Cuando a bordo de nuestro vehículo de alquiler llegamos a lo alto del puerto de Tornavacas un viernes santo cualquiera, llueve a mares y el viento empuja el agua contra el parabrisas. Despacito, empezamos a bajar entre los bancales, donde los cerezos aún no han florecido, en dirección a Jerte, donde nos refugiamos un rato, esperando a que pase el mal tiempo. Tras un rato de no hacer nada, y viendo que la lluvia ha parado, salimos en dirección a Cabezuela del Valle, aparcamos el coche y caminamos un rato al lado del río, que baja muy crecido, y yo intento fotografiar, sin conseguirlo, las golondrinas que vuelan sobre el río.
El día siguiente amanece con nubes y claros. Salimos andando de la casa y vamos hasta la entrada de la garganta de los infiernos. Aquello está petao de gente, y el camino hasta los pilones también. Y el puente que hay sobre los pilones, también. Después la cosa se despeja ( ya estamos a más de una hora de camino del aparcamiento ) y seguimos camino con la intención de llegar al puente nuevo y volver al pueblo. Pero las gargantas bajan llenitas de agua y en un punto el río está complicado de cruzar, así que seguimos subiendo hasta el puente del carrascal y ya desde ahí, pas de problème. El sol sale a ratos y nos enrojece el pescuezo. Así que cansados, pero contentos de haber aprovechado el día, llegamos a nuestro alojamiento.
El domingo vuelve a llover. A llover mucho. Sin parar. El árbol que se ve desde la terraza me permite identificar unas sylvias atricapillas. Los delichones y las hirundos ya han llegado a esas latitudes y se ven, aparte, muchos sturnus unicolor.
El lunes nos volvemos nosotros.
1 de abril de 2013
22 de marzo de 2013
Quería verle bailar
Y lo hice. Estaba yo un día en el labo semisubterráneo en el que se desarrolla mi actividad profesional cuando sonó una voz familiar en la radio que mi compañero enciende religiosamente todos los días. La voz era del rey del pop, el de verdad. Y venía a Madrid. Así que dejé todo lo que estaba haciendo y me dispuse a comprar las entradas. Mierda, sólo quedaban de pie, las de sentarse estaban todas agotadas pero la ocasión merecía algo de sacrificio personal. Y llegó el día y entramos en el teatro. Y nos pusimos cerca del escenario y a la hora anunciada, apareció el único e inimitable Battiato. Tras tocar su último disco, se arrancó por peteneras y nos ofreció una segunda mitad de concierto destinada a satisfacer nuestras más bajas pulsiones, nuestros nómadas, nuestros centros, nuestras banderas blancas, nuestras perspectivas nievski y nuestras estaciones de los amores. Este Franco sí que es bueno.
19 de marzo de 2013
Marzo ventoso
A falta de saber cómo será Abril para poder extraer conclusiones sobre Mayo, la salida de ayer a la peña de la Cabra fue, decididamente, ventosa. Y no por parte de los participantes en la salida, no, sino por las brutales ráfagas de viento que nos congelaban y empujaban a partes iguales. A pesar del viento, y gracias a la nieve, pudimos disfrutar de condiciones semi-himalayescas a poco más de cien kilómetros de Mad en relativa tranquilidad. Las vistas desde arriba, con las nubes pasando sobre nuestras cabezas y enganchadas a lo alto de toda la sierra, compensaron las lágrimas y los mocos que nos hacía echar el aire. Bien estuvo lo que bien acabó.
Nota: se me ha pasado felicitar a este resto de otras eras tecnológicas por su octavo aniversario. No sé cuánto tiempo le quedará a blogger de vida, y si sobrevivirá al imperio de la tableta y sus secuaces, pero en fin, alegrémonos mientras podamos.
Nota: se me ha pasado felicitar a este resto de otras eras tecnológicas por su octavo aniversario. No sé cuánto tiempo le quedará a blogger de vida, y si sobrevivirá al imperio de la tableta y sus secuaces, pero en fin, alegrémonos mientras podamos.
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