El domingo pasado fui con mi hermano G a ver el partido España-Argentina de baloncesto.
El partido estuvo entretenido a pesar de que en el tercer cuarto España iba ganando de 20 y de que Ginobili estuvo flojo y Gasol casi no jugó por una lesión de espalda. Los jugadores no se veían muy grandes desde las gradas, y eso que estábamos a unas pocas filas de la cancha. Se acabó el partido y nos tragamos un atasquito en las procelosas obras de la M30 mientras volvíamos a casa.
El jueves, ya en Gva, quedé con el JO para una pachanga de baloncesto. Yo estaba algo crecido porque el día anterior había ganado en un uno contra uno a un niño de 13 años pero bajito. Después de ganarle un par de partidas al J, apareció un muchacho de color al que enseguida propusimos jugar más unos contra unos. Nosotros normalmente nos defendemos tranquilamente, no vamos persiguiendo al rival por toda la cancha. El muchacho, que tendría unos 18 años, nos perseguía. Primero se folló al J y después fue mi turno. El tipo no me dejaba ni a sol ni sombra, no me podía ir de él. Así que tuve que luchar cada centimetro de terreno y tirarme unas cuantas manoletinas que, para sorpresa del público asistente, entraron todas. 5-1 p'al nene y nuevo turno del J, al que tras una lenta agonía se vuelven a follar. Yo estaba aún recuperándome del esfuerzo brutal del primer partido. En la primera jugada, el muchacho se sitúa en el poste bajo del lado izquierdo de cara al aro. Me hace una demostración de bote y cuando me tiene hipnotizado, arranca por mi izquierda y no puedo seguirle. En la siguiente posesión, falla un tiro de media distancia, cojo el rebote e intento hacer algo. Físicamente no doy más de mí y acabo perdiendo 5-0. En ese momento aparecen otro par de muchachos de color y acabamos echando un dos pa dos, muchachos de color contra treintaycuatroañeros de Madrid. Los muchachos de color se mueven a gran velocidad y se oye como se rompen las cinturas de los 34añeros. Nuestra inteligencia táctica y nuestra mayor experiencia consiguen maquillar el resultado y acabamos perdiendo 10 a 8. Al acabar de jugar estamos rotos, destrozados y conscientes de que nuestros mejores años baloncestísticos quedan (bastante) detrás nuestro. Aunque no todo tiene que ser competir y competir. Uno siempre puede jugar para divertirse, mecagüenlaputa.
1 comentario:
Por cierto, yo ese día estaba sentado al lado del sujeto que escribe este blog y cada vez que yo animaba a nuestra brava selección o insultaba a los arbitros, que por cierto, eran una puta mierda, el tal Edunardome miraba con cara de perdonavidas, ¿que pasa?, ¿iba con Argentina o peor...es arbitro?.
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