ciclogénesis explosiva acaba de barrer la península (sería más correcto decir fregar o asperjar, pero doctores tiene la iglesia y donde manda patrón no manda marinero) y los restos se han quedado colgados en las cumbres de Guadarrama y no se ve una mierda. Aparte, ninguno de los dos mapas que llevo contiene la zona conflictiva, la salida de la Bola del Mundo, y el camino nos lleva bajando al collado del Piornal. La perspectiva de un vivac frío, húmedo y venteado no es muy halagüeña, así que cambiamos de proyecto on the spot, aceptamos nuestro destino y acabamos en la cumbre de la Maliciosa. Menos da una piedra, pensamos, y volvemos al puerto de Navacerrada bajo la nube y la lluvia.

3 de octubre de 2010

1990-2010

Al señor de Minga, que es más grande que el tubo de escape del titanic, se le ocurre hace cosa de un año, entre salchicha y salchicha, juntar a los 90xxx que pululan por el universo. Cual tatuaje indeleble, ese peaso de número de matrícula por la gloria de mi madrerl, ha marcado a una generación de personas humanas, en su mayoría de seso masculino físicamente, psicológicamente, a las que se prometió la gloria y se han encontrado con esto. Digresiones aparte, los jóvenes que entramos por la puerta de la ETSII en octubre de 1990 nos encontramos ahora en 2010 y, gracias al mismo efecto que nos hace vernos a nosotros mismos más o menos iguales a cómo éramos entonces, los demás también están igual. Casi todos trabajan, muchos están casados y con hijos y en general se les ve bien. Las aves nocturnas no han perdido el instinto y los grandes bebedores siguen bebiendo a lo grande. Muchos recuerdan detalles que han desaparecido de mi cabeza hace tiempo pero, sorprendentemente, conseguimos no ponernos muy tontos con las batallitas del Scala o del Valenciano. En fin, no hicimos lo que hace todo el mundo porque lo hicimos desde lo alto.