Aunque este relato parezca después del anterior, cronológicamente éste viene antes. Y esto es así porque el jueves pasado llegué a Madrid después de un vuelo revuelto y agitado. Llegué a casa y comprobé que el aire acondicionado que habían instalado en el salón funcionaba y bajaba la temperatura ambiente varios grados. El viernes vi a mi hermano y a mi sobrino mayor un rato y después quedé con Farruquito de la Conce, el Castor y el Pelucas. El Pelucas apareció más tarde con su novia V, la de la rima consonante, y sus compañeras de casa P y Sifón, una china que viene de un pueblo de un millón de habitantes. El hecho de tener público, y encima femenino, sacó lo mejor de nosotros mismos y el público femenino salió encantado de nuestra representación, aunque Sifón se descojonaba porque los hombres españoles nos tocamos mucho y en zonas donde los hombres chinos no se tocarían jamás. Aunque también es cierto que si juntas a F de la C y al P en el mismo barrio, el amor está en el aire y de ahí al tocamiento hay sólo un paso.
El sábado fui a ver a H, a casa de G y A, la última incorporación de la familia. Parece un muchacho tranquilo, aunque según sus padres estuvo dando la brasa toda la noche.Luego fuimos a S del R, viendo a la familia y a otros animales. A se ha hecho una piscina que se agradece mucho en plena canícula. Por la noche se me ocurrió invitar a F, mi primo, a venirse a casa a dormir para ir al rastro el domingo por la mañana. El muchacho se compró una camiseta de un grupo jevilón y un zippoide sin gasolina. De todas formas, en estos tiempos de consumismo desaforado ya no es lo mismo ir al rastro que cuando éramos jóvenes y teníamos menos poder adquisitivo. Por la tarde llevé a F a su casa y allí me quedé hasta las tantas viendo un (bodrio) filme en el que Al Pacino montaba su numerito particular y el Matthew McConeji lucía abdominales. Aproveché para que A me grabara unos cuantos episodios de los Soprano. Así los podré ver en mis ratos de ocio en Gva que serán numerosos los próximos meses.
El lunes volví a quedar con el P y V, en el pintoresco barrio de Lavapiés. Las terrazas de Argumosa estaban de bote en bote. Agradezco a mis queridos apigos el apoyo moral y psicológico de estos últimos días. Lo malo de esto es que luego me dará el bajón cuando llegue a Gva y me encuentre con el F de A todos los días y su bovinismo, en fin, a cosas peores he sobrevivido ¿o no?
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