Mi nueva vida académica me tiene un tanto atareado últimamente, así que no me queda tiempo para practicar mi afición favorita: el safari. Esta vez, de paseo por el suroeste peninsular, me acerco a pata hacia la costa y voy encontrado simpáticos animales de esos que no se ven en Mad y alrededores.
El primer bicho que me encuentro es este bubulcus ibis que al principio está tan tranquilo en un prado hasta que viene el gilipollas de la camarita a turbar su paz. A su favor, puede salir volando cuando quiere y así permitir que el susodicho gilipollas ponga a prueba su pericia, su pulso y el autofoco de su cámara.
Al día siguiente, de paseo por las marismas del rio Piedras, veo aproximarse a baja altura este ave. Como resulta mucho más agradecido intentar sacar bichos grandes en vuelo que aviones o vencejos, le tiro la foto. Al principio, pienso que es otro bubulcus pero luego me doy cuenta de que le faltan las plumas anaranjadas y de que tiene el pico más negro que el carbón, así que concluyo que se trata de una egretta garzetta y me quedo tan ancho.
25 de mayo de 2014
18 de abril de 2014
Madeira
Tras un par de años sin visitar las islas de la Macaronesia, nos liamos la manta a la cabeza y nos vamos a Madeira. A pesar del choque cultural con el idioma y costumbres portuguesas, ese país raro en el que se habla una especie de gallego con acento ruso, sobrevivimos a siete días de estancia en el que nos paseamos por estrechos caminos al borde del mar o al borde del precipicio mientras sometemos a los frenos de nuestro carro de alquiler al tormento de las horribles cuestas madeirenses. En fin, la isla es muy bonita, los desniveles, impresionantes; el tiempo, variable; y aprovechamos para dar vueltas de un lado al otro de la isla sin dejar de sorprendernos nunca de las vistas que aparecen por todos lados. Y sí, en Madeira también hay pájaros. Muchos de ellos son subespecies locales como el fringilla coelebs madeirensis ( que vive sobre todo del pan que le tiran los excursionistas ) y otros son más tímidos pero también se dejan ver entre las ramas de los árboles ( regulus madeirensis ). Aparte, vemos una especie de pato desconocida para mí y que tras sesudas investigaciones podrían ser unos cairina moschata asilvestrados.
El tiempo nos limita un poco a la hora de hacer excursiones así que tenemos unas cuantas pendientes y una excusa perfecta para volver a visitar la isla. Volveremos.
El tiempo nos limita un poco a la hora de hacer excursiones así que tenemos unas cuantas pendientes y una excusa perfecta para volver a visitar la isla. Volveremos.
Bambinos en Cancho Gordo
El
Cancho Gordo es tan bonito que puede uno subir dos veces en menos de un mes y quedarse tan ancho. En esta ocasión, la excusa es que mi sobrino segundo suba con sus amigos y su primo del alma para celebrar su octavo cumpleaños. Mientras tanto, su padre sube con un mochilón de doscientos kilos y el resto de adultos nos hacemos los suecos. En fin, la jornada transcurre entre nubes y claros y dejamos a los niños sanos y salvo de vuelta en sus hogares convertidos en mejores personas gracias a la práctica de tan sana afición.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)