Dentro de mi campaña de guerra al objeto, regalo a mis sobrinos un día en el parque de atracciones conocido como la Güarne. Dicho parque se encuentra sobre unas colinas que dominan el valle del Jarama y parece ser que no ha sido el bombaso económico que esperaban sus promotores y el gobierno regional. ¿Por qué? Pues porque es caro de cojones, las colas para entrar a las atracciones pueden ser terroríficas y la duración de las mismas es bastante breve. Vertiginosas, cierto, pero breves.
Al final mis sobrinos medianos donde más se divierten es tirándose al montón de paja seca que hay en medio del pueblo del oeste. Así que esto da una vuelta de tuerca más a mi futura política de regalos: sin objetos y sin consumo de servicios absurdos. Voy a comprar una bala de paja para ponerla en mi terraza. Cómo se van a divertir mis sobrinos.
1 comentario:
Mis padres siempre explican el día en que cumplí tres años, y después de grandes esfuerzos económicos y personales, me regalaron no sé qué megajuguete porque, para su triste sorpresa, lo que más me gustó fue la enorme caja que hacía de continente del mismo y me pasé todo el día metida en ella...
Vamos, que me parece muy buena idea lo de la bala en tu terraza.
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