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25 de agosto de 2009

Mamá, cómprame unas botas

Me compré las Bestard de abajo en los primeros 90, con el dinero que saqué dándole clases particulares a una niña de octavo de EGB a la que no le gustaban las matemáticas, a pesar de que su madre era profesora de esa misma asignatura. Recuerdo que utilicé el famoso método de cobrar poco en fijo pero con un bonus si la niña aprobaba. La niña, A creo que se llamaba, aprobó. Y con el bonus me compré una mochila y las botas, que deben estar a estas alturas criando malvas en algún vertedero francés.

La mudanza, que desencadenó mi conversión al anti-trastismo, me forzó a dejar mis viejas y machacadas botas encima del cubo de la basura de Villa Monyer justo antes de cerrar la puerta del maletero del coche y salir a buscar a P para emprender nuestro emocionante viaje a Mad.Mi brother ha decidido sacarme a paseo por los Picos de Europa este fin de semana. Los Picos de Europa no son montes a tratar a la ligera, así que tras probarme un par de modelos, las ganadoras son las botas de arriba. No sé yo si me durarán quince años como las otras, pero hecho está y a lo hecho, pechos.

3 comentarios:

Anónimo dijo...

¿qué fue de las malva botas con suela vibram que me compré para subir al M? Te recuerdo que esas botas acaban de cumplir la mayoría de edad y me obligaste a vendértelas bajo un supuesto efecto de culpabilidad, basado en la acertada creencia de que yo jamas me dedicaría al montañismo.
Aun conservo las polainas... te las dejo a buen precio.

La terapia dijo...

Edu... Esto sí que me ha parecido muy fuerte...¡Tus metabotas jubiladas!¡Diosssssssssss!

alerta-ovni dijo...

Menos mal que Jero también está a punto de jubilar las suyas, si no, te habría tachado de la lista de verdaderos antitrastos power. Pues ya le dirás si te han salido buenas...