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4 de mayo de 2013

Lerma

Dos años después de la traumática experiencia burgalesa, C y yo volvemos a esta provincia, cuna de Castilla y, por ende, de la gran nación española de la pradera; a acompañar un par de días a mis progenitores y a mis ex-vecinos. Para que no nos falte de ná, nos alojamos en un torreón del antiguo palacio ducal y nos entregamos al boato y al derroche entre visita y visita a los pueblos de la zona, todo esto aderezado con avistamientos variados y el descubrimiento de una nueva especie: el phoenicurus ochruros.


El primer día vamos hasta Silos a reunirnos con el resto de la expedición. Comemos y hacemos tiempo por el pueblo hasta que llega el momento de visitar el monasterio. A los aficionados a Saber y Ganar y a los que se acuerden de algo de lengua y literatura de sus años mozos, les dirá algo lo de las glosas silenses. En mi busqueda de documentación, encuentro que las glosas en cuestión se encuentran ahora en la biblioteca británica. En fin. El claustro es una joya del románico y en el patio se encuentra el famoso ciprés que, de momento, no será transplantado al jardín botánico de ninguna capital extranjera. 

A poca distancia de Silos está el desfiladero de la Yecla. Una pasarela discurre entre las paredes de un cañón que a veces no tiene sitio más que para la pasarela en cuestión. Si esto estuviera en Francia, te cobrarían cinco euros por la entrada. En Burgos es gratis, de momento. A la entrada del cañón, se pueden admirar las evoluciones de los gyps fulvus entrando y saliendo de sus nidos en las paredes del desfiladero. El recorrido por la pasarela se hace en poco tiempo, así que volvemos a Lerma, cenamos y nos subimos los cinco pisos hasta el torreón a pata. Al borde del infarto, nos vamos a dormir.

 Después del homenaje en forma de desayuno, nos damos una vuelta por Lerma. El primer duque del mismo nombre, valido del rey Felipe III, se dedicó a llenarse los bolsillos aprovechándose del puesto y a construir palacios, iglesias y conventos en dicha ciudad. Cuando se le quitaron de en medio tras casi veinte años de ejercicio del poder, se hizo cardenal para disimular. Es decir, que no se ha inventado nada recientemente. Tras el paseo lermense, nos vamos a Covarrubias, simpática localidad a orillas del Arlanza donde se produce el avistamiento del phoenicurus ochruros. También se ven gyps fulvus sobrevolando el pueblo y también pasa un milvus migrans o milvus, inconfundible con su cola ahorquillada e indiscernible por el resto. Las hirundo rustica patrullan las calles del pueblo en vuelo rasante y a orillas del Arlanza veo un fringilla coelebs aunque al principio me despista porque no sabía yo que tenían el obispillo tan amarillo. 

 Desde Covarrubias nos vamos a San Pedro de Arlanza, antiguo monasterio hoy en ruinas gracias a la desamortización de Mendizábal primero y al fuego más tarde. Seguro que al tal Mendizábal no le dejaban desamortizar nada hoy en día. En las ruinas volvemos a ver ejemplares del susodicho phoenicurus. De San Pedro vamos a Quintanilla de las Viñas, donde están los restos de una iglesia visigótica. Después del periplo turístico, C y yo nos volvemos a Mad, sin haber pasado calor esta vez y sin haber comido cordero.


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