20 de enero de 2012
400
Quién me iba a decir a mí hace casi siete años que acabaría escribiendo cuatrocientas entradas en este simpático blog. Cuatrocientas entradas que se escriben casi sin pensar en lo que se escribe ni en cómo se escribe e intentando que el lado oscuro no salga a la luz, ya que uno no deja de ser exhibicionista y pudoroso a la vez y pretende que se sepa, pero que no se sepa todo. En fin, podríamos dejarlo aquí, pero ya que hemos llegado al 400, después de pasar por el 300, el 200 y el 100, por qué no llegar al 500. Si tuviera la facilidad de escritura de los redactores de las cubiertas de los libros, autodefiniría mi obra como un fresco espontáneo de la sociedad de nuestro tiempo, pero como me da vergüenza, no diré nada. Continuemos.
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