Эпиcoдиo V
Habíamos visto en la Lonely Planet que un tal Петер organizaba paseos por Санкт-Петербyрг que tenían bastante éxito de público y crítica. Hacía falta estar en otro hostal de la ciudad a las diez y media y emprendimos de nuevo un paseo sprint hasta el susodicho hostal donde llegamos un poco más tarde. Dentro había un par de americanas, tres ingleses, una australiana, dos alemanes y dos portugueses más el guía,Петер. El muchacho, además de parecerse a Pepe Viyuela, hablaba inglés con un acento británico impecable. Pagamos y salimos a Nievski a coger un autobús que nos llevó hasta Vasilievski, donde ya habíamos estado paseando el día anterior, aunque esta vez entramos en calles y edificios por los que no habíamos pasado y por los que no creo yo que hubiéramos pasado nunca. Hay otro Санкт-Петербyрг fuera de los circuitos turísticos , con las calles algo menos cuidadas, las casas más destartaladas y ancianas venerables limpiando las calles agachadas con una especie de cepillo sin mango. Luego está el río, en cuyo puerto comercial hay barcos de casi toda la ex-CPPP, ya que puedes empezar a navegar en el báltico y llegar hasta el mar negro a través de ríos y lagos. Están los mercadillos locales, dónde los vendedores y parte de los clientes también vienen de todas las antiguas repúblicas soviéticas. Estuvimos de paseo hasta un poco después de las cuatro y estuvo bien porque nos salimos de lo típico y porque el Peter es un buen conversador y contador de historias San Peterburguesas. Después de hacer una foto de grupo cerca del metro, nos fuimos a comer y luego a ver lo que nos faltaba de la ciudad, para aprovechar el último día. Llegamos un poco tarde a la catedral de San Isaac y ya estaba cerrada. Pero se podía subir hasta la cúpula. Fue otro momento inolvidable de la visita, la vista de la ciudad desde lo alto con el sol poniéndose al oeste, y reconociendo desde allí los sitios por los que habíamos pasado. Volvimos paseando al lado del río, hasta volver a la plaza del Hermitage y desde allí seguimos hasta el hostal por las calles y canales de la ciudad. Seguía siendo de noche cuando me desperté para ir hasta el aeropuerto. El viaje fue mejor esta vez, en Moscú encontré el autobús que iba de una terminal a la otra, a pesar de lo cual acabé llegando a la puerta de embarque justo a la hora. A las doce estaba en Gva. Hice una aparición testimonial por el curro y me volví a casa con Санкт-Петербyрг todavía en la cabeza.
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