Era domingo e iba yo con C por la calle, a pesar del viento, del frío y de la lluvia, a comprar pastas en una pastelería cerca de la plaza de Chamberí. Entramos en la pastelería y, mientras C seleccionaba las pastitas, yo vi un ABC encima de la barra, en cuya portada se podía ver a la alcadesa de Mad declarando que se disculpaba si alguien se había sentido ofendido porque ella se fuera de fin de semana en plena crisis del Mad Arena pero que no pensaba dimitir. No me puedo resistir a la prensa escrita, así que me puse a hojear el diario. En ese momento, alguien me preguntó si podía coger el País que estaba debajo del ABC. Casi sin mirar respondí que sí, claro y sólo al final giré un poco la cabeza para ver quién era. Cuál sería mi sorpresa al encontrarme con el perfil de Emma Suárez, que, hace unos años, destacaba en mi panteón de actrices favoritas. Sin llegar a la altura de Halle Berry o Uma Thurman ni al de la diosa suprema actual, Marion Cotillard, pero como producto interior bruto, de lo mejor.
Se lo comenté a C, que se había fijado también en ella, sobre todo por el abrigo rojo intenso que llevaba. Me invitó a quedarme con la actriz, si así lo quería yo, pero yo no quería: el lugar de las actrices está en las pantallas o en los panteones y allí están bien, lejos del alcance de los mortales. Salimos de la pastelería y fuimos a comernos las pastas.
28 de enero de 2013
7 de enero de 2013
Gorrinos y alcornoques
Este año no hemos cruzado los mares y hemos elegido un destino algo más cercano para nuestra escapada de primeros de año. Así que me ha sido presentada la sierra de Huelva y debo confesar mi satisfacción con la elección. Desde el pequeño pueblo de Alájar, al pie de la peña de Arias Montano, disfrutando del placer de no tener cobertura de móvil y de usar la cabina de teléfonos de la plaza del pueblo, hemos ido de acá para allá, recorriendo los viejos caminos de la zona y comprobando que, efectivamente, algunos gorrinos están dando vueltas por el campo comiendo bellotas o descansando al pie de las encinas y los alcornoques, calentándose al sol de invierno. El final de estos gorrinos no será agradable cuando llegue el momento de ser convertidos en lomos y jamones, pero puede que su existencia mientras tanto no sea la peor posible. Por las noches nos entregamos al vicio gastronómico, y, salvo una experiencia traumática en Aracena, volvemos convertidos en mejores personas o, al menos, henchidos y repletos.
Capítulo aparte merece la riqueza ornitológica de la zona. Lamentablemente, la ignorancia del que les escribe le impide apreciar dicha riqueza en toda su magnitud. Así que me conformo con identificar los ya conocidos fringilla coelebs, parus major, erithacus rubecola, garrulus glandarius ... y de asombrarme de todas las rapaces que vemos mientras circulamos por el tramo extremeño de la N-V, entre las cuales creo reconocer una hembra de falco tinnunculus.
Volvemos a tiempo de terminar este periodo de excesos de todo tipo y de recibir a los RRMM como se merecen. Llega ahora la época de la manzanilla y la contención.
Capítulo aparte merece la riqueza ornitológica de la zona. Lamentablemente, la ignorancia del que les escribe le impide apreciar dicha riqueza en toda su magnitud. Así que me conformo con identificar los ya conocidos fringilla coelebs, parus major, erithacus rubecola, garrulus glandarius ... y de asombrarme de todas las rapaces que vemos mientras circulamos por el tramo extremeño de la N-V, entre las cuales creo reconocer una hembra de falco tinnunculus.
Volvemos a tiempo de terminar este periodo de excesos de todo tipo y de recibir a los RRMM como se merecen. Llega ahora la época de la manzanilla y la contención.
30 de diciembre de 2012
La Cabrera
Dos días seguidos dando vueltas por el monte, ni yo me lo puedo creer. Tras la hazaña de los inocentes, salgo con mi ex-v en dirección a la Cabrera. El propósito inicial, subir al collado del Alfredo, se ve frustrado rápidamente por falta de conocimiento de la zona. Así que acabamos dando vueltas por las laderas de esta sierra, entre nieblas, soles y lluvias, mientras los gyps fulvus salen de sus nidos y los capreolus capreolus intentan pasar desapercibidos entre las jaras. Al cabo de un rato de viaje a ninguna parte, acabamos en el cementerio de Valdemanco, lo que nos permite localizar el comienzo del PR que recorre la cresta de la sierra y la llegada del tramo del GR10 que nos llevará de vuelta a la Cabrera intentando encontrar los restos de las marcas blancas y rojas que el tiempo borró. En fin, que habrá que volver a buscarle las cosquillas a esta zona, que si no acabamos siempre en los mismos sitios, y ya se sabe que en la variedad está el gusto.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)